Capítulo 429 – TBATE – Tiempo

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Desde el Punto de Vista de Sylvie Indrath

 

“¿Kyu…?”

Una sonrisa irónica y temblorosa curvó una comisura de los labios de Arthur. “Bienvenida de nuevo, Sylv.”

Parpadeé de nuevo, y Arthur era un hombre mayor con mechas de gris en su cabello rubio trigo y surcos profundos arrugando su piel. Sin querer, me retiré, presionando mis dedos contra mis labios.

Esta imagen demasiado mayor de mi vínculo me hizo dudar, su mano, que había estado extendiéndose hacia mí, retrocedió un poco, solo una pulgada, sus cejas se arrugaron en un ceño fruncido. Parpadeé y la visión se desvaneció. Arthur, el verdadero Arthur, estaba de pie — no, flotando — frente a mí, su mirada de un dorado líquido como el sol de verano caliente en mi piel.

Su vacilación disminuyó y se inclinó hacia delante, rodeándome con fuertes brazos y presionándome hacia él.

Cerré los ojos y dejé escapar un suspiro tembloroso. El alivio de Arthur me inundó, puro, cálido y ganado con esfuerzo. Tantos momentos donde mi regreso estuvo al alcance de la mano y luego arrebatado por las circunstancias, tanto tiempo y energía concentrados en la piedra que contiene mi esencia. Debajo del alivio, había una pizca de arrepentimiento — leve pero amargo — de que hubiera tomado tanto tiempo o fuera necesario. Y la ansiedad… el miedo, el peso suficiente para aplastar a cualquiera más débil, suficiente para ahogar la vida de cualquier otra persona.

Mi mente todavía se estaba volviendo a unir, y mientras nos abrazábamos, perdí la noción de dónde comenzaba mi vínculo y dónde terminaba. “Papa… realmente eres tú. Tenía miedo de que fueras un sueño.”

El concepto de tiempo estaba casi hecho añicos. Flotando en ese lugar extraño y etéreo, solo nosotros dos, nuestro abrazo pudo haber sido solo un contacto brevísimo o haber durado otra vida. Me aferré desesperadamente a esa conexión, necesitando la presencia de Arthur para anclarme en ese momento en el tiempo y el espacio.

“Así que… hola,” dijo una voz — no la de Arthur — desde el vacío.

Mis ojos se abrieron de golpe y miré con incredulidad a un extraño ser que flotaba junto a Arthur.

Tenía la forma de un lobo, excepto que su pelaje parecía haber crecido de la sombra más pura y un anillo ardiente de llamas etéricas envolvía su cuello. Me estaba examinando con ojos brillantes, que brillaban en la penumbra bajo un par de cuernos rectos de onyx.

Levanté la mano y me froté los cuernos que sobresalían de mi propia cabeza, sintiéndome inexplicablemente nerviosa. Pero no, eso no estaba del todo bien. No estaba nerviosa, estaba confundida. La criatura estaba nerviosa, pero sus emociones se estaban derramando dentro de mí, como las de Arthur. Empujé, pero había un muro entre nuestras mentes.

“Sylvie, hola — ya sabes, en realidad, no estoy muy seguro de cómo llamarte. ¿Somos hermanos? ¿Hermanastros? ¿Eres mi mamá? ¿Mi tía? Ya sabes, Tía Sylvie tiene una especie de…”

“Hola, Regis,” dije con una sonrisa creciente, su nombre apareciendo en la mente de Arthur.

De repente, recuerdos fugaces y pensamientos inconexos saltaban como chispas eléctricas detrás de mis ojos. Era demasiado, y cada destello iba acompañado de un pinchazo de dolor sordo.

Cerrando los ojos, presioné mis dedos en mis sienes. “Arthur — tus pensamientos — no puedo…”

Un trasfondo de alarma corrió por debajo de todas mis otras emociones en conflicto, luego el diluvio cesó. Respiré para tranquilizarme, el alivio se llevó el dolor persistente.

“Sylvie, lo siento, debería haberme dado cuenta,” dijo Arthur, y sentí que retrocedía un poco.

Negué con la cabeza. “No es tu culpa…” Lentamente, mis ojos se abrieron de nuevo. Se encontraron con Regis, que parecía afligido, como si él mismo hubiera hecho algo para dañarme. “Mi mente está… llena de una tormenta furiosa en este momento. Mis propios pensamientos son dispares e inconexos y… es bastante. Pero es un placer conocerte, Regis.”

El lobo dobló las patas delanteras e inclinó la cabeza en una especie de torpe reverencia lupina flotante. No pude evitar reírme al verlo, lo que hizo que Regis también se riera.

“Te ves diferente,” dijo Arthur en el silencio que siguió.

Las palabras me hicieron sentir incómoda, pero me tomó un momento darme cuenta de por qué. Habíamos estado separados durante tanto tiempo, pero para mí, la batalla contra Nico y Cadell en Dicathen fue hace tanto un momento como una vida, y no estaba acostumbrada a que Arthur ocultara sus pensamientos y sentimientos de mí por completo.

Cerrando los ojos, busqué su mente. Sentí la barrera, luego una pregunta. Le di un codazo y cedió, amoldándose a mí. Sin romperme por completo, sino haciéndome sitio. Me vi a mí misma a través de los ojos de Arthur.

Mi cabello rubio se derramó sobre mis hombros. Cuernos negros sobresalían del cabello, apuñalando hacia abajo y afuera. Mis ojos eran de color amarillo brillante, como gemas, colocados en una cara que se había vuelto un poco más afilada, un poco más mayor. Llevaba un vestido negro de escamas finas y brillantes que captaba la luz morada de este reino y la reflejaba, haciendo que pareciera que mi cuerpo se desvanecía en el vacío.

“Me veo mayor,” le dije, abriendo los ojos. “Igual que tú. Pero bueno, he esperado toda una vida para volver/regresar.”

“¿Qué quieres decir?” preguntó Arthur. La preocupación en su rostro también se mezclaba con mis propias emociones, aunque de manera distante. “Sylvie, ¿qué hacías en ese entonces? ¿Dónde has estado?”

“Tiempo,” dije, luego negué con la cabeza, sin saber cuánto de lo que recordaba era realidad. “Ya habrá tiempo de contarte todo lo que sé.” Miré a mi alrededor de nuevo, cada vez más curiosa a medida que la bruma de mi regreso se desvanecía. “¿Dónde estamos?”

“Si tiene un nombre, no lo sé,” dijo Arthur con seriedad. “He estado pensando en esto como el reino de éter. Los djinn construyeron sus Relictombs dentro de este.”

El conocimiento de lo que significaban esos términos se manifestó en los pensamientos de Arthur mientras hablaba, pero eso solo sirvió para confundirme aún más.

“Tú también tienes mucho que decirme, al parecer,” dije con un movimiento de cabeza. Mientras hablaba, me di cuenta de una incomodidad en mis pulmones, como si estuviera respirando debajo de una manta pesada.

“¿Sylv?”

Aquí no hay maná, me di cuenta con una especie de curiosidad distante. Experimenté esta falta de maná como un ardor que crecía lentamente desde mi pecho. No era peligroso — aún no —pero era incómodo y me desorientaba aún más.

“Deberíamos irnos,” dijo Arthur, su preocupación cada vez más aguda. “Este lugar no es seguro para los asuras. Podemos ponernos al día en…”

“No, estoy bien,” le aseguré, centrándome en algo que había saltado a través de la conexión parcialmente protegida entre nuestras mentes. “Hay algo más que quieres aquí, ¿no?”

“Yo…” Arthur se frotó la parte de atrás de su cuello, la vista de lo cual conjuró un cálido resplandor en mi pecho. “No, en verdad, no quiero mantenerte aquí más tiempo del necesario.”

No pude evitar sonreír ante su débil intento de mentir. “Tu barrera mental ha crecido… bribón, Arthur.”

“Échale la culpa,” dijo, disgustado, señalando a Regis.

“Whoa, oye, estoy flotando aquí. ¿Yo qué hice?”

Extendiendo la mano, toqué con las puntas de mis dedos el pecho de Arthur. “Tu núcleo,” dije, juntando zarcillos de pensamientos a medio formar que flotaban a lo largo de nuestra conexión mental. “Realmente has cambiado, ¿no es así?”

Poco a poco, Arthur me abrió sus pensamientos, mostrándome la verdad de lo que le había pasado. La conexión no me abrumó como antes, ya que Arthur todavía mantenía una barrera entre nosotros, pero fue suficiente para que pudiera entender los recuerdos que fluían: su núcleo, roto; reconstruyo eso con éter; la trampa, empujando energía dentro de él hasta que su núcleo se rompió…

“Sylvie, me alegro de tenerte finalmente de vuelta. Nada más importa. Ni siquiera sé si puedo formar otra capa alrededor de mi núcleo, pero ese es un problema para otro día. En este momento—”

“Arthur, todo es importante cuando equilibras el peso de los mundos sobre tus hombros.” Empujé el dolor en mi pecho, preparándome para hacer lo que fuera necesario. “Has trabajado tan duro para traerme de regreso, pero ahora ya lo estoy, y no me iré a ninguna parte. Si quedarte en este lugar un poco más te ayudará a enfrentarte a mi padre y a mi abuelo, entonces tienes que hacerlo.”

Skydark: Lo pondría asi: Arthur, todo es importante cuando el equilibrio del mundo está sobre tus hombros

Cuando la incomodidad de Arthur no se calmó de inmediato, agregué: “Por favor, esto me ayudará a comprender. Mucho de lo que me has mostrado se siente tan irreal.”

“Whoa, son muchas emociones en conflicto de ambos lados,” dijo Regis, temblando como un perro mojado. “Esto va a tomar un tiempo para acostumbrarse.”

Arthur miró a Regis por un momento, luego cerró los ojos y tranquilizó su mente. “Tú fuiste mi prioridad al venir aquí, Sylv, pero si puedo aprovechar esta oportunidad para aumentar mi poder también…”

No hay necesidad de explicar, dije mentalmente.

Me dio una sonrisa avergonzada y tiró de mí para otro abrazo rápido. “Gracias, Sylv. Siento no haberlo dicho ya, pero me alegro de que hayas vuelto.”

“Me estremezco al pensar en lo que has estado haciendo sin mí,” bromeé, reforzando mi propia barrera mental para que mis pensamientos no se filtraran a los de Arthur. Necesitaba ser fuerte, para él, como siempre lo había hecho. Yo era su protector. A pesar de lo que este lugar me hizo sentir — como si fuera agua tibia en un baño que gotea, enfriándose y drenándose lentamente — este próximo paso para Arthur se sintió esencial.

Lo había esperado toda la vida. Podría esperar un poco más.

Arthur cerró los ojos y el éter comenzó a moverse. Retrocedí varios pies, dándole espacio para concentrarse.

Regis se apartó de su lado, nadando en el vacío hasta que estuvo a mi lado. Me di cuenta de que estaba ansioso por decir algo, pero parecía estar reuniendo valor. El lobo sombra se veía y se sentía diferente a cualquier criatura que hubiera visto, a la vez extraño y familiar, cómodo y antagónico.

Mientras lo miraba, noté algo más por primera vez. Muy por debajo de nosotros, algo como una mazmorra flotaba libremente en el vacío. Muros gruesos y semitransparentes de tierra y piedra lo recubrían, pero podía ver pasillos oscuros en el interior.

“Las Relictombs,” dijo Regis, mirando hacia abajo. “Algo así como casa. Supongo que se podría decir que nací allí. No allí, en particular, solo, ya sabes.” Se quedó callado por un momento, casi avergonzado, luego, “Oye, solo quería decir, sin resentimientos, ¿bien? No soy el ‘reemplazo de Sylvie’ ni nada por el estilo. Él no lo hizo, ya sabes…”

“¿Llenar el vacío que dejé en su vida uniéndome a otro ser que habla, cambia de forma y maneja el éter?”

“Uh, exactamente,” respondió Regis con incertidumbre. “Nací del acclorite en su mano justo después de que te desintegraras y esas cosas.”

“Sin resentimientos,” respondí con una pequeña sonrisa. “Me alegro de que te haya tenido. Él puede ser… bueno, es difícil decir qué hubiera pasado si hubiera estado solo, pero probablemente no hubiera sido bueno.”

Puedo escucharte, sabes,” dijo Arthur, abriendo un ojo para mirarnos. “Siento interrumpir, pero necesito a Regis. Hay éter ilimitado aquí, pero aprovechar lo suficiente sin que el artefacto del djinn me lo obligue a entrar será difícil.”

Regis puso los ojos en blanco. “El maestro me llama…”

Me reí detrás de mi mano cuando el lobo sombra desapareció, convirtiéndose momentáneamente en una pequeña voluta de energía con cuernos antes de sumergirse en el pecho de Arthur. Arthur me dio una sonrisa cansada, pero amable, antes de cerrar el ojo de nuevo.

Observé de cerca, tratando de seguir lo que estaba sucediendo con un éxito limitado. Era imposible no darse cuenta del núcleo de éter en sí mismo, que ardía como una estrella bajo el esternón de Arthur, pero mis sentidos aún no estaban completamente alineados. El extraño vacío, la ausencia de maná en su interior, la abrumadora presencia del éter, todo sirvió para confundir la vista, el oído, el tacto y los sentidos más finos de mi núcleo de maná.

Requeriría paciencia, lo sabía. Mi cuerpo y mi mente aún se estaban regenerando.

Incluso en el breve atisbo de memoria que había recibido de Arthur, había mucho que aceptar. Así como me entregué para salvar a Arthur, él dio la vuelta y se vertió en mí para traerme de vuelta. Había sido su cuidado, protección y amor lo que también me había ayudado a salir del cascarón la primera vez. Pero incluso antes de eso, yo había guiado su espíritu…

Hice una mueca y me froté las sienes de nuevo. Fue doloroso pensar demasiado en la paradoja de su reencarnación y mi propio regreso a mi huevo, mi espíritu dividido y esparcido a través del tiempo como hojas de otoño que a su vez albergan y fertilizan el nuevo crecimiento debajo de ellas…

Se me escapó un gemido y tuve que morderme el labio para no gritar de dolor. Arthur, con los ojos cerrados y la mente sumergida en su meditación, no se daba cuenta, pero su mera presencia seguía siendo el amarre con el que me ataba a la realidad. La disonancia entre mi alma y mi cuerpo estaba creciendo, y sin él me preocupaba volver a disolverme en la nada.

Apreté mis propios ojos con fuerza, tan fuerte que extraños colores y formas florecieron detrás de mis párpados. Mis rodillas se doblaron hacia mi pecho y envolví mis brazos alrededor de ellas, contorsionándome en una bola mientras esperaba que el dolor pasara.

‘Incluso el tiempo se dobla ante el Destino,’ dijo una voz como la mía en mi cabeza. ‘Pronto lo descubrirás.’

Tomando una respiración traqueteante, sentí que la conciencia se alejaba de mí. Pero, ¿y si uno o los dos nos separamos? O alguna amenaza oculta sintió nuestra debilidad y atacó. Tenía que permanecer consciente.

Gruñendo, arañé mi camino de regreso a la vigilia, negándome a sucumbir. No podía, no aquí, con Arthur tan profundamente dentro de sí mismo que estaba casi insensato. No ahora, después de regresar.

Traté de calmar mi mente, pero la tormenta que rugía dentro de mi cráneo solo estaba creciendo en fuerza y ​​parecía aumentar la intensidad del dolor que se extendía desde mi núcleo. Las imágenes pasaron ante mis ojos más rápido de lo que podía comprender, toda mi vida se desarrollaba en rápida sucesión, pero la línea de tiempo estaba desordenada, las imágenes se extraían de todas partes.

Estaba entrenando con mi abuelo, Kezess Indrath, en Epheotus.

Estaba cazando en los Claros de las Bestias mientras Arthur se adentraba en las mazmorras como Note, el aventurero enmascarado.

Estaba perdiendo la batalla contra el retenedor, Uto, una docena de sus púas negras ya perforaban mis escamas.

Incorpórea, estaba viendo a Grey entrenar para ser rey.

Arthur y yo volábamos, alto, tan alto que era como si pudiera mover la cola y tocar las estrellas, el mundo debajo de nosotros oculto por las nubes. Los dos estábamos sonriendo, felices.

Estaba enfrentando mi fuego de dragón contra el fuego del alma de Cadell mientras la voluntad de mi madre devoraba a Arthur desde adentro hacia afuera.

Observé, impotente, cómo Arthur lloraba a su padre…

La crudeza de ese recuerdo me devolvió al presente.

Estaba respirando pesadamente, pero el dolor en mi cráneo estaba retrocediendo y comencé a desenroscarme, rígida y dolorida. El ardor en mi núcleo se había expandido a través de la mayor parte de mi cuerpo, como si estuviera hambriento de oxígeno, excepto que era maná lo que necesitaba.

Mis ojos se abrieron, borrosos y desenfocados, revelando el rostro de Arthur a solo unos centímetros del mío. Sus manos estaban en mis brazos, tratando suavemente de despertarme. Estaba pálido de miedo.

“…vie. ¡Sylvie!”

“Bien,” dije, mi voz era un graznido apenas audible. Lo aclaré antes de continuar. “Estoy bien, Arthur. Tu núcleo, estas…”

Los ojos dorados de Arthur buscaron los míos. “Mi núcleo se ha resquebrajado. Aún estoy intentando contenerlo en una tercera capa con el éter que Regis y yo hemos reunido. Fue… mucho más difícil esta vez. Lo lamento. No me di cuenta de cuánto tiempo había pasado.”

Negué con la cabeza y me alejé de él, intentando y fallando en mantener una expresión estoica. Estaba temblando y habían aparecido bultos finos en toda mi piel expuesta. Tampoco estoy segura de cuánto tiempo ha pasado. Unos días, tal vez.

Hizo una mueca, pero sentí una sacudida de comprensión compartida y me dio una sonrisa tranquilizadora. “El tiempo pasa más rápido aquí. Incluso si han sido unos pocos días, solo habrá sido un día más o menos en el mundo real. Aunque lo siento. No deberíamos habernos quedado. No pensé que tomaría tanto tiempo. Ya casi termino.”

Me alegré de que sus ojos se cerraran un segundo después, porque el temblor se hizo más violento. Me rodeé con los brazos, pero no sirvió de nada. En cambio, traté de seguir el proceso final de la creación de Arthur de esta tercera capa alrededor de su núcleo de éter, sintiendo que el éter se movía dentro de él, endureciéndose mientras le daba forma. Estaba desorientada, mis sentidos estaban embotados, pero en algún momento la barrera entre mi mente y la de Arthur había caído, y pude seguir la estela de sus pensamientos.

El proceso había sido agotador para él. Implicaba extraer cantidades increíbles de éter, mucho más de lo que su núcleo podía manejar, y sobrellenar gradualmente el órgano hasta que comenzó a romperse. Luego, rápidamente, el éter recolectado se usó para sellar y mantener unido el núcleo, formando una capa endurecida a su alrededor. Esta nueva capa solo podría hacerse sellándola en las grietas creadas por el proceso de fractura, de lo contrario, el éter simplemente se disiparía.

Vi en la mente de Arthur el momento en que se completó el proceso. Ambos abrimos los ojos al mismo tiempo.

Inmediatamente voló hacia mí y me tomó de la mano. “Vamos. Vamos a sacarte de aquí.”

Descendimos rápidamente por el vacío hasta llegar a la mazmorra flotante, con Regis detrás de nosotros. Desde el exterior, podía ver parcialmente a través de la roca y la tierra como si fuera incorpórea o translúcida, pero cuando Arthur lanzó una ráfaga de éter condensada, resultó muy real. La piedra se hizo añicos, volando en todas direcciones cuando Arthur abrió un agujero en la pared exterior, abriendo el camino a la mazmorra.

Volamos hacia la brecha contra una ráfaga de aire, maná y éter. Mi cuerpo hambriento reaccionó instintivamente, absorbiendo todo el maná que pudo, pero no fue suficiente para sostenerme.

Dentro de la mazmorra, aterrizamos en una plataforma que ocupaba un extremo de una sala cavernosa. Un solo túnel arqueado se abría en él desde el otro lado, a través de un pozo de al menos treinta metros de ancho. Algo enorme y retorcido se movió dentro del pozo. Podía sentir que nos alcanzaba.

Pero Arthur no le prestó atención a la mazmorra, el pozo y el monstruo. Estaba frente al portal, y una esfera metálica había aparecido en su mano. Se partió con un toque. ‘Aguanta, Sylv. Saldremos de aquí en un minuto.’

Usó el dispositivo para cambiar a dónde nos llevaría el portal.

‘Se me ocurre que vamos a tener que dar muchas explicaciones cuando volvamos a Mordain.’ dijo Regis, su voz extraña en mis pensamientos. ‘Menos un Aldir, pero más Sylvie. Esperemos que los fénix no empiecen a mudar de piel al ver a un dragón.’

“¿Mordain? ¿El Príncipe Perdido?” Pregunté, confundida. “Aprendí un poco sobre él en Epheotus. ¿Está vivo?”

“Bueno, lo estaba cuando lo dejamos,” respondió Regis encogiéndose de hombros antes de fundirse de nuevo en el cuerpo de Arthur. ‘Ha estado enjaulado en los Claros de las Bestias escondiéndose del abuelo Kezess por quién sabe cuánto tiempo, aparentemente.’

El portal se movió, mostrando la imagen fantasmal de una cueva cubierta de maleza al otro lado. Un hombre corpulento ocupaba la habitación. Parecía estar siguiendo los movimientos de alguna forma de entrenamiento, pero lo vi solo por un momento antes de que Arthur tomara mi mano y me llevara a través del portal con él.

Jadeé.

Mi cuerpo reaccionó visceralmente a la presencia repentina de tanto maná, e instintivamente comencé a atiborrarme de él, mi núcleo lo exigía con avidez más rápido de lo que mis venas podían absorber.

Una voz en auge dejó escapar un ruido ensordecedor “¡Hah!” y luché por mirar más de cerca al hombre.

No, no un hombre, un asura, o al menos parte asura. Tenía un cuerpo poderoso con hombros anchos y un pecho profundo. Al igual que su cuerpo, su rostro era ancho, pero también tenía un toque de suavidad juvenil. Su cabello lo marcaba como un fénix, pero nunca había visto un ser con ojos extraños: uno del naranja del hierro candente, el otro de un azul cielo frío.

“Sabía que volverías,” dijo, su voz todavía demasiado alta. Le dio una palmada a Arthur en el hombro, y de alguna manera mi vínculo no salió disparado contra la pared. “A pesar de tu apariencia frágil y comportamiento frígido, hay un infierno en tu corazón que arde como el fuego de un fénix, y sabía que no te alejarías de la batalla que se avecina.”

“Tomó más tiempo de lo esperado,” admitió Arthur. Estaba extrañamente incómodo. “Y… Aldir no regresará.”

El medio fénix — Chul, escuché en los pensamientos de Arthur, se veía sombrío. “Ah. ¿Así que lo enfrentaste en un glorioso combate por lo que le hizo a las tierras de los elfos? Debe haber sido toda una batalla para haber durado dos meses.”

Arthur se congeló. “¿Qué quieres decir con dos meses?”

Chul hizo un gesto hacia la pared, donde se habían grabado docenas de marcas en la piedra. “He entrenado aquí todos los días desde que te fuiste, esperando tu regreso para llevar la pelea con Agrona. Una barra por cada día.” Sonrió con orgullo a Arthur. “Estoy listo para viajar contigo, Arthur Leywin.”

Pero Arthur no estaba escuchando. El color había desaparecido de su rostro, y sus pensamientos corrían más rápido de lo que yo podía seguir mientras pensaba en su familia, Dicathen, el ejército de Alacryanos desarmados en los Claros de las Bestias, la guerra…

Regis cobró vida, surgiendo de la sombra de Arthur. Sus cejas se levantaron cuando las llamas de su melena se atenuaron. “Bueno, eso es un poco más de lo que esperábamos…”

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