Capítulo 27 – DD – Esperanza [Parte 2]

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El Rey de los Campesinos, Dantalian. Rango 71.

Calendario Imperial: Año 1506, Mes 5, Día 15.

Polles.

 

‘Esto es imprudente’ –protestó Lapis.

‘Ésta damisela no podrá protegerlo’ –aconsejó Farnesio.

‘¡Bueno, Maestro, usted está loco, pero si es necesario, ésta morirá con usted!’ –Humbaba ofertó.

Mientras rechazaba la protesta, tenía presente el consejo, y aceptaba la oferta; yo, Dantalian, me dirigí al cuartel militar de la Facción Neutral.

La noche era oscura ya que la medianoche había pasado. La única que podía ser llamada mi guardia era Humbaba, y aun así, la habían desarmado. Además, fueron tan lejos como para inspeccionar su ropa interior tras haberla desnudado. La carne que había sido rasgada tras el extenso periodo de tortura que soportó se mostraba en primer plano.

— Jajajaja. No he escondido nada. No tengo nada que ocultar. Realmente no tengo nada en mí. ¿Creen que estoy tan loca como para andar fastidiando al Lord Demonio que le tiene una hipoteca a mi alma? ¡Por favor!, soy Humbaba. La líder que guía a las Tres Pesadillas. Me encantaría que mostraran más respeto a la medalla Cuadrífila que está pegada a mi sombrero.

—……

El centinela miró a Humbaba de pies a cabeza antes de asentir. Luego, a la bruja le permitieron la entrada al campamento de la Facción Neutral. Pero claro, fue después que inspeccionaran cada recoveco de su cuerpo.

Humbaba solo sonreía.

— ¿Vio eso, Maestro? Es por conductas así que terminé creyendo que la mayoría absoluta de los hombres en el mundo deseaban mi cuerpo. Aún si intento ir tranquilamente a algún lugar, hacen estas estupideces.

— ¡Por todos los cielos!, toda tu vida es un auto-tormento.

— Jajaja, no puedo negarlo. Como era de esperar de usted, Maestro. Si añade el hecho de que mi auto-tormento es mi propia tortura, sería perfecto.

Caminamos juntos como maestro y sirviente mientras murmurábamos. Los soldados de la Facción Neutral nos siguieron de cerca por ambos lados. Las antorchas que sujetaban iluminaban nuestras expresiones. Como uno podía esperar de soldados de élite, todos estaban inexpresivos; pero a pesar de eso, ocasionalmente fruncían sus ceños al ver a Humbaba.

Me preguntaba por cuánto habíamos caminado.

Fuimos guiados a una tienda particularmente enorme. Era una tienda militar hecha al juntar pieles de tigre. Debido al hecho de que Paimon y Barbatos no tenían una personalidad que discutiese sobre el lujo de sus espacios, la tienda que estaba mirando era la más lujosa que hubiese visto.

Todos los centinelas que estaban montando guardia en la entrada tenían una medalla Dífila pegada a sus cascos. La medalla con forma de una hoja era un honor que se le concedía únicamente a aquellos que participaban en una Alianza Creciente y desempeñaron una acción digna de méritos.

Como esta era la octava Alianza Creciente y la expedición aún no terminaba, esas medallas pertenecían a la sexta y séptima. Eso significaba que esos centinelas, cuyos números apenas alcanzaban los veinte, eran guerreros veteranos que pudieron sobrevivir en los últimos 200 años. Humbaba se comportó innecesariamente como una perra de raza shih tzu y apuntó a su propio sombrero.

— Maestro, maestro. Mire. Ésta tiene una Cuadrífila.

—……

— ¡Pobres! Estos tienen solo Dífilas. Jajaja. ¡Ésta es dos veces más fuerte que ellos!

¡Asombroso!

Los centinelas nos fulminaron con sus miradas en lo que Humbaba dijo esas palabras. Sigo siendo un Lord Demonio a pesar de mi apariencia. Pasé mi mano por el cuerno pegado a mi nuca y susurré.

—…aún si dices que tienes cuatro hojas, ¿acaso no recibiste tu cuarta hoja como un obsequio de Su Alteza Paimon tras haber jugado sucio? Te lo pido. Recuerda que estamos en medio de un ejército que puede volverse o no abruptamente hostiles hacia nosotros.

— Ehh. Pero es que de repente me pongo de mal humor si cierro mi boca por un momento. Es como un cáncer avanzado.

— Al menos ¿no podrías susurrar de forma que solo yo te escuche?

— Pff. No me diga, ¿esa fue una confesión secreta? No debe, Maestro. Ésta ya tiene un maestro a quien le ha entregado su afecto, por eso, es imposible que le entregue su cuerpo a usted…

Sí.

Lo que sea.

¿Qué más podría esperar de ti?

Solo crece sanamente.

Mientras recibíamos las claras miradas de los centinelas, Humbaba y yo seguimos conversando. Una vez que pasó casi media hora, una voz baja resonó dentro de la tienda.

— Lord Demonio Dantalian, entra.

El tono de esa voz era viejo. Sin embargo, hubo un gruñido fuerte que no podía ser aplacado totalmente por la antigüedad pegada a esa voz. Me preguntaba si así era como sonaba si un oso pardo aprendiese el lenguaje de la gente.

Acaricié el cabello de Humbaba detrás de su oreja.

— Ya regreso.

— Sí, Maestro –Humbaba sonrió brillantemente–. Ésta lo esperará. Siempre.

 

 

********

 

Al igual como la tienda militar parecía grande por fuera, era inmensa por dentro. Creía que yo vivía en una tienda lujosa debido a todo el dinero que gasté en ella, pero el cuartel en el que residía el líder de la Facción Neutral estaba en otro nivel.

12 asistentes estaban bajando sus cabezas en silencio. 6 guardaespaldas reales con espadas en sus cinturas o lanzas en sus manos me estaban mirando. Una alfombra roja estaba tendida en el suelo del lugar con un gran trono situado en el extremo final. Un monarca estaba descansando oblicuamente su espalda en ese asiento.

Dentro de un lugar que no debería ser considerado ‘una tienda’.

Sino que sería mejor tratarlo como un palacio ubicado en el centro de un campo enemigo.

— Dantalian –habló el monarca–. Es admirable que vinieses aquí, solo. ¿Acaso viniste a responder a mi llamado?

Marbas me miró fijamente a la cara.

Su rostro estaba cerca. Su mirada no vacilaba. Todos los años de experiencia del monarca se esparcían por toda su cara a modo de arrugas. Su perseverancia firme se distribuía por sus hombros firmes. Como alguien que no distinguía entre la vida y las creencias, un gobernante, que solo había reunido las creencias con la vida y la vida con creencias, se encontraba sentado ante mí. Era un monarca perfectamente firme.

— La última vez que te vi fue justo después del discurso que declaraba el inicio de la guerra. ¿No estabas en prisión?

Bajé mi cabeza y respondí.

— Los pecados de éste le fueron perdonados, por eso lo liberaron.

— Algo así escuché. ¿Te liberaron el mismo día que ocurrió la tragedia en las Llanuras de Bruno?

— Sí, Su Excelencia. Así fue.

— También escuché que eres amante de Barbatos. Permíteme preguntarte esto: ¿tú estabas, de alguna forma, involucrado en esa tragedia?

—……

Lo contemplé por un momento.

Mentir en esta situación era algo fácil. Tenía plena confianza en mi capacidad para engañar. También existían diferentes formas de responder a esta pregunta de una forma imprecisa. Sin embargo, era probable que hacerse el loco no era lo importante ahora. Elevar naturalmente la impresión favorable que este monarca tenía sobre mí era lo más crucial.

‘En buenos términos, es principialista’, comentó Paimon.

‘En malos términos, es un fósil jodido y agresivo’, comentó Barbatos.

‘Además, es calvo’.

‘Sí, es un viejo pelón’.

Esos no eran comentarios particularmente importantes.

Sacudí mi cabeza mientras me asombraba mentalmente de mi maldita memoria.

— Su Excelencia, éste presenció la tragedia en primera persona. Como le fue imposible detenerla a pesar de estar ahí, y aunque hubiese podido hacerlo, éste no lo habría hecho; por esa razón, sería lamentable si terminase clamando que no se encontraba involucrado en tal suceso.

— Ese es un argumento apropiado y seguro. Levanta la cabeza –eso hice.

El monarca tenía un monóculo sobre su ojo derecho. Las velas ubicadas en cada rincón de la tienda se alineaban a sí mismas hacia el éste y lo hacían brillar. Aunque me era difícil mirar directamente el rostro de ese gobernante, éste me miró de pies a cabeza.

— Dantalian, ya que eres el más joven entre nosotros y tienes el rango más bajo, asumo que apenas te involucraste en ese incidente. Incluso durante el día donde se derramó toda esa sangre, probablemente fuiste incapaz de participar en ello, pues te encontrabas tras las rejas. Entre todos esos que van de un lado a otro diciendo que son de la Alianza Creciente, sólo tú eres inocente.

— Éste se siente honrado, Su Excelencia.

Ese no era el caso.

Lamento informarte, Marbas, pero si uno tuviese que elegir quién era el culpable principal detrás del derramamiento de sangre, entonces yo sería la primera persona en ser señalada. Originalmente, yo soy con quien debes ser más hostil. Sin embargo, no tienes más opción que tolerar este malentendido.

Pues…

— Barbatos y Paimon te enviaron, sin piedad, a la retaguardia; te dejaron atrás para que combatieras a los humanos que se acercaban. No hay duda de que te convirtieron en un cordero de sacrificio bajo la condición de tu liberación. ¿No te sientes molesto?

Sí. Porque, sin importar cómo veas mi situación, la gente sólo sería capaz de ver esto.

—……

Ahh, me reí internamente. A pesar de toda mi consideración, la Princesa Imperial Elizabeth y yo éramos iguales. Para nosotros, las victorias y derrotas de las batallas no eran más que asuntos secundarios.

La victoria era dulce y hermosa, sin embargo, ¿la derrota no era humillante y lamentable? En las raras oportunidades donde enfrentas batallas en las que te pueden humillar por completo, debes asegurarte de que sea una lucha en la que puedas obtener algo aún si te derrotan. Tradicionalmente, mezclarse sólo en ese tipo de batallas era lo más apropiado.

La Princesa Imperial fue derrotada. A pesar de eso, obtuvo una justificación. Eso era algo que podía obtener sin importar si ganase o perdiese. Por tal motivo, esa era la razón por la que ella nos persiguió a través del mar de árboles sin dudarlo.

Triunfé. Sin embargo, aún si hubiese tenido que perder, mi inocencia había sido probada. Para los demás demonios, yo era un individuo pobre, patético y lamentable; un pobre servidor que había estado jugando con Barbatos y Paimon antes de ser desechado como una mano de cartas.

Había ganado. Sin embargo, incluso si nuestras fuerzas triunfaron, ¿qué había estado haciendo yo? ¿Dónde me encontraba cuando Farnesio fue golpeada por una saeta y las brujas arriesgaban sus vidas? En la retaguardia. Estaba montando un campamento en la línea trasera más segura y recibiendo a los rezagados.

Aunque gané, ya que fue una victoria obtenida no por mi propio esfuerzo, estaba dando un paso al lado de la gloria de la victoria. Algunas personas pueden considerar este trato como irrazonable—— pero considero esto como la conclusión inimaginable más hermosa.

Incluso desde aquí, sentía como si pudiese escuchar al público ridiculizándome.

“Lord Demonio Dantalian. Un individuo que, de alguna forma, obtuvo un dinero inesperado; sin embargo, lo gastó desconsideradamente por su amante porque es un imbécil”.

“Lord Demonio Dantalian. Fue lo suficientemente afortunado para reclutar, de alguna forma, a una genio como su general; sin embargo, nunca fue personalmente a una batalla porque es un gallina”.

“Lord Demonio Dantalian. Un individuo que fue capaz de sobrevivir a ese día por pura suerte; sin embargo, constantemente es usado por Barbatos y Paimon porque es el rey de los idiotas”.

Un libertino. Un gallina. Un idiota.

Qué hermosos son esos susurros.

En este amplio continente, el número de monarcas que son conscientes de que actúo desde las sombras se pueden contar con una sola mano. Barbatos, Paimon, Sitri, Ivar Lodbrok, y Elizabeth. Única y exclusivamente ellos.

Cinco personas.

Cinco individuos solamente.

Era una actuación donde tenía que enfrentar solo a cinco personas.

Por el otro lado—— ¡Ahh!, Elizabeth. Oh, Elizabeth, cuyos mechones plateados son elegantes. ¡Princesa Imperial que nació con la otra parte de mi alma, observa el incontable número de rivales que debes enfrentar!

Oh, Elizabeth. Cada soberano que se encuentra reinando en el continente humano te teme. Esto se debe a que tuvieron la premonición de que serías una tormenta que elevaría una nueva ola y se tragaría la costa de la era actual.

Oh, Elizabeth. Incluso tu padre biológico, el Emperador de Habsburgo, te tiene miedo. Y es porque sabe, por intuición, que la espada que has estado afilando hasta ahora la usarás para apuñalarlo por la espalda y arrebatarle la vida.

¡Oh, Elizabeth! ¿Acaso los Lores Demonio del continente demoniaco no te reconocen? Tú, quien debería haber estado acallando silenciosamente al continente humano al sur de las Montañas Negras, fue descubierta diez años antes. Y todo porque te invité cortésmente al escenario.

Oh, Elizabeth.

Oh, Princesa Imperial cuyos ojos rojos se parecen al color de la sangre.

Oh, Emperatriz que durante la noche anterior derramó sangre justo después de haber sido asaltada por Farnesio en la oscuridad. Eres competente sin fin. Como ya lo eres, ya no serás descuidada cuando te cruces con Farnesio. Por eso, en la próxima batalla, puede que la hagas arrodillarse. Y no solo en esa, sino en la siguiente, y la que le sigue; puede que salgas victoriosa en la cuarta y quinta batalla que le sigan. Incluso si todos en el mundo no creen en tu victoria, yo si lo haré. Eres una emperatriz que fue destinada a conquistar el mundo. Cuán sublime eres.

“Pero ¿por cuánto tiempo?”, pregunta un libertino.

“¿Por cuánto tiempo seguirás ganando?”, se mofa éste cobarde.

“¿Ganarás por siempre y triunfarás eternamente?”, replica éste idiota.

¿Estás tratando de manejar a Farnesio por sí sola? Manéjala. Serás capaz de hacerlo. Soy consciente de que puedes hacer eso con toda facilidad. Sin embargo, ¿también eres capaz de tratar con cada soberano en el continente humano y cada Lord Demonio del territorio demoníaco al mismo tiempo? ¿Eso es algo que puede lograrse sólo porque digas que sí puedes?

Mira. Éste degenerado, cobarde, e idiota te está preguntando algo. Esta pregunta importa más que nada. Una que solo se comparte dentro de nuestros alientos mientras se mezclaban.

Oh, Elizabeth.

¿Puedes manejar a todo el mundo?

Yo si puedo. Ahh, eso es algo sencillísimo para mí. ¿Por qué? Porque lo hice para tener menos de cinco miembros con los que tratar.

¡Cinco! Incluso si yo poseía un talento ligeramente carente en comparación al tuyo, no me consideraría tan oscuro como para ser incapaz de ponerme a danzar con unas cinco personas.

¡Cinco! Incluso si mis planes son insuficiente y mis conspiraciones son pobres al compararlos con los tuyos, puedo decir que son más que suficientes para jugar con cinco personas e iniciar un show.

¡Cinco! Uno de esos cinco dedos, Ivar Lodbrok, ya ha caído y ahora es mi esclavo. Ahora el número de personas con la que tratar ha disminuido por uno. ¿Qué has disminuido mientras yo me encontraba reduciendo mis números? Por mera casualidad, ¿no incrementaste los tuyos?

¡Cinco! Uno de los cinco dedos más obvios, Lady Demonio Sitri, ha caído a una posición en la que le es difícil levantar su cara frente a mí porque perdió ante ti. De acuerdo a mi inteligencia, ella y Zepar han caído prisioneros de Lord Demonio Marbas. Muy bien. ¡Qué placentero!

Sitri sigue rehusándose a rendirse ante mí. Era demasiado pronto para derribar su muralla final. Sin embargo, no era solo su caída la que sucedería pronto; ya esto era algo preparado. Una vez que sucediese, significaría que otro protagonista de los cinco principales bajaría de mi escenario.

Pasé mi tiempo ociosamente estando en mi escenario que se desvanecía gradualmente. Tú eres el caso contrario. El escenario que debes manejar seguirá expandiéndose infinitamente. Te aplaudiré y celebraré. Adelante, intenta realizar un juego de una sola persona estando en un escenario que se opone al mundo.

¿No será hermoso?

¿No colapsarás hermosamente?

¿No exudarás una fragancia al desmoronarte?

Elizabeth—— Atanaxia—— Evatriae—— von Habsburgo——

Incluso en este momento, te trazo en mi mente.

No te decepciones solo porque no pudiste encontrarme en el bosque de álamos blancos. Si no se pudo, es porque no era el momento indicado. Así de simple. Ten paciencia. Tú eres mi destino, y yo soy el tuyo. Cuando se espera por el destino propio, la espera se vuelve una melodía alegre. Hasta el día en que estos hagan sacudir la tierra como un rayo, tenemos que ser felices esperando…

— Dantalian.

Mira. Un actor secundario que era tan terrorífico como un oso estaba parado allí.

Sin embargo, sin importar cuánto miedo diese, no era más que un actor secundario. ¿No era así? Ahora escuchemos lo que tenga que decir.

— Ya no tienes que temerle a Paimon y Barbatos, quienes te desecharon. Déjate cubrir por mi sombra. Te dejaré entrar. Párate debajo de mi estandarte. Te lideraré. Mira hacia donde yo apunto. Te lo prometo.

Bien. Este era el lenguaje de un monarca que había vivido su vida. Pude percibir el aroma de la suciedad. Qué hermoso. Nubes de polvo probablemente se elevarían si los caballos de guerra cargasen hacia este suelo que había sido secado por el sol.

— Prometo una tierra de la corona donde nuestra raza no se mate entre sí. Juro que será un reino donde la gente no sea asesinada aún si existiese una razón para hacerlo. Incluso si colapso y me hago pedazos, al menos, esta promesa y juramento serán eternos. ¿Qué te parece, Lord Demonio de rango 71? –el monarca continuó–. ¿Me seguirás?

—……

Hice que la sonrisa de mi corazón se detuviera y me compuse.

Mi expresión seguía calmada y mi complexión estaba moderada.

Mi voz no reflejó la temperatura de mi corazón, por lo que estaba serena. Bajé gradualmente mi cabeza para hacerlo parecer como si estuviese siendo presionado por la grandiosidad de Marbas.

—…Su Excelencia. Su gracia real es inmensurable e inescrutable. Si a éste se le concede la oportunidad de descansar bajo su sombra, ¿cómo podría uno rehusarse? Sin embargo, antes que este Dantalian, éste ser humilde pueda confiar su lamentable cuerpo a usted, hay algo que éste debería decirle.

— ¿Deseas una audiencia privada?

— Sí, Su Excelencia.

— Pueden irse todos.

No hubo nadie que se atreviese a cuestionar esa orden.

El sonido de los pasos de los asistentes y guardaespaldas se filtró en la alfombra antes de desaparecer por completo. El sonido de la respiración proveniente de las veintialgo de personas desapareció sin mucho esfuerzo. La extravagante tienda militar se hizo más vacía debido a esa ‘extravagancia’.

El monarca habló.

— ¿Qué deseas decirme?

— Éste es el emisario de Barbatos y Paimon.

—……

El aire era frío.

Marbas me miró calmadamente. Me preguntaba si estaba enojado o solo me miraba con cuidado. Era difícil de comprender. Al igual cómo compuse la temperatura de mi corazón y no la dejé aparecer en mi voz, parecía que Marbas no permitía que la temperatura de su pecho fluyese por su mirada.

— Si eres un emisario, ¿eso significa que tienes una carta que entregarme?

— Éste no tiene algo como eso.

— Entonces ¿cómo es que alguien como tú se puede llamar a sí mismo un emisario?

— Porque éste tiene un objeto que prueba que lo es.

— Muéstramelo.

— Éste se lo presentará, Su Excelencia, pero… –bajé mi cabeza una vez más–. Antes de eso, éste debe transmitirle las palabras que ambas partes han pasado.

— Lo permitiré. Sin embargo, ten presente que tu vida descansa sobre una espada.

— Éste siempre tiene la preservación de su vida como la mayor prioridad, Su Excelencia.

Aclaré mi garganta. Ajusté mi ropa y levanté la cabeza.

Miré fijamente al hombre ante mí. Una gran figura con unos hombros cuya anchura era tres veces la de los míos estaba mirándome. Sin embargo, no podía ser intimidado. Ya que me había autodenominado como el emisario de ambas partes, yo no era más que un rango 71, el Lord Demonio más joven, y ahora representante de las Facciones Montañosa y de las Llanuras.

— Transmito este mensaje no a la Facción Neutral, sino solamente al Lord Demonio Marbas.

—……

— Intencionalmente decidimos no avisarle de nuestros planes.

— ¿Qué…?

Una duda apareció en la mirada del monarca que, hasta ahora, se veía como un lago sereno. Claro, no era una duda bien dispuesta hacia mí. Como si estuviese intentando darme una oportunidad para explicarme antes de liberar su ira, Marbas me frunció el ceño.

Expliqué.

— Su Excelencia, ambas partes no le informaron de la purga de forma intencional. Aunque esta acción es un comportamiento que no es nada menos que ridícula, fue, al mismo tiempo, por su propio bien.

— Tonterías. ¿Cómo que por mi propio bien?

— Desde este punto, la Alianza Creciente se involucrará en una guerra total contra los Lores Demonio que se quedaron en el continente demoníaco. No obstante, incluso si algo así sucediese, ¿sería necesario que nosotros los erradicáramos? ¿Cómo podría ser la voluntad de ambas partes el hecho de desarraigar a cada plebeyo que reside en los territorios gobernados por los demás Lores Demonio?

—……

Después que se dijese todo, Barbatos actuó por el bien de la gente. Se trataba de un odio-amor arbitrario. Paimon también amaba a la gente. Era un afecto autocomplaciente. Aunque fuese arbitrario y autocomplaciente, no había más monarcas que actuaran por el bien de la raza demoníaca más que esas dos Ladies Demonio.

— Si la guerra ha de durar tanto tiempo, llegará un momento en el que sea necesario un alto al fuego. Incluso si no es eso, un acuerdo será establecido. Si eso no se logra, ¿no sería necesario que existiese una persona que estuviese ahí para mediar entre ambas partes? ¿No sería difícil que una persona de algún lado actuara como mediadora?

—……

— Su Excelencia, el pecado por haber traicionado a la Alianza Creciente y vender a nuestra propia gente es terriblemente inmenso y profundo, pero si ambas partes hubiesen discutido esto primero con usted, habrían sido capaces de convencerlo con facilidad. Éste asume que diversos parásitos ocultos en su sombra habrían sido enviados al más allá también. Sin embargo, si las cosas hubiesen transcurrido de esa forma, llegar a un acuerdo habría sido casi imposible, y quizá habríamos enfrentado una situación agonizantemente difícil.

El monarca quedó en silencio.

— Entonces ¿fui excluido por el bien de la paz que seguirá luego?

— Así es.

— ¿Cuáles son tus verdaderas intenciones tras haberme traído la información que tenías que transmitirme de forma verbal en lugar de una carta?

— Hay ojos por todas partes, Excelencia. Comenzado por Baal, el de rango 1 hasta Gamigin, el de rango 4. Así como sus ojos vigilan de cerca a las Facciones Montañosas y de las Llanuras, probablemente se estén ocultando dentro de la Facción Neutral de la misma manera. Si éste hubiese traído una carta, habría salido a la luz en el momento que se hizo la revisión. Independientemente de si el contenido de la carta fuese dado a conocer o no, la información de ‘Dantalian tenía una carta secreta’ habría sido enviada a alguien. Transmitir el mensaje y confianza a través de una carta era peligroso.

—……

— Su Excelencia, le ruego que comprenda.

Entendimiento.

El acto de mirar profundamente una vela.

Solo con ver la luz ardiendo en una lámpara, mirando las cosas que podían ser y no ser vistas, y sintiéndolas.

Comprendiendo la conexión entre la luz y la luz.

Así como conecté el humo con el humo durante todo el camino hasta el otro lado de las Montañas Negras, los que eran capaces de tirar de esto eran monarcas, y sólo podían serlo al manejar esto.

— Por favor, crea en sus camaradas de ambas partes que han estado junto a usted en los campos de batallas durante 400 años. Su Excelencia Barbatos y Su Alteza Paimon son enemigas a muertes, pero ¿por qué razón cree usted que unieron sus manos? ¿No sería porque hay parásitos más despreciables que su propia enemistad que están en estado latente detrás de ellas?

—……

Marbas cerró los ojos.

El silencio permaneció solitario dentro de la tienda militar. El silencio era tenaz. Las arrugas que podían verse a través del monóculo del monarca eran oscuras.

La boca del gobernante, tras un largo silencio, finalmente se abrió.

—…esas damas que dan tanto miedo que el mundo se retuerce, ¿intentan darme el papel más difícil?

— Sí, así mismo es. Su Excelencia, usted debe fingir que lucha y discute con ambas partes. Si su actuación es pobre, los Lores Demonio al norte de las Montañas Negras lo descubrirán con facilidad.

Hice una reverencia respetuosa.

— Su Excelencia, por favor, tómeme como rehén y cruce las Fortalezas Blanca y Negra. Persiga a ambas partes como si lo hiciese a la mayor velocidad posible. En este momento, los Lores Demonio al norte de las Montañas Negras se preocuparán más por la retirada de la Alianza. El campo de visión se tornará estrecho y usted probablemente sea la primera persona que aparezca ante ellos. Aprovece esa oportunidad.

— Ya capturé a Zepar y a Sitri. ¿Necesito más?

— Mientras más, mejor, Su Excelencia.

—……

El monarca gruñó lentamente.

— Eres tú quien es el fiel sirviente de toda la raza demoniaca. A pesar de que ellas te enviaron a prisión, sigues a Barbatos y Paimon sin queja alguna y te ofreces como rehén por el bien del continente demoníaco. Dantalian, tienes mis respetos.

En eso, el monarca extendió su mano izquierda.

Supuse que Marbas quería estrechar manos con la izquierda y no con la derecha. Era a partir de ahora. El acto de fingir ser hostil para con la Alianza Creciente iba a iniciar a partir de ahora.

— Éste se siente honrado, Su Excelencia.

Fue en el momento en el que iba a aceptar su apretón de manos.

— Hmm.

Apretón.

Marbas me agarró la mano izquierda con gran fuerza. Por un instante, una presión inmensa comprimió los huesos de mi mano. La agarró con tanta fuerza que casi hacía que mis huesos crujieran y forzara mi carne a gritar. Gracias a eso, mi expresión colapsó un poco.

— Su Excelencia, ¿qué está…?

— ¿Dónde queda la evidencia de que no mientes?

Marbas me miró con cuidado.

— Ya soy consciente de que eres bueno hablando. También estuve presente en Niflheim cuando hiciste que Paimon se arrodillara. ¿Cómo me garantizarás aquí que no tienes intenciones traicioneras, y que no planeas ridiculizarme e insultar a la Alianza Creciente con tu elocuencia?

—……

— ¿Dónde queda la garantía de que no nos emboscarán cuando estemos a mitad del camino hacia las Fortalezas Blanca y Negra tras haber sido engañados por ti? Dantalian, tu expresión es amable y tus ojos suaves; pero hay muchos embusteros esparcidos por el mundo que son capaces de camuflar sus complexiones. ¿Cómo me probarás que no solo estás ridiculizándome?

Seguro. Esto no era malo.

El hombre ante mí no pasó sus días como cabeza de la Facción Neutral de forma descuidada. Tanta precaución era obvia. Como lo era, también fui obviamente capaz de predecirlo. Mientras un dolor intenso pasaba por los huesos de mi mano, sonreí ligeramente.

Sí. He estado esperando ansiosamente este momento.

— Oh, Honorable Marbas. Si resulta que éste lo ha engañado, entonces significaría que él también fue engañado por las dos partes. Éste sólo le ha pedido que lo tome como rehén. Si se presentase una emboscada en las Fortalezas Blanca y Negra, ¿lo primero que saldría volando no sería el cuello de éste?

— Así es –asintió el monarca–. Por eso, el problema es simple. ¿Cuánto confían Barbatos y Paimon en ti? Este es el único asunto que debo verificar y, por ende, debes probarme. Si ellas poseen un cerebro, definitivamente, te habrían dejado con un símbolo de su confianza. ¿Has traído uno?

— Por supuesto, Su Excelencia.

Lentamente, saqué algo de mi bolsillo.

Un objeto que parecía normal a simple viste pero era algo que alguien considerablemente rico cargaría consigo.

Marbas enarcó la ceja al ver el objeto.

— ¿Hm? ¿No es un reloj de bolsillo?

— No, Su Excelencia. Es un Memory Play, un artefacto de grabación que contiene evidencia esencial. Las brujas bajo mi comando disfrutan encantar los relojes de bolsillo con magia de grabación, por eso lo he estado usando con frecuencia.

— Ohh –la presión que sujetaba mi mano izquierda disminuyó gradualmente–. Eso es considerado. Si un emisario solo usase un mensaje verbal, levantaría sospechas fácilmente, pero si la ocultabas en un reloj, serías capaz de evitar esas sospechas.

— Su gracia no tiene límites, Su Excelencia.

— Está bien. Estoy seguro de que se trata de una grabación que mostrará el peso de la confianza que recae en tus hombros. Adelante, reprodúcelo. Lo miraré con sumo cuidado.

— Es demasiado pronto para tales palabras, Su Excelencia.

Sin dudarlo, comencé a girar la manecilla de la hora del reloj de bolsillo una vez que se me ordenó hacerlo. Una vez a la media noche. Otra al mediodía. Nuevamente a la media noche, y de regreso al mediodía. La manecilla horario, la minutero y la segundero del reloj de bolsillo comenzaron a girar ferozmente mientras emitía un audible ‘vrrr’ antes de que el humo comenzara a fluir de sus grietecillas.

Y entonces…

Una vez que hice brillar el reloj en el humo, este comenzó a proyectar la grabación.

‘Ahh… ¡¿ahhhh?!’.

—……

Marbas se heló.

El sonido de gemidos fluyó constantemente del reloj de bolsillo. El silencio de la tienda militar fue roto caprichosamente. El honorable Lord Demonio Marbas solo miraba el aire con la misma expresión que había solidificado su rostro hacía 10 segundos.

‘¡No! ¡Para! ¡Te lo pido, oye, espera…! ¡No… ahh!’

‘¿Cuándo te permití hablar? ¡Los cerdos no hablan! ¡Gruñe como un puerco!’

‘¡Hmm… Oink… oink-oink-oink!’

Sonreí de oreja a oreja.

Aunque el trabajo artístico que había grabado a Lapis fue destruido, y no podría tener el honor de ser el primero del mundo, ésta obra de arte era, sin duda alguna, la primera en tener a un Lord Demonio como protagonista.

—……

— Su Excelencia, usted le instruyó a éste para que le mostrara la evidencia sobre cuánta confianza le tenía Su Excelencia Barbatos a éste, ¿no?

Ahora bien.

Sonreí de oreja a oreja mientras mostraba mi trabajo raro y valioso.

Yo estaba siendo proyectado en el humo y en esa escena había una mujer conmigo. La chica tenía, por coincidencia, un cabello tan blanco que emitía un brillo plateado, cuernos que se asomaban por su cabeza, y unas pupilas doradas.

‘Muy bien. ¿Qué soy? Adelante, dilo con tu boquita. Qué soy yo, Dantalian, para ti?’

‘Maestro… Lord Dantalian es… ¡Ahh, ahh! Es mi… ¡Es maestro de Barbatos!’

Y también, por coincidencia, se llamaba Barbatos.

—……

Sin mover ni un musculo, el líder de la Facción Neutral parecía una estatua mientras miraba la grabación que mostraba a la líder de la Facción de las Llanuras refiriéndose a mí como Maestro y quedando en ridículo. Parecía que el pobre había recibido el shock más grande de su vida, dándole un golpe directo en la cabeza. El espacio fue infinito y el tiempo eterno.

Pasaron cinco minutos.

Unos hermosos cinco minutos.

—……

—……

Marbas seguía inmóvil.

Yo sonreía ampliamente.

—…eso.

— Sí.

— No me digas.

— Sí.

—…no, pero…

— Así son las cosas.

— ¿En serio…?

— Sorprendentemente.

— Pero, no importa cuánto lo pienses, los roles son…

— Éste también lo piensa así.

— Entonces, ¿no se hizo por la fuerza sino voluntariamente…?

— Éste deberá mencionar que en esta grabación, el no tuvo voluntad libre o algo similar, y mucho menos una pizca de iniciativa.

—……

Silencio.

Marbas abrió su boca.

— Sin embargo, al contrario de mi expectativa, ¿no lo estás disfrutando también?

— Su Excelencia, éste, jamás en la vida, ha sospechado de su neutralidad política, pero esa declaración hace que se sienta algo dudosa. Por favor, disciérnalo por cualquier medio posible.

— Claro.

Marbas soltó un gruñido.

— Barbatos, esa mocosa descuidada finalmente obtuvo a su pareja…

— Éste no desea mencionarlo, pero en lugar de deshacerse de la duda, usted la está incrementando más. Es posible asegurar que, Su Excelencia, que ese tipo de cuerpo no es la preferencia de éste. Si uno tuviese que elegir, creería que Su Alteza Paimon es esplendida.

— Te apoyo. La apariencia de Paimon es maravillosa. Es digna del título la Reina de las Maras.

Asentí.

Luego le pregunté a Marbas.

— ¿Ahora entiende cuánto es éste de confianza, Su Excelencia?

—……

Marbas se cubrió la frente con su palma.

Luego dejó que sus gruñidos fluyeran por las grietas de sus dedos. Parecía que deseaba tirar de sus cabellos mientras contemplaba, pero debido al hecho de que no tenía ni uno en su cabeza, parecía que sinceramente creía que este hecho era un infortunio. Vagamente, parecía que Marbas estaba explorando budísticamente quién era yo, de dónde venía y a dónde iba.

—……

Pensamiento.

—…hmm.

Angustia.

— ¡Ciertamente…!

Y resignación.

— Lo entiendo. Te creeré, Dantalian…

Tras completar magníficamente los tres pasos del budismo, Marbas suspiró. Lamentablemente, parecía haber sido incapaz de completar el paso final de iluminación, pero ¿a quién le importaba? Estaba bien. Independientemente de lo terrible que fuese mi temperamento, no soy tan cruel como para reprender la tristeza de un pelón.

Por eso.

— Éste ahora se encontrará bajo su cuidado. Su Excelencia Marbas, puede que sea rudo que le pregunte esto, pero ¿estará dispuesto a escuchar una ‘petición’ inmediata? Por favor, considere esto como una recompensa para éste ya que vino hasta aquí bajo su propio riesgo.

—…está bien. Sin importar cuál sea el deseo, lo cumpliré voluntariamente, siempre y cuando sea capaz de hacerlo.

Sonreí con muchísimo placer.

Calendario Imperial: Año 1506, Mes 4, Día 15.

“Una alianza secreta fue concluida entre las Facciones Montañosa, de las Llanuras, y Neutral”.

“Sin embargo, se decía que el número de personas en el mundo que sabían de la evidencia decisiva detrás de la formación de la alianza podían contarse con una sola mano…”

 

 

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