Oops! It appears that you have disabled your Javascript. In order for you to see this page as it is meant to appear, we ask that you please re-enable your Javascript!

Capítulo 10 – KX – Examen Guardián (3)

Night mode
Pagina Anterior

En el rio.


*grigrigrigri* los sonidos de la corriente del rio, con agua cristalina

Un pez pequeño choca con una roca y desvía su camino.

—Se pueden ver los peces—dice Kei emocionado.

—Parece que ya conseguimos comida, esto es bueno—dice Mokuro.

—Se los dije…—dice Akina mientras toma agua del rio con sus manos y la bebe.

—Tenemos que devolverle el favor, una chica hizo lo que deberíamos hacer—dice Law.

—También puedes considerarla un hombre, no hay mucha diferencia—contesta Kei.

Akina golpea a Kei en el estómago y él cae al piso.

—Bueno, creo que deberíamos realizar algunas pescas para tener comida y no tener que preocuparnos por eso—dice Mokuro mientras Kei está en el piso sin poder respirar.

—Cierto, además yo puedo guardarlo en mi mundo paralelo para poder conservarlo—comenta Law.

—¿Esa es tu habilidad?—pregunta Akina.

—Sí—responde Law.

Kei se quita su ropa quedando en ropa interior, tiene un bóxer azul, y desenvaina su espada. Su idea está más que clara para que necesite decirlo.

—¡Hora de pescar!—exclama Kei

—¡¿Qué haces, idiota?!—exclama Akina.

—Muy bien dicho Kei, no te olvides de mí—dice Law mientras se saca su ropa también—

—¿Otro más?—se pregunta Akina.

*prag* hace el sobretodo al chocar con el suelo.

Law se quita su remera. En el lado izquierdo de su pecho se puede ver algo llamativo, un tatuaje.

—Oye Law ¿Que es ese tatuaje en tu pecho?—Pregunta Mokuro.

—Heh… ¿Esto? Me lo hice hace tiempo, me gusta cómo queda—responde Law.

—¡Vengan acá malditos peces!—dice Kei mientras intenta pescar clavando con su espada.

—Huh… ¿Realmente piensa lograr algo con eso…?—comenta Akina.

—¡Taran!—tararea Kei mientras aparece con 5 peces incrustados en su espada y otro bastante grande que lo lleva bajo su brazo.

—¡Realmente lo hizo!—exclama Akina impactada.

—¡Eso es trampa Kei, comenzaste sin mí!—dice Law.

—Aun tienes tiempo, hay muchos ahí—contesta Kei.

—Law, será mejor que los guardes, no debemos perder esta pesca—dice Mokuro.

—Luego lo hago, Mokuro…—dice Law.

—Huh… está bien, ve—dice Mokuro.

Law materializa una lanza de pesca.

—Hasta lo que se, un objeto materializado solo puede estar hasta dos minutos sin contactar con su fabricador, luego se disuelve en energía ¿Verdad Akina?—pregunta Mokuro.

—Sí, sino ¿No crees que no habrían personas que hagan dinero con ello?—contesta Akina.

—Y en el sentido de armas, ¿Solo se pueden fabricar armas blancas?—pregunta Mokuro.

—Para poder crear algo debes saber su composición y tener el suficiente contacto con esa cosa para que tu mente sea capaz de ilusionar y creer que la tienes en tu mano—señala Akina.—Las armas blancas debes ser de las cosas más fáciles de armar, como el valde que hice—

—¡Oye ese era mío!—le dice Law a Kei.

—Yo fui quien lo vio primero—dice Kei.

Ambos chocan su frente y se miran con furia.

Akina, se quita sus botas, ingresa al río y se acerca a ellos.

*¡Ta, Ta!* Los golpea en la cabeza, dejándolos fuera de combate y los lleva a la orilla arrastrándolos.

—Basta de juegos—dice Akina mientras los arrastra.

—Que aterrador—dice Kei mareado.

—Tengo miedo—dice Law.

Mokuro dirige la vista hacia el bosque que se está a lado ellos, tiene un mal presentimiento.

—¡Cuidado!—grita Mokuro.

Una flecha, disparada desde los arbustos, llega en dirección hacia él, pero su alta atención lo salvo y con tan solo mover el brazo, llegó a tiempo para desviar la flecha que se dirigía a su cara, dejándole un leve corte. Pero, lamentablemente otro proyectil se clava en el hombro de Law que se encontraba desatento.

—¡Aahhh!—grita Law del dolor.

—¡Law! ¿Estás bien?—exclama Akina.

Un grupo de tres adultos son los que salen de su escondite.

Uno es bastante gordo que tiene un hacha. Otro es flaco y alto, está armado con un arco y flecha. El último posee un cuerpo más común, armado con un cuchillo de combate. Apenas salen Kei les dirige la mirada, tremendamente enfadado.

—¡¿Que quieren de nosotros?!—grita Mokuro preguntando.

—Perdón, jóvenes, pero solo diez pueden pasar este examen—dice el más gordo que luego de decirlo muestra una gran sonrisa escalofriante.

—Primero aplástennos para lograrlo. Además, ¿no tienen en cuenta que algo va mal?—dice Mokuro.

Akina atiende a Law que se encuentra muy dolorido, la flecha entró por lo menos 7 centímetros dentro de él.

—No te preocupes Akina… ve a ayudarlos, yo estaré bien, más si aún tengo un brazo—dice Law.

—Si…—contesta Akina y se para, preparada para el combate.

—¡Ustedes lo pidieron!—dice el más flaco mientras saca una flecha del equipamiento de su espalda, proyecta y dispara. Kei tan solo con un corte diagonal, la parte en dos.

El muchacho sacude la cabeza mientras sus ojos recuperan el brillo después de tornarse oscuros.

—¿Qué? ¿Cómo es que tiene tanta precisión?—se pregunta el flaco.

—Eres un inútil, yo me encargo, ¡Rwaaaaa!—dice el más gordo mientras corre para atacar con su hacha a Mokuro.

—Bien… veamos qué puedo hacer—dice Mokuro.

Al llegar ataca cortando diagonalmente.

Mokuro se mueve a un lado y lo golpea con tres ganchos en el estómago.

—¡Grhua!—expresa el gordo al recibir los golpes de Mokuro, pero contraataca con un corte diagonal.

Mokuro se agacha esquivando el ataque, flexiona completamente una de sus piernas y con la otra barre las dos del gordo que se desploma en el suelo haciendo que se levante el polvo.

—¡¿Eh?!—expresa el arquero sorprendido al ver a Kei demasiado cerca, mientras estaba por disparar su flecha.

Los ojos de Kei se vuelven a tornar oscuros.

Con un corte diagonal descendente, corta el brazo, del enemigo, que sostiene el arco, prosigue girando sobre su eje hacia su propia espalda y con el mismo ataque rebana la cabeza del arquero.

—¡¡¡Satoshi!!!—grita el gordo que está tirado en el piso.

Mokuro lo pisa en la cara al tipo, pero su ataque es detenido ante tan feroz ataque de su compañero. No era necesario tanta crudeza, si se podía solo espantarlos… había que hacerlo.

—¿Qué haces, Kei?—se pregunta Mokuro.

—¡Como te atreves a meterte con mis compañeros!—exclama el último que ataca con su cuchillo a Kei.

Kei se defiende con su espada, contraataca, su rival hace lo mismo, realizando un combate de choque entre espada y cuchillo.

Su rival no puede creer lo que ve, que le esté haciendo frente un simple adolescente. Kei da un corte diagonal a la altura de las caderas de su oponente, éste entrega un intento por defenderse con su arma, pero no es su momento.

—¡Ya basta, Kei!—ruega Akina completamente estupefacta.

Kei le pone la punta de la espada en el cuello del hombre.

—No nos perdonarían la vida—dice Kei mientras le sigue apoyando la punta del arma.—Váyanse—

Mokuro deja al gordo. Él se pone de pie y se va corriendo muy rápido junto a su compañero.

—Me alegro que estemos bien… será mejor que nos vayamos rápido de aquí—dice Akina.

Kei cae de rodillas al piso dejando correr la espada… se mira las manos… al frente está el cuerpo de un desconocido.

“No puede ser…”, piensa Kei.

Akina se abraza ella misma.

—¡Chicos, vámonos de aquí! ¡Rápido!—sugiere Mokuro.

—¡Law!—dice Kei mientras corre hacia él.

Un aura que ninguno de ellos puede ver rodea a cada uno de los integrantes. El aura es absorbida por todos…. Esta energía estará haciendo algo y proviene desde la espada de Kei.

Akina lo sigue al chico y Mokuro también se acerca.

—No se preocupen, no es nada—dice Law.

—Se te puede infectar, no digas eso Law, es peligroso—dice Akina.

—A penas hay vendas aquí dentro—dice Mokuro.

—Parece que no es mi día de suerte, además se me hace imposible quitarla…—dice Law.

—Es lo mejor que no lo hagas, empeorarías la herida. Chicos, llevémoslo a la cueva, tengo una idea—dice Mokuro.

—¡Hi!—contestan ambos.

Law posiciona su brazo no lastimado sobre la espalda de Kei que lo ayuda a caminar hasta la cueva.

Mokuro lee el libro buscando alguna respuesta.

—¿Crees que habrá algo en ese libro?—pregunta Akina.

—Estoy seguro, pero necesito buscar—responde Mokuro.

—No sé por qué se preocupan tanto, si me han pasado cosas peores—dice Law.

—Somos compañeros, no podemos ignorarte si estás herido, por más mínima que sea tu herida…—dice Kei.

—Jajaja realmente me recuerdan a mi equipo…—dice Law.

—¿Tu equipo?—pregunta Akina.

—Sí, mi viejo grupo—responde Law.

—¿Y… qué les pasó?—pregunta Akina.

—Huh… fueron todos asesinados…—contesta Law luego de un suspiro.

—¿Cómo?—pregunta Kei un poco preocupado.

—Un grupo de delincuentes los mataron hace tres años, nos atacaron cuando estábamos desprevenidos—dice Law.

—Qué desgraciados…—Dice Akina.

— Con la sangre de tus compañeros sobre ti, una simple flecha creo que no es suficiente para matarte—dice Mokuro.

—Tú si me entiendes, Mokuro—dice Law

Palabra y palabra, Law disimula muy bien su resistencia, pero la verdad es que su hombro le duele demasiado, lo que más desea en este momento es llegar a la cueva y descansar.

¿Qué habrá sido esa extraña aura? Para saber, ellos relajaron sus mentes luego de recibirla.

#

En la cueva.

Kei ayuda a que Law se recueste sobre la pared de la cueva.

—Hah… al fin llegamos—dice Law.

—Encontré algo muy interesante, aquí dice que existe una miel en esta isla, producida por unas abejas no natas de estas tierras. Pero, esa miel hace que en las heridas se detengan las hemorragias, se impidan infecciones y las eliminan si existe alguna—informa Mokuro.

—¿Puede existir algo como eso?—pregunta Akina.

—Los animales son increíbles—dice Kei.

—Entonces, iremos a recogerla—dice Mokuro.

—¡Hi!—responde Akina y Kei.

—Gracias, no saben cuánto se los agradezco—dice Law.

Kei se agacha y lo mira a Law.

—Law, cuando salgamos de esta isla y después de ir por los Titanes, te prometo que iremos a vengarnos de esos malvados que se metieron con tus compañeros, te doy mi palabra—dice Kei.

—Eso está más que claro—dice Mokuro.

Law sonríe agradecido hacia sus nuevos compañeros.

—No es necesario. No quiero involucrar a gente desconocida en esto—comenta Law.

—Mokuro ¿Qué tan lejos es a donde tenemos que ir?—pregunta Akina.

—Mmm, creo que a la noche estaremos aquí de nuevo…—responde Mokuro—¿Puedes resistir hasta entonces Law?

—Mientras tenga una mano libre, ni las ratas entrarán a esta cueva—responde Law.

—Cuídate, no te muevas de aquí a menos que sea muy necesario—dice Mokuro.

—¡Vuelvan lo antes posible!—exclama Law mientras ve partir a sus compañeros.

—Parece que quedamos solos los tres de nuevo—dice Kei.

—Debemos introducirnos en el bosque, en el centro hay un árbol que es su corazón—dice Mokuro.

—Pero ¿Qué encontraremos ahí?—pregunta Akina.

—Las abejas Kabichui son las productoras de la miel que necesitamos y solo se asientan en el centro de los bosques—responde Mokuro.

—¡Podré comer miel!—dice Kei.

—Kei, solo tendremos una oportunidad para poder sacarle la miel a esas abejas—dice Mokuro.

—Pero ¿Por qué?—pregunta Kei.

—Las abejas cuidan muy bien de su miel, solo podremos sacar lo justo y necesario para Law—contesta Mokuro.

—Pero, yo quiero comer, sino me moriré de hambre—dice Kei.

—No seas tan glotón—dice Akina.

—Yo como lo que quiero—contesta Kei.

—¡Hum!—expresa Akina mirando a un lado.—Ni piensen que me acercaré a esos insectos, ustedes se encargaran del trabajo—

—¡¿Qué?! Oye Akina, se nos hace muy difícil si no estás tú—dice Mokuro.

—Qué No—dice Akina.

—Déjala Mokuro, con nosotros dos es más que suficiente—opina Kei.

Los tres se adentran en lo profundo del bosque, sin tomar en cuenta que peligros se podrían encontrar.

—¡Ahhh!—grita Akina del susto.

—Qué cosa más rara—dice Mokuro al ver a un pato cien pies.

Akina se abalanza sobre Mokuro y prácticamente lo abraza.

—¡Sáquenlo de aquí!—exclama Akina.

*¡Cuack cuack wasa!* expresa el animal mientras se esconde entre los arbustos.

—Ya está, Akina, era un simple animal inofensivo—dice Mokuro.

Akina se da cuenta al instante y se sonroja.

—¡¿Que intentas, abusador?!—dice Akina.

—¡Pero tú fuiste la que se apoyó sobre mí!—le contesta Mokuro.

—Huh… mejor prosigamos—dice Kei mientras Mokuro es devuelta golpeado con una patada de Akina.

#

Centro del bosque

Varios kilómetros después, se presenta el corazón del bosque.

Es un gran descampado, pastizales de un largo no mayor a 20 centímetros, que forma un círculo en el cual justo al centro hay un gran árbol que se lo llama Pya.

—Geniaaaal, es un árbol enorme, muy distinto a los otros—dice Kei.

—De aquí se puede ver el panal, ese es nuestro objetivo—informa Mokuro.

—Ahora menos quiero acercarme a esa cosa, tan solo míralo, es como que si nos acercamos se decide nuestro destino—comenta Akina.

—Haremos un plan, tu Akina, te encargaras de decirnos que no hay ninguna abeja cerca nuestro, tu Kei…—dice Mokuro pero se detiene al ver a Kei correr al panal.

—¿Que intenta?—se pregunta Akina.

—Cuando Kei hace algo sin consultar a los demás nunca es algo bueno—dice Mokuro.

Kei salta y corta un pedazo del panal con su espada.

—Trabajo finalizado—dice Kei.

—¡Maldito idiota!—exclama Akina mientras se exalta.

Las abejas y abejorros salen del panal al verlo a Kei, a quien fijan como objetivo.

*Bdddddddsss* se escucha de los Kabichui por el movimiento de sus alas.

—¡CORRE KEI, como nunca lo haz hecho!—exclama Mokuro.

Kei mira a las abejas que se acercan hacia él y comienza a correr hacia donde esta Akina y Mokuro.

—¡No vengas para acá!—dice Mokuro mientras comienza a correr en dirección opuesta a la de su amigo.

Akina va tras él. Kei sobrepasa a ambos.

—¡Uooooohhh!—expresa Kei mientras corre a todo dar sin importarle nada.

—¡Ngh! ¡No te olvides de mí!—exclama Mokuro.

Posteriormente, las abejas pararon de perseguirlos, después de una hora de huida y regresaron a su panal.

—Ah…ah…huh…—suspiran los cuatro por el cansancio.

—Mis piernas no dan más…—dice Kei.

—Maldito pervertido… si pudiera te golpearía en este mismo momento…ah…—dice Akina muy cansada.

—Bueno por lo menos tenemos la miel…, deja que yo la lleve—dice Mokuro.

Kei se la entrega y Mokuro la guarda en la mochila.

—El sol ya casi está oculto—comenta Akina.

—Eso… no sé cuánto tardaremos en llegar a la cueva… ojala Law se encuentre bien—dice Mokuro.

—No le pasara nada, es el mejor del equipo—contesta Kei.

—Pero aun así fue herido—dice Akina.

—Eh…—expresa Kei.

—Mejor volvamos antes que este demasiado oscuro—aconseja Mokuro.

La luna ilumina el oscuro cielo. Los cuatro se dirigen al cueva, caminando entre el bosque ennegrecido, del cual se escuchan grillos y gruñidos a lo más lejos.

—¡Atentos!—Exclama Mokuro repentinamente en alerta.

—¡Kei!—dice Akina mientras salta sobre él para tirarlo al suelo.

Algo extraño rebana todo lo que encuentra cortando horizontalmente, pero se salvaron al caer al suelo.

El monstruo sale de entre los árboles, un monstruos que es una persona con un casco en la cabeza que le tapa hasta la nariz y dos miembras como patas de insecto con navajas que emergen desde su espalda. La misma bestia que atacó a Kei en el cementerio, un Aria, la gran diferencia es que este es una mujer. Al verlo, Kei se comienza a asustar recordando aquella escena. Esto demuestras una pequeña trauma para Kurosawa.

—Eh…eh… no…—expresa Kei.

—¡Salgan de ahí!—ordena Mokuro.

El Aria da un corte descendente con una de sus patas traseras. Akina vuelve a saltar para salvarlo a Kei que se encuentra estremecido y paralizado.

—¡Por aquí maldito insecto!—exclama Mokuro intentando llamar la atención.

El Aria le dirige la mirada y se apunta hacia él.

—¡Kei, reacciona!—dice Akina.

Pero Kei no responde y mira con escalofríos al enemigo.

—¡Wghraaar!—ruge el Aria atacando a Mokuro con sus garras.

Mokuro lo esquiva y el monstruo incrusta sus garras contra un árbol.

—¡Reacciona!—ordena Akina y luego le pega una cachetada a Kei.

Kei responde y sacude su cabeza.

—¡Rayos! Perdónenme—dice Kei.

—Dile eso a Mokuro—contesta Akina.

Mokuro tropieza, cae en cuatro patas al suelo, dando se cuenta que está en manos del aria.

—¡Ooohhh!—expresa Kei mientras se aparece, con un salto atrás del enemigo.

Kei lanza un corte pero el aria utiliza el filo de una de sus patas traseras para defenderse de su ataque.

—¿Eh?—expresa Kei mientras baja los pies al suelo.

El Aria lanza otra tajada y Kei se defiende con su arma.

—¡Corran, ya los alcanzo!—ordena Kei en el forcejeo.

—Pero…—intenta hablar Akina.

—¡Corre Akina!—vocifera Kei.

“Es muy fuerte… no aguanto más…”, piensa Kei.

Ellos huyen mientras el chico detiene al agresor.

“¿Qué puedo hacer en estos momentos…? Yo solo no puedo detener a esta cosa”,piensa Kei forcejeando.

—¡Rgraarh!—ruge el Aria.

Kei se agacha, pasando por debajo de la pata del enemigo, lanza un corte a las piernas del Aria y este cae de rodillas.

Aprovecha el momento para correr.

—¡Rgraar!—ruge, se yergue y corre tras su presa.

Kei hace lo posible por huir, puede notar que Mokuro y Akina no están a la vista pero tiene la esperanza de encontrarse con ellos. Él sabe que lo viene persiguiendo pero no puede hacer nada ya que no tiene mucha experiencia para pelear contra un monstruo.

“¡¿Cómo rayos hice para derrotar a aquella cosa que me ataco ayer…?! ¡¿Porque ahora no puedo?! Vamos reacciona Kei”, piensa mientras corre.

Corriendo llega a un pequeño descampado donde se aclara la vista por la luz de la presente luna llena. Kei tropieza al llegar y cae al suelo.

—¡Hm!—expresa Kei al caer.

—¡¡Kei!!—vocifera Mokuro a lo lejos mientras se acerca corriendo.

El Aria de un salto aterriza sobre Kei, pero aterriza con sus patas en el suelo, una en cada lado del chico. Kurosawa muy sorprendido intenta tomar su espada, cuando de repente nota algo.

—¡Arrhhh! ¡Braarh!—chilla el Aria que está sufriendo como si se estuviera quemando, mientras regresa paso a paso, de espaldas, a la oscuridad del bosque.

—¿Te encuentras bien?—pregunta Mokuro.

—Yo estoy como nunca, ¿Ustedes?—responde Kei mientras se levanta.

—Akina está escondida entre los pastizales, ven conmigo—dice Mokuro.

Akina sale de los yuyales un poco estremecida.

—¿Ya se fue?—pregunta Akina.

—Sí, no te preocupes Aki, parece que son débiles a la luz—contesta y comenta Kei.

—Puede ser, tal vez sea la razón por la que no nos encontramos con ninguno durante el día—dice Mokuro.

—Que sea así, no quiero ver otra de esas cosas—dice Akina.

—Tendremos que alargar el camino para llegar a la cueva sin meternos en los bosques—dice Mokuro.

Aunque ellos sentían que era media noche, ya eran las dos de la madrugada, caminaban por caminos entre los pastizales.

Mokuro aprovecha la luz de la luna para poder leer su libro para que se puedan guiar hasta su objetivo.

—Muy bien, hasta aquí podemos llegar, tenemos que atravesar este bosque, no existe otra salida si queremos llegar rápido—informa Mokuro.

—¿Qué? Me da mucho miedo ir por ahí—dice Akina.

—Creo que es la mejor opción que podemos tener, Law debe estar cansado de esperarnos—comenta Kei.

—Cierto, debe estar muy preocupado por nosotros a estas alturas. Akina, no tenemos otro camino ¿Lista?—dice Law.

—¡No, no , no quiero!—dice Akina.

—3…—cuenta Mokuro.—Hay veces que es hermoso arriesgarse—dice Kei.

—2…—cuenta Mokuro.

—¡No, no, para!—dice Akina mientras posa con sus manos sobre su pecho.

—¡1!—cuenta Mokuro.

—¡Corran!—exclama Kei.

Ambos comienzan a correr con toda velocidad dejando a su compañera atrás.

—¡No, no me dejen!—dice Akina mientras también corre.

Ya adentro, Mokuro se percata de algo.

—¡¡Tres arias se acercan a las nueve en punto!!—exclama Mokuro.

Akina se asusta al verlos pero eso no la detiene.

—¡¿Que es esa cosa?!—se pregunta Kei al ver una nueva bestia.— ¡Mokuro a tu izquierda, cuidado!—

Una especie de ñandú, con alas de pavo y muchos dientes en su pico, ataca a Mokuro con un picotazo.

—¡Aah!—expresa Mokuro al esquivar a su agresor que cruza de largo.

Kei es el segundo pero con su espada da un corte a las patas de la bestia quien luego cae al suelo, y Akina lo rodea para poder evitarlo y sigue corriendo.

—¡No se detengan por nada!—ordena Mokuro.

—Creo que ni una pared podría detenerme en este momento—contesta Kei.

—¡La salida!—exclama Akina al ver que a lo lejos terminan los árboles.

Los tres salen a la luz de la luna, están en frente del cordón montañoso, por ende solo les falta encontrar la cueva.

Suspiran del cansancio pero no se pueden detener porque su compañero los espera.

#

En la cueva

—¡Law, llegamos!—exclama Mokuro.

—Que oscuro…—dice Kei.

—Puedo ver nubarrones y relámpagos a lo lejos, parece que se acerca una tormenta—dice Akina.

Kei encuentra a Law acostado y durmiendo, aun con la flecha incrustada en su hombro. Mokuro le pisa la cabeza y comienza regañarlo.

—¡Levántate maldito! ¡Cómo puedes estar durmiendo mientras nosotros nos arriesgamos varias veces ahí fuera!—exclama Mokuro mientas le da pisotones en la cara.

—¡Ya estoy despierto! ¡Ya estoy despierto!—contesta Law.

—¡Jajajaja!—se ríe Kei.

Aparece una luz que ilumina la cueva, es Akina que enciende una fogata.

—Lo has hecho muy rápido Akina, con Law demoramos tres horas en encenderla.

—¿Y que esperar? huh… mejor hagamos esto rápido y vamos a dormir…—dice Akina y luego bosteza.

—Muy bien Law, te sacará esta flecha así que será mejor que resistas—dice Mokuro.

—Oh dios… ¿no hay algo para morder y aguantarme el dolor?—sugiere Law.

—¡Yo si tengo!—responde Kei desenvainando su espada y posicionando la hoja frente a su cara—Toma

—¡No voy a morder eso! Aunque sea dame el mango—contesta Law.

—No puedo creer que haya pensado algo así, Kei, eres un idiota—dice Akina.

—¿Eh?—expresa Kei.

Akina posa una sonrisa y Kei flaquea.

—1—2¡3!—Cuenta Mokuro y comienza a estirar la flecha.

Law intenta resistir pero termina liberando la espada.

—¡Aaaahh!—expresa Law del dolor.

—¡Listo!—dice Mokuro mientras saca y arroja la flecha en otro lado.

—Toma—dice Akina mientras le alcanza la miel a Mokuro.

—¿Entiendes de esto Mokuro?—pregunta Kei.

—Sí, mis padres me enseñan medicina y otras actividades vinculadas con emergencia médica desde que era un niño. Mis profesores dijeron que ya podía concurrir a una carrera universitaria a los 12 años pero yo no quise—dice Mokuro.

—¿Tan así?—se pregunta Kei.

—”12 años ¿Qué clase de chico es este?” piensa Akina asombrada.

—NÑee, existen chicos más dotados que yo pero es lo que hay—dice Mokuro mientras aplica la miel de los Kabichui sobre la herida de Law.

—Esa cosa es relajante… pensé que sería como el alcohol…—dice Law.

Finalmente, Law se pudo recuperar de su herida mientras pasaban la noche en la cueva.

De acá en más, los siguientes días se basaron en la exploración de los alrededores que siempre son cercanos a la cueva, una exploración que dio como resultado aumentar los conocimientos de los cuatro aprendices pero aun así, hicieron lo posible por no involucrarse en combates.

Solo hay algo extraño, en ningún momento apareció otro participante.

Pagina Anterior