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Capítulo 4 – KX – El Gran Maestro

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Kei y Mokuro se sientan en el suelo alrededor de una mesa pequeña. La mujer se fue en busca de un par de bebidas para ellos.

—Así que este es el lugar—dice Kei.

—Que aburrido, no hay un televisor—contesta Mokuro.

La mujer desliza la puerta corrediza hacia un lado, y entra a la sala donde se encuentran.

—Aquí tienen las bebidas, por favor siéntanse cómodos que Yamato llegará dentro de poco, Gracias—dice la mujer mientras deja una bandeja con dos vasos con jugo de naranja.

—Eh, señorita, ¿necesita ayuda? yo me ofrezco— expone Mokuro.

—Hago este trabajo todos los días, no se preocupe y disfrute de su bebida por favor— responde la mujer inclinándose con respeto a ellos.

“¡Que preciosura!”, piensa Mokuro.

—Señorita ¿podría tomar un baño?—pregunta Kei.

—Sí, el baño se encuentra al fondo a la derecha—dice la mujer señalando.

—Muchas gracias—agradece Kei.

— ¿Podría saber su nombre?—dice Mokuro mientras con una mano acomoda su flequillo para atrás con su mano derecha.

—Me llamo Tomoyo Sakura, un gusto en conocerlos—contesta la mujer volviéndose a inclinarse.

“Su nombre también es perfecto” piensa Mokuro.

Kei camina por el pasillo yendo al baño donde le indico Tomoyo. El piso de madera hace ruido en cada paso que da el chico. Encuentra la puerta y la lleva a un lado para entrar al baño. Hay un inodoro, un lavamanos y una tina con una ducha; perfecto para poder bañarse. Vapor por todo el baño. Alguien esta acostado en la tina repleta de agua, quien en ese momento, le dirige la mirada a Kei que no sabe que está ocupado.

— ¿Akina?— dice Kei confundido.

— ¡HAh!–grita Akina mientras se sonroja completamente.

Kei se tapa la cara con su mano izquierda, pero su impulso le gana y abre un poco los dedos para poder observar. Al hacerlo Akina ya yace frente de él… puede verle la cara por un segundo a la muchacha, pero de un momento a otro avizora la planta del pie que se acerca a su cara.

Una patada lateral directa a la cara de Kei lo hace volar contra la pared.

—¡Ow, Ow!— expresa Kei con dolor.

— ¡Maldito pervertido! ¿Qué te crees? Mereces morir en este instante—dice Akina regañándolo mientras le da pisotones con su pie a Kei que está en el suelo.

— ¡Perdón, no sabía que estaba ocupado!—dice Kei intentando salvarse.

— ¡No me vengas con falsas escusas! No te salvaras de ésta y por la del colegio— dice Akina mientras se le sienta encima para seguir golpeándolo.

Hay algo que no se dio cuenta la muchachita, algo que le daría un recuerdo marcado de aquí en más, se da cuenta que sigue desnuda.

— ¡Hah!–expresa Akina mientras se cubre con sus manos—¿Qué cosas intentas conmigo?—

—¡Pero tú fuiste la que se sentó sobre mí!—contesta Kei en voz alta.

—¡No me mires!– grita Akina golpeándolo con una patada en la cara nuevamente.

Kei parece quedar inconsciente. Pasan treinta minutos.

—¿Q-Que me pasó…?—se pregunta Kei mientras abre los ojos acostado sobre una manta en el suelo.

—Ooooy, ooooy—susurra Tomoyo mientras él abre los ojos.

—¿Estás bien, compañero? ¿Qué te ha sucedido?—pregunta Mokuro.

—¿Qué?—se sienta Kei rápidamente.

—¿Se encuentra bien? Perdón, me olvidé que estaba Akina en el baño—dice Tomoyo disculpándose mientras se inclina.

—Sí, no hay problema—contesta Kei.

Akina está parada apoyada contra la pared, mirándolos a los dos que se ubican a lado de Kei.

Kei mira a Akina, sin entender porque se encuentra en el templo.

—¡¿Qué haces tú aquí?!—pregunta Kei.

—¿La conoces?—pregunta Mokuro

—Es compañera de clases—contesta Kei.

—¡Maldito! Tú y tu maldita suerte— dice Mokuro masoquistamente.

—Yo entreno hace meses antes de que tu llegaras a este lugar—contesta Akina a la pregunta de Kei.—Qué va, comencé a vivir aquí hace meses—

—¿Qué?—expresa Kei, sorprendido.

Esto aclara más las cosas para Kurosawa, el por qué aquella vez ella pudo utilizar energía a su voluntad, está entrenada.

—¿Me estás diciendo que eres alumna de Seiryu?—pregunta Kei.

—Si ¿Qué drama hay?—responde Akina preguntando.

—Ninguna, s-solo que no puedo creerlo, una chica que le gusta las peleas no es de verse todos los días—comenta el chico.

—Acá tienes una—contesta Akina mientras se va a su cuarto.

Akina entrena y vive en el templo junto con Tomoyo, Yamato y el maestro Seiryu. Los días de clase, se levanta temprano y baja las escaleras del monte trotando para ir al colegio.

—Que enojona es…—dice Kei

—Eso es una señal, Kei— dice Mokuro.

—¿Qué?—responde Kei.

—Nada, nada, tú solo sigue así—dice Mokuro con una sonrisa en su rostro.

—Ella fue recibida por el maestra hace seis meses. La encontró en el jardín de un orfanato practicando movimientos de artes marciales y el resto es historia que sabe el maestro—comenta Tomoyo.

—Encima huérfana como tú, Kei—dice Mokuro.

—Nadie pidió tu comentario, Moko—le responde Kei.

Se oye que una de las puertas se abre, parece ser la de la entrada principal.

—¡Señor Yamato!—dice Tomoyo, levantándose rápidamente y yendo a recibirlo

—Hola— saluda el hombre.

—Señor Yamato, perdón por tardarme en atenderlo—

—No te preocupes, Tomoyo ¿Quiénes son esos chicos?—pregunta

—Quieren convertirse en estudiantes del maestro Seiryu—contesta Tomoyo.

—Así que quieren entrenar con Seiryu, pues primero deberá aceptarlos—dice Yamato.

Yamato, es el alumno más avanzado de Seiryu, actualmente, tiene un título de Guardián y se encuentra entre los guardianes más importantes y fuertes. Su atuendo es parecido a una bata blanca con mangas largas, aunque su pantalón es de artes marciales, dándose un parentesco con la vestimenta de discípulos de karate. En sus pies lleva puesto unos getas (sandalias que en vez de que apoyen la base plana contra el piso, apoyan dos dientes que soportan todo el peso y están hechas de madera). Es un adulto de mirada mesurada e imperturbable, su pelo es de color negro, sus ojos verdes y tiene un poco de barba en el mentón.

Es un adulto de mirada  mesurada e imperturbable, su pelo es de color negro, sus ojos verdes y tiene un poco de barba en el mentón

—Vera que seremos aceptados y nos convertiremos en Guardianes lo más pronto posible—dice Kei emocionado.

— ¿Guardián? El último examen es en dos meses. Luego tendrás que esperar cincuenta años—le dice el hombre.

—¡¿Qué?!—dice Mokuro en voz alta impactado.

—¿C–cincuenta años?—pregunta Kei.

—Sí, exactamente— responde Yamato.

—¡No me dijiste eso, Kei!—dice Mokuro.

—¿Y Yo que sabía?— contesta su amigo.—Señor Yamato, ¿porque es que hay que esperar tanto tiempo?—

—El examen es realizado cada cierta cantidad de tiempo, y eso lo decide el comandante supremo—

—¿Comandante supremo?—duda Kei.

—Es el jefe de los guardianes, él y los administradores de la sociedad deciden cada cuanto tiempo se realiza un examen y al llegar ese tiempo, durante 5 años se lo repite en el mes de diciembre.

—¿Tanto tiempo?— se pregunta Kei mientras se deprime.

—Tenemos que renunciar, Kei, es demasiado tiempo— dice Mokuro.

—Si entrenan fuertemente estos dos meses tal vez pueden ir a rendir el examen—

—¿Enserio?– contesta Kei mientras su cara se llena de felicidad—

—Claro, no se preocupen. El maestro Seiryu puede hacer eso, pero su rango de Guardián dudo que supere la C—

—¡No importa!¡Nosotros podemos!—dice Mokuro entusiasmado.

—¡Claro que sí! Nuestro objetivo ahora es convertirnos en guardianes— contesta Kei mientras chocan palmas.

—No es bueno tener un título que no represente lo que eres, pero el maestro puede hacerlo posible, no se preocupen, solo tienen que tener una voluntad muy fuerte—informa y aconseja Yamato mientras sonríe.

—¿Cuándo llega el maestro Seiryu?—pregunta Tomoyo.

—Mañana en la tarde estará llegando así que si pueden esperar—

—No se preocupe, no tengo ningún problema—contesta Kei.

—Siempre que no me meta en problemas no tengo de que preocuparme—dice Mokuro.

—Tengo que terminar de arreglar el templo para mañana—dice Tomoyo alterada.

“‘¡Hermosa!” piensa Mokuro muy sonriente.

Tomoyo toma un tacho, un trapo y una escoba para comenzar a limpiar.

—Tranquila Tomoyo, al maestro no le interesa mucho la limpieza del templo–dice Yamato.

Comienzan a reírse, porque Tomoyo, aun así, continúa limpiando muy apresurada como si fuera que está huyendo de algo, en vez de limpiar.

—Mañana si quieren los pondré a prueba yo mismo, se levantan a las seis de la mañana y vienen conmigo al frente del templo, tengo que continuar con el entrenamiento de Akina—dice Yamato.

—¡No me dejaré superar por una mujer!—exclama Mokuro.

—Quiero verte pelear, Mokuro—dice Kei.

—Veras mis mejores técnicas—dice Mokuro.

Al terminar de conversar, todos fueron a dormir, Tomoyo les mostró a los dos donde podían dormir y se pusieron a descansar.

#

Son las 6:30 de la mañana. Mokuro y Kei siguen durmiendo. Kei abre los ojos y bosteza.

—Buen día… ¡¡El entrenamiento!!–se exalta Kei parándose de su cama rápido.

—¿Que pasa, Kei…?—pregunta despertándose, Mokuro.

—¡Mokuro arriba, tenemos que entrenar!—le recuerda, Kei.

—¡Cierto!—Mokuro también se para y se pone sus calzados, corren los dos al frente del templo.

Caminan apresurados, abren la puerta. En el patio delantero, observan a Akina haciendo flexiones de brazo.

—101, 102, 103…—cuenta Yamato.— Oh, se levantaron dormilones, esperen a que llegue a ciento veinte y comenzaremos con lo de ustedes—

—eh… si—dice Kei.

—Esa chica nos está dejando atrás…—dice Mokuro.

—¡120!—exclama Akina y cae cansada.

—Akina, tienes que dejar las compras y las distracciones y comenzar a entrenar más, estas muy poco resistente para tu tiempo. Prométeme que de ahora en más te esforzaras—dice Yamato.

—S–Sí, superior Yamato…—responde Akina.

—Siéntate y descansa—

Akina apoya sus glúteos en la escalera de la edificación. Tomoyo le trae un poco de agua para que pueda refrescarse mientras curiosea sus nuevos posibles compañeros.

—¿Ambos pueden ver el reiki?—pregunta Yamato.

—¿El reiki?—preguntan Mokuro y Kei al mismo tiempo.

—Es el aura, la energía interna—contesta Yamato.

—Ah, comprendo, entonces ese es el nombre. Yo sí puedo—dice Kei.

—Yo no… perdón—dice Mokuro.

—Si Kei, ese es el nombre. Bueno, no te sientas mal Mokuro, es fácil llegar a ver el reiki.

Para ser aceptados por Seiryu por lo menos tienen que poder verlo—informa Yamato.

Yamato le pide a ambos que se sienten en el piso. Así como Yanin a Kei, Yamato le pide a Mokuro que siga los mismos pasos.

—Cree en que lo vas a ver, confía en ti, concéntrate— dice Yamato.

Mokuro respira profundamente intentando relajarse lo más que puede. Le pone la mano sobre la cabeza y deja que corra el tiempo.

—Abre los ojos y dime si ves algo alrededor de mi cuerpo— solicita Yamato.

Como aquella vez. Mokuro abre los ojos y su expresión cambia a una de fantasía, de impresión. Ve el aura alrededor de todo el cuerpo de Yamato.

—Si lo veo, es… genial—comenta Mokuro impactado.

—¿Ves Mokuro? Es fantástico—dice Kei.

—Muy bien Mokuro, ahora los pondré a prueba. Ambos debe pelear contra Akina, solo tienen que darle un golpe.

—No puedo pegarle a una dama—dice Mokuro.

—Es hora de la venganza—dice Kei cerrando las manos.

—Mokuro, ella será tu compañera, debes verla como tal y no por su lado femenino, si no, no te aceptaremos—advierte Yamato.

—Sí señor, es que me enseñaron que nunca debo golpear a una mujer…—dice Mokuro.

—Bueno, piensa que nunca te enseñaron eso. Muy bien, será dos contra uno—

—¿Qué? Nosotros dos contra ella, creo que es desventaja—dice Mokuro.

—¿Seguro?— contesta Yamato.

—Mokuro, ella debe ser más fuerte de lo que creemos, no te confíes—dice Kei.

—¡Ja! A ver qué puede hacer—dice Mokuro con una sonrisa de confianza.

Akina se levanta y camina hacia los dos. Ambos parados uno a lado de otro, mientras ella se acerca y se para en frente de ellos como a unos dos metros de distancia.

—Ahora si me aprovechare de ustedes—dice Akina mientras apoya su mano izquierda sobre su puño derecho y hace sonar sus huesos.

—¡Te demostrare de lo que soy capaz!—grita Mokuro mientras corre hacia ella atacándola con su puño derecho.

Akina retrocede evitando su golpe, Mokuro ataca golpeando con ambas manos, una después de otra. Kei observa sin saber qué hacer. Mokuro golpea a Akina con un directo, diestro, Akina se inclina hacia su izquierda esquivando el arremetido, avanza con su pierna derecha y al apoyarla en el suelo, gira sobre su propio eje, levantando su pierna izquierda. Una patada impacta contra el abdomen de Mokuro y lo hace volar un metro, desplomándose contra el suelo.

—¡Ah!—grita Mokuro mientras escupe su saliva.

—¡¡Mokuro!!—grita Kei mientras corre a salvar a su compañero—¡Ahh!–vocifera mientras avanza.

Kei ataca con un golpe boleado con su derecha, Akina, apoya su pierna izquierda después de la patada contra Mokuro y la flexiona completamente, gira sobre la misma 360 grados. Con su derecha barre las dos piernas de Kei, y el cae contra el suelo. Se sube arriba de Kei y lo comienza a golpear con sus puños en la cara. Kei se defiende. Mokuro llega corriendo.

—¡Te distrajiste!—

La golpea con su puño izquierdo en la cara. Akina se desploma contra el suelo y Mokuro lo ayuda a Kei a levantarse. Akina se para furiosa.

—Espera Akina—dice Yamato.—Mokuro está aprobado, le toca a Kei—

—Pero…—intenta hablar Akina.

—Nada, fue tu error, ahora continua—dice Yamato.

Kei y Akina se observan frente a frente, él tiene la desventaja, siempre peleo con armas.

Akina avanza y lo golpea con un puño derecho, Kei cae al suelo.

—Arriba, maldito pervertido—dice Akina.

Kei está mareado, el golpe lo abatió.

—Alto, ya es suficiente, no importa—dice Yamato mientras detiene la pelea.–Kei, ¿Estas bien?—

—Si…—dice Kei mientras se comienza a levantar.

—No te preocupes, puedes volverte fuerte si entrenas y te esfuerzas—dice Yamato.

Kei se queda sentado y mira el suelo, comienza a desconfiar de él mismo. “¿Y así pienso alcanzar a mi padre?”. Mokuro se acerca.

—Vamos Kei, no te quedes atrás—dice Mokuro

Kei lo mira y le sonríe.

–No te preocupes, ¡Estoy bien!–dice Kei.

Se acuerda de Yanin. “Te estaré esperando…Kei”, eso le retrae a subir los ánimos.

Akina se acerca a él también y extiende su mano invitándole un vaso de jugo.

—Toma, recupérate e intentémoslo de nuevo—dice Akina sin dirigirle la mirada con un leve sonrojo.

Kei sonríe y suelta una pequeña risa.

—Eres muy bonita cuando te lo propones—dice Kei mientras toma el vaso.

—Solo hago lo que debo, idiota…—contesta Akina sonrojada y con su mirada a otro lado.

—¡Miren eso!—exclama el impresionado Mokuro.

Todos alzan la vista al cielo. Hay una bestia, parecida a los dinosaurios marinos de cuello largo, que está volando a alrededor de unos cincuenta tremendos metros de altura. Agita, lo que serían, sus aletas, que en este caso son sus alas.

—¿Qué es esa cosa?— se pregunta Kei.

—Ya llegó—dice Yamato.

Una persona salta desde la bestia, lo único que se puede identificar es que tiene pelo largo y una túnica negra. La persona baja desde aquella impresionante altura y aterriza en puntas de pie, flexionando sus piernas, sobre el arco Torii de la entrada del templo.

La única emoción que ahora tienen Kei y Mokuro es admiración. Como esa persona, un anciano de pelo largo, con una túnica negra, descalzo, aterrizó desde tal altura en la que cualquier persona se moriría y, además, en tal equilibrio para que lo haga sobra la pequeña base del arco.

Como esa persona, un anciano de pelo largo, con una túnica negra, descalzo, aterrizó desde tal altura en la que cualquier persona se moriría y, además, en tal equilibrio para que lo haga sobra la pequeña base del arco

—¿E–ese es Seiryu?—se pregunta Kei.

—N–No me lo puedo creer—dice Mokuro.—Es Seiryu realmente… el de las fotos de los libros de historia… exactamente igual…—

“Siempre escuché que gente de esta ciudad que sabía que él vive cerca se acerca al templo a pedir consejos”, tiene en mente Mokuro.

—Ya llegó por quien lloraban—dice el anciano sonriendo.

—M-Maestro Seiryu— dice Tomoyo inclinándose con respeto.

Tomoyo entra al templo para buscar los getas de Seiryu. El anciano Seiryu observa a Mokuro y Kei.

—¿Y esos dos?—interroga Seiryu.

—Son chicos nuevos que quieren convertirse en sus alumnos—contesta Yamato.

Tomoyo llega, apoya las getas en el suelo, una a lado de otra. Seiryu baja y cae directamente sobre sus calzados.

—¿Ah sí? ¿Qué tienen a cambio?—pregunta Seiryu

—Dinero—contesta Mokuro.

—Aprobado—dice Seiryu.

—Ehm… solo tengo algo que me dio una persona— responde Kei.

—¿Qué es?—pregunta Seiryu.

—Es el documento de la señorita Guardián llamada Yanin, dijo que si le decía que me enviaba ella me aceptaría—enuncia Kei mientras le entrega el documento.

Seiryu toma la pequeña y rectangular tarjeta forrada con los bordes redondeados, la ojea y mira a Kei.

—¿Eh? Esto es falso. Yanin ya no tiene documento de Guardián porque se lo quitó la Sociedad de los guardianes—

—¡¿Qué?!—contesta Kei confundido.—¿Por qué se lo quitaron?—

—¿Cómo se atreve a engañar a un estudiante de secundaria? Se lo quitaron porque dejó de obedecer las órdenes de la Sociedad y le debe alrededor de un millón de intis al Comandante Supremo y los administradores de los guardianes.

—Oh… no me lo creo—dice Kei.

Mokuro se tapa la boca para no reírse de Kei.

—¿Tienes algo más que ofrecerme?—pregunta Seiryu.

—Ehm… no—responde Kei.

—¿Comida?—pregunta Seiryu.

—No—responde Kei.

—¿Dinero?—pregunta Seiryu.

—No— responde Kei.

—Entonces no—dice Seiryu.—La salida está por ahí— señalándole las escaleras.

Kei comienza a caminar directo a la salida, se siente bastante mal. Mokuro lo observa y va tras él.

—Pues, si Kei no se queda, yo tampoco—dice Mokuro mientras va tras Kei.

—Maestro, los dos tienen un gran espíritu, creo que sería bueno aceptarlos—dice Yamato.

—Tengo hambre, ahora hay cosas más importantes que hacer—dice Seiryu mientras lo mira y sonríe.—Oye Chico—

Kei y Mokuro se detienen y miran al viejo.

—¿Cómo te llamas?—pregunta Seiryu.

—Kurosawa Kei—contesta seriamente.

—Je–je–je, si quieres vuelve mañana, pero trae un poco de comida—dice Seiryu.

Kei se llena de emoción y sonríe demostrando su felicidad. Se inclina mirando hacia abajo:

—¡Si, Maestro!—chita en voz alta.

—Sí, Maestro—dice Mokuro siguiéndole la corriente a Kei.

Ambos bajan las escaleras en camino a sus hogares.

—Jajaja ¿No es increíble Kei? Ya somos alumnos de Seiryu—dice Mokuro expresando felicidad.

—Ahora estoy en camino para alcanzar a mi padre—opina Kei sonriendo.

Charlando, bajan las escaleras. Cerca de la noche, cuando el sol está intermedio y no es ni de día ni de noche, llegan abajo, cruzan el arco y Mokuro llama con su teléfono a su mansión.

#

Ambos caminan a la ciudad, llega la noche y mientras recorren los costados de la ruta, una limusina frena a lado de ellos. La ventanilla baja y un hombre vestido con un traje y anteojos negros les dirige la palabra.

—Amo Mokuro, perdón por la tardanza, suban—dice.

—Llegaron, vamos Kei—invita Mokuro.

Ambos suben y viajan a la ciudad.

—¿Mokuro de que trabajan tus padres?—pregunta Kei.

—Mi padre es empresario multinacional y mi madre es primera ministra del país—

Kei lo observa a Mokuro, ya que lo conoció toda su vida y nunca supo eso de él.

—Y nunca me regalas nada, ¡Eres un maldito!—dice Kei mientras le da coscorrones en la cabeza a Mokuro.

—¡No, para Kei!—exclama Mokuro.

Los siete guardaespaldas y el conductor de Mokuro se comienzan a reír mientras viajan.

#

Llegan al edificio del departamento de Kei. Uno de los guardaespaldas abre la puerta para que baje Kei. Al bajar se da la vuelta y saluda a Mokuro.

—¿Entonces mañana a la noche, de nuevo?—interpela Kei

—Claro, por la tarde vendré a buscarte así que estate preparado y acuérdate de llevar comida para el viejo ese—

—No, iré por mí mismo, no te preocupes Mokuro, espérame en la entrada. Subiremos juntos—

—Está bien como tú digas—contesta Mokuro mientras apoya sus dos manos de tras de su cabeza.

El guardaespaldas cierra la puerta y sube. La limusina se marcha.

—Hola señor, tuve inconvenientes así que llego tarde—dice Kei saludando al vigilante nocturno.

—No te preocupes, pasa—responde el vigilante.

Kei sube las escaleras. Camina por el balcón, cruza por la puerta del departamento de Yui y llega al suyo. Abre y cierra el portón y deja sus zapatillas en la entrada. Camina en medias dirigiéndose cansado a su cuarto.

Abre la puerta de su habitación, y sobre la cama, sentada, está Yui. Con los ojos cerrados, su rostro demuestra enojo, cruzada de piernas y brazos.

—¿A sí que llegaste?—dice Yui.

—Eh…eh… Yui, tuve unos inconvenientes, perdón—dice Kei.

—Sí, entiendo, entiendo–Dice Yui mientras se para y cierra su puño derecho.

—¡No Yui, no!— exclama Kei intentando salvarse.

La noche transcurre para dar paso al domingo y el golpeado Kei se va dormir.

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