Capítulo 19 – DD – Vos Vienes a Mí [Parte 8]

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Lord Demonio de la Inmortalidad, Barbatos. 8º Rango.

Calendario Imperial: Año 1506, Mes 4, Día 7.

Llanuras de Bruno – Ala Derecha del Ejército de la Alianza Creciente.

 

—………

Vacíamente.

Y en vano.

Observé como los soldados enemigos desaparecían en las cortinas de lluvia.

El acorralamiento había sido atravesado. Había juzgado que sería perfecto. Cuando el pensamiento: “Veo que la sabiduría de la puta de Paimon aún no ha muerto”, cruzó mi mente, estaba casi segura de nuestra victoria, pero…

No fui capaz de predecir que no seria capaz de bloquear a la unidad de caballería de un solo ejército que apareció de la nada y atravesó a nuestras tropas como un colmillo. Para cuando pude ser capaz de revelar brevemente el caos y organizar nuestras posiciones una vez más, la caballería enemiga, y además de eso, la infantería ya estaban retirándose con tranquilidad…

Snap.

—…maldita sea.

Otra vez.

Nuevamente, una victoria decisiva se me escapó de las manos justo frente a mis ojos.

Había hecho un montón de preparativos con el fin de comenzar esta guerra. Incendié la cordillera, manipulé la presión, y apenas fui capaz de establecer la expedición que estuvo a punto de convertirse en un fracaso debido al error del viejo Marbas. Todos los logros, en el momento donde el sudor y la sangre que había derramado hasta ahora iban a ser recompensados, estuvieron bajo nuestras narices y… los omití. Terminé desperdiciando la oportunidad.

— ¡Maldita sea!

Solo ira estalló desde mi garganta.

— Un poco más, si hubiésemos empujado un poco más… habríamos sido capaces de adquirir la tierra, la agricultura, y las llanuras ricas en donde nuestra raza podría cultivar y sobrevivir. Solo un poco más…

Eso era lamentable y penoso.

Por el hecho de que fui ridiculizada por una bastarda que trataba la guerra como si fuese un juguete, fui detestable.

—…Su Excelencia Barbatos.

Cuando mis rodillas estuvieron por ceder, hubo un sonido que me agarró por la nuca. En lo que me volví, mis subordinados, mis niños, esos que arrastré todo el camino hasta acá, estaba mirándome. Sus miradas se volvieron sogas que fueron capaces de envolver mi cuerpo y tirar de él.

Es cierto…

Soy el pilar de la Facción de las Llanuras.

La que ha liderado el deseo continuo de toda la raza demoníaca por 500 años.

Era la sombra de nuestra raza la que usaba métodos sucios de forma indiscriminada si eso significaba que nuestra gente podía pasar una tierra cálida y más fértil a nuestros hijos. No es un plebeyo el que se lamenta porque el mundo es lamentable, sino un Lord Demonio que apenas actúa como una alternativa mientras soporta ese resentimiento.

Era demasiado pronto como para caer.

Solo hemos fallado en una batalla.

Tragando el coagulo de sangre que se levantaba desde mi garganta, aferrándome a la voluntad que trataba de escapárseme de las articulaciones y clavándolas, añadiendo acero a mi ansiedad y desechando la espada de mi voluntad, me levanté como la Lord Demonio de la Inmortalidad.

—…Hm. Si, bueno. Lo pasé por alto. Mierda. En fin. Todo es posible. Si hay días donde jodemos a alguien, es obvio que también habrá momentos donde alguien nos joda. Aunque los Dioses no muestran igualdad en términos de amar a todas las existencias, son increíblemente justos cuando se trata de conceder la jodida miseria a toda la gente.

Sonreí.

La gente sonríe cuando se vuelven crueles con alguien. Ya que constantemente soy dura conmigo misma, puedo mostrar “risotadas” cuando me da la gana.

— Zepar, mi atrio izquierdo.

— Si, Su Excelencia. Yo, el Mayor General Zepar, estoy aquí.

— Escuché las celebraciones cuando la caballería enemiga cargó. Se trataba del lenguaje de Habsburgo. Esa puta de Elizabeth debió haber creado una estratagema. Te concederé mis Lobos del Remordimiento. Persíguela hasta el mismísimo infierno y despedázala.

—………

Zepar bajó su cabeza.

— Como ordene.

— Si. Síguela bien. Si fallas, entonces muere en el lugar.

Chasqueé mis dedos. Mi sombra zumbó antes de escupir 7 buches negros, los buches de bestias oscuras.

Capturar madres embarazadas vivas y verter maldiciones en ellas. Convertirlas en cadáveres vivientes que no puedan vivir ni morir. Luego de reunir 100 lémures de niños nacidos por esos cadáveres vivientes, el monstruo que obtienes por infundir esos lémures como uno da como resultado mi familiar exclusivo: el Lobo del Remordimiento.

Solo hay una forma de destruirlos. Solo las madres, quienes han realizado un mortinato, pueden escapar de las garras de los Lobos del Remordimiento. La razón por la que esas molestas brujas fueron capaces de proteger a Dantalian fue por eso. Es obvio ya que se trata de brujas, no ha de ser la primera vez que han experimentado algo como un mortinato. Sin embargo, si se trata de la noble Princesa Imperial del Imperio de Habsburgo, entonces ni siquiera debe haber experimentado un embarazo.

— Beleth, mi atrio derecho.

— A la espera de sus órdenes, Comandante de las Fuerzas.

— Hay una inferior, una mujer súcubo que siempre sigue a Dantalian. Debería estar encargándose de los suministros en la retaguardia. Atrapa a esa puta y tráela ante mí.

— No es mi preferencia amenazar a las mujeres y niños. Más sin embargo, recuerdo que a esa la tratan como una paria. Si un caballero tan lujoso como yo tocase a una cualquiera como esa, entonces mi dignidad…

— ¿Acaso quieres verme joder esa “elevada” dignidad tuya junto con todo tu cuerpo?

— Desde muy chico, deseé capturar un súcubo al menos una vez. Déjemelo a mí.

El 16º Lord Demonio Zepar, y el 13º Lord Demonio Beleth, los dos de mayor rango que apoyaban a la Facción de las Llanuras recibieron sus respectivas órdenes y se dispersaron.

Zepar probablemente aplaste a la Princesa Imperial Elizabeth a su manera y luego vuelva. No me preocupaba aun si tomase días. El problema no era ella, sino Dantalian.

Tenía la certeza absoluta de que esa mocosa humana no operó a su unidad por su cuenta. Probablemente recibió unas instrucciones apropiadas de Dantalian, y presentó toda esa mierda, con el fin de pisotearnos. Incluso si no había evidencia, no importaba. Mi vieja intuición, y mis instintos que fueron entrenados mientras pasaba por situaciones de vida o muerte en cientos de oportunidades, me estaban diciendo eso. Ese Dantalian y esa mocosa estaban planeando algo.

Dantalian. Eras adorable ya que realizabas trucos muy lindos. Sin embargo, constantemente estoy preparada para degollarte si me muestras los dientes. Eso es lo que te voy a demostrar ahora.

Poco después, Beleth regresó con una súcubo de cabello rosa. Me preguntaba si la había golpeado un par de veces con el fin de establecer un ejemplo ya que su mejilla derecha estaba hinchada.

—………

Si recuerdo correctamente, su nombre ciertamente era Lapis Lazuli. Incluso mientras la sangre brotaba de la comisura de la boca de esta desgraciada paria, ella seguía mirándome. Me veía con un rostro inexpresivo, como si estuviese amonestándome. Aunque no era la primera vez que nos veíamos, pues yo entraba y salía cada vez del “alojamiento” de Dantalian, no importaba cuantas veces la viera, no me agradaba esa mirada feroz.

— La he traído, Comandante de las Fuerzas. Este, ya que no era una puta maliciosa por naturaleza, la golpeé de antemano. Tsk. En serio, se siente asqueroso golpear cosas débiles.

— Buen trabajo. Colócala allí.

— Como ordene.

Thud.

Beleth bajó a la paria como si la hubiese lanzado. Ya que la parte superior de su cuerpo fue lo que cayó primero, esta recibió una herida en el rostro. Con una cara arañada por el piso y cubierta por lodo, la que era amante de Dantalian, y además una campesina mestiza, me miró.

—…esta se disculpa, Su Gran Existencia, pero esta no cree que esto sea una recepción apropiada. Sin importar lo inferior que pueda ser, este es el cuerpo que ha recibido la gracia real de Su Alteza Dantalian, además de estar a cargo de administrar la retaguardia de una sola unidad. ¿Por qué Su Gran Existencia infringe la estricta ley militar por su propia voluntad?

— No guardo rencor por tu personalidad, muchachita.

Agarré el cabello de la paria y le levanté la cabeza. Que molesto, esta campesina no ha mostrado ninguna expresión de dolor ni soltó ningún gemido de angustia. Simplemente me miraba a los ojos con una mirada inquebrantable.

— Sin embargo, la frustración sigue acumulándose hacia ese chico que te concedió esa gracia real. ¿Qué se puede hacer? Incluso durante el discurso, él traicionó mi confianza, y usó un método barato solo para evitar algún leve castigo. ¿Qué piensas que debería hacerle a ese chico, el cual hizo que esa general interina que tiene ridiculizara toda mi facción?

—………

La paria selló sus labios. Es cierto. No puedes responder eso. Ni siquiera sabes la respuesta. Levanté la comisura de mis labios.

— Si, yo estoy igual. Realmente no estoy segura de lo que debería hacer desde ahora. Es por eso que, en este momento, planeo visitar a Dantalian, para preguntarle directamente, y tú estarás allí. Sígueme, puta campesina.

Dantalian. Será una buena idea darme una explicación apropiada. No solo por tu propia seguridad, sino por este caramelito tuyo, al cual amas tanto… claro, si es que valoras su vida.

— Por ahora, ¿deberíamos hacer algo de calentamiento antes de visitar a Dantalian?

Sonreí ampliamente.

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