Capítulo 25 – DD – Excarcelación [Parte 6]

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Asesina de Parientes Consanguíneos.

Princesa Imperial, Elizabeth von Habsburgo.

Calendario Imperial: Año 1506, Mes 4, Día 11

Polles, Llanuras de Bruno, Ejército de los Cruzados.

 

Nuestro campamento militar se había vuelto un desastre en la noche y tuvimos que decapitar a 22 rameras. A 7 administradores sin importancia se les hizo destriparse ellos mismos y 247 soldados fueron quemados vivos. Una vez que capturamos a los dos soldados rasos que habían huido y los desmembramos, el desorden en todo el ejército se desvaneció. Una última niebla primaveral hizo aparición al amanecer.

—……

Estaba calmado. Excesivamente silencioso.

Como una purga se hubo llevado acabo ayer en la noche en el ejército de la Alianza Creciente, solo era apropiado que un par de cuervos estuviesen volando por estos lados, dándonos las noticias de las repercusiones. Sin embargo, el único sonido que podía oírse era el de las aves que vivían en los parajes remotos. No había ni un solo cuervo que volase desde el otro lado de las Llanuras de Bruno.

En el campo abierto donde las cabezas de las rameras estaban colgadas y los soldados fueron quemados hasta la muerte, los sacerdotes cantaron al unísono.

“Perdónalos. Perdónalos. Oh Diosa de Todo que reside en la claridad de los cielos, por favor, no abandones a estos niños completamente pecadores aún si se levantan. Miraremos sus profundos pecados y entregaremos nuestras vidas para permitirles a sus almas poder irse en paz. Vigila los cielos con misericordia y magnanimidad. Por favor, perdónalos. Por favor, perdónalos. Por favor, recoge las almas del cielo con la misericordia celestial…”.

De repente, el silencio se sintió ominoso.

Cuando hay silencio a los cuatro lados y eres incapaz de comprender nada, hay personas que lo aman y otras que son hostiles hacia él. Yo soy una persona que siempre prefiere la última.

Les ordené a mis comandantes.

— Envíen a nuestros exploradores. Envíenlos cerca. Ya que la niebla matutina es densa, les será difícil llevar a cabo el espionaje. Hagan reconocimiento cercano, pero que lo hagan arrastrándose por el suelo y no a caballo.

— ¿Qué deberíamos decirles que exploren?

— Lo que sea.

Para cuando hubo pasado el tiempo de recibir un bocado, los exploradores volvieron.

— No pudimos ver nada, Alteza. Fuertes gritos y llantos se escuchaban de vez en cuando, pero no pudimos oír más nada. Aunque la niebla no nos permitía ver claramente, parece que el campamento enemigo y sus cercos de madera siguen intactos.

— ¿Qué tan cerca exploraron?

— Nos arrastramos lo suficientemente cerca para estar próximos al alcance de fuego de las ballestas enemigas.
— Acérquense más. Háganlo y tráiganme un reporte.

Otra sensación de incomodidad se aferró a mi corazón. Los exploradores volvieron luego de tardar el doble de tiempo de la vez anterior.

— Alteza. No pudimos ver nada. No hay guardias enemigos en sus torres de vigilancia. Hay antorchas encendidas en cada una, pero no hay soldados enemigos protegiendo el fuego; es extremadamente extraño. La niebla sí que es severa, pero una vez que espiamos por las estrechas grietas de los cercos de madera, fuimos capaces, de alguna manera, de conocer el área fronteriza del enemigo. No había nadie rondando por las afueras del lugar.

— ¿No había patrulla?

— Así es.

— ¿Fueron capaces de seguir escuchando los gritos y llantos?

— Así es.

— Avancen más. Escalen los cercos y exploren el campamento enemigo. Se siente como si no hubiese obstáculos; adéntrense y echen un vistazo. Les permito ir a caballo. Se los encargo, pero muévanse bajo su propia discreción.

La ominosa sensación siguió aumentando hasta ennegrecer todo mi corazón.

El sonido del Lord Demonio Dantalian riéndose suavemente se pegó a esa negrura como una costra. ¿Acaso ese hombre? ¿Acaso…? Para cuando un ascua hubo brillado y estuvo lista para tragarse mi corazón en llamas, los exploradores regresaron tras un extenso periodo de tiempo.

— Alteza. En el centro del campamento enemigo había cadáveres alineados y soldados rasos, cuyos números casi alcanzaban los miles, atados con cadenas o sogas. Todos se quejaban como si hubiesen caído en una fosa. No hay prisioneros de los nuestros, solo de la raza demoníaca. Pasamos por un par de cuarteles enemigos, pero no había nadie. Había unos cuantos espantapájaros apoyados extrañamente sobre los cercos y las antorchas estaban ardiendo, pero eso era todo. Además de eso, solo había una torre de cráneos bien alta, nada más. No podía verse nada más.

— ¿En serio no había más nada?

— Así es.

Los comandantes se miraron entre sí con rostros perplejos. Fue en eso que la extraña sensación que estaba lamiendo mi corazón se filtró y fluyó en las bocas de los comandantes. Estos me miraron cuidadosamente.

— Alteza. No podemos bajar la guardia. Puede que el enemigo esté usando una táctica engañosa para arrastrarnos a…

— No –sacudí mi cabeza–. Han huido.

—……

— Infórmale a los demás ejércitos que el enemigo se ha retirado. Debemos decírselos de inmediato. Diles que la Princesa Imperial de Habsburgo desea tener una conferencia con ellos.

El grupo de sacerdotes seguía realizando su servicio memorial dentro del campamento militar. Mientras sonaban sus campanillas, transmitían su himno a través de la niebla que no dejaba que el ojo humano pudiese atravesarla. Ya que las muertes de los humanos eran algo urgente para ellos, parecía que tenían que notificarle al mundo acerca de ello con sus campanas e himnos.

“Perdónalos. Por favor, perdónalos. Incluso si esos niños no conocen las profundidades de sus pecados, te pedimos que no los abandones. Los enterraremos. Por eso, Oh Diosa de Todo, si hay un alma que fuere incapaz de ser enterrada, atiéndela en el cielo. Por favor, concédenos tu benevolencia. Perdónalos, por favor. Perdónalos…”.

“Calendario Imperial: Año 1506, Mes 4, Día 11”.

 

“El ejército de la Alianza Creciente se retira”.

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