Capítulo 841 – ¡Sálveme Maestro!

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Sin embargo, la enfurecida voz de El Celestial resonó para llenar a todas las Tierras Desoladas, por lo que todos los que estaban de vuelta en el campo de batalla quedaron boquiabiertas y voltearon a ver al cuidador de tumbas.

Bai Xiaochun ya sabía que el cuidador de tumbas era poderoso. Pero verlo con sus propios ojos era algo distinto. ¡Ahora sí que entendía de verdad que el poder de batalla del cuidador de tumbas se encontraba en un nivel inimaginable!

—Esa niña se unió a El Celestial… pero al final los dos terminaron heridos y fueron forzados a escapar… —Bai Xiaochun tragó fuertemente repentinamente. Deseaba poder correr hacia el cuidador de tumbas y aferrarse a su pierna. Después de todo, su identidad había sido revelada frente a todos.

Después de pensar en todo lo que había hecho aquí en las Tierras Desoladas, su corazón empezó a palpitar con nervios. Sus acciones con la identidad de Bai Hao habían incitado el odio de incontables personas, y ahora que sabían que él era en realidad el notorio fugitivo Bai Xiaochun, no faltarían las personas que querrían matarlo con aún más ganas que antes. De hecho, si hicieran fila y se tomaran turnos, probablemente tendrían que pasar cien años antes de que todos tuvieran su oportunidad…

—El único que me puede salvar es el Bisabuelo Cuidador de Tumbas… Tengo que pensar en una manera de llamar su atención… —Murmuró consigo mismo y aprovechó que nadie le estaba prestando atención, para empezar a acercarse poco a poco hacia el cuidador de tumbas.

Todos los demás seguían pasmados por la impresionante batalla que acababan de presenciar. En cuanto al cuidador de tumbas, este suspiró y decidió no perseguir a El Celestial. No era que no quisiera; simplemente no podía. De ser posible, ¡hubiera preferido evitar este nivel de conflicto con el Celestial de hacía un momento!

La verdad era que en realidad no le quedaba mucho tiempo…

Había estado muy reacio a usar esa habilidad divina que le infligía heridas eternas al mismísimo mundo. Ahora había cinco heridas abiertas en el cielo.

Y en el suelo, se podía ver una gigantesca montaña, un río de sangre, un caldero dorado… ¡y un sol!

Todos era objetos eternos. Y claro, el cuidador de tumbas sabía bien que las cosas eran tal y como había dicho El Celestial; no podría volver a usar esa habilidad divina.

Los cinco elementos; metal, madera, agua, fuego, tierra, estaban muy vinculados a los cinco órganos yin, eran únicos, pero también contaban como un as bajo la manga, incluso para el cuidador de tumbas.

—Qué lástima que solo le logré quitar ese cabello de sangre, —murmuró consigo mismo—, y no lo logré matar por completo… —Ahora se veía aún más viejo que antes, y su aura claramente se debilitaba de tal manera que no podría recuperarse.

El Celestial le había puesto una trampa, ¡y él había convertido esa trampa en una emboscada letal!

Pero al final, ninguno de los dos tuvo éxito con sus planes.

El que la niña escapara no era muy importante para él, de hecho, la había dejado ir a propósito. Sabía exactamente de dónde provenía, y en realidad evitar matarla era una medida preventiva. Además, tenía otra meta en mente, y sabía que podría lograr hacer que ella lo ayudara sin saberlo.

¡Lo que más le importaba era El Celestial!

Mientras el cuidador de tumbas suspiraba y contemplaba las cosas, la fría voz de una mujer se escuchó repentinamente y quebró el silencio.

—¿¡Te crees que te puedes escapar Bai Xiaochun!? —Esta era justamente la Dama Polvo Rojo que finalmente se había despertado de su ensoñación. Cuando volteó y vio que Bai Xiaochun se estaba alejando de ella, recordó el encuentro previo de ambos en el laberinto, y se enfureció de inmediato.

Su grito hizo que todos volvieran en sí, y todos voltearon a ver a la Dama Polvo Rojo y a Bai Xiaochun. Se podía ver una expresión extraña en el rostro del Rey Fantasma Gigante. Por los ojos del Sumo Pontífice del Cielo pasó un resplandor y se quedó viendo al cuidador de tumbas. Por otro lado, el Rey Campeón de Guerra y el Rey Nueve Serenidades tenían el ceño fruncido. La única persona con una sonrisa era el Rey Adviento espiritual, y de verdad parecía una sonrisa genuina y alegre.

Chen Haosong y los demás duques celestiales tenían expresiones espantosas. Durante esa impresionante batalla de hacía un rato, no habían podido prestarle atención a Bai Xiaochun. Pero ahora que la batalla había concluido, recordaron que este había estado usando el nombre de Bai Hao, y recordaron el caos que había creado por todas las Tierras Desoladas. Esto hizo que apareciera un resplandor con malas intenciones en sus ojos.

El corazón de Bai Xiaochun se llenó de terror y su expresión cambió. Retrocedió rápidamente varios pasos y gritó fuertemente, —¡Cálmense todos! ¡Puedo explicarlo!

Los semidioses no se molestaron en moverse, ni tampoco los duques celestiales. Pero la ira de la Dama Polvo Rojo no podía haber sido más dramática. Al recordar lo que le había hecho en el laberinto, y luego al pensar que este era ahora su prometido, se enfurecía tanto que no pudo evitar salir disparado hacia él.

—¡¡Me debes una explicación Bai Xiaochun!! —le gritó.

—Zimo… ¡te salvé la vida! ¡¡Soy tu benefactor más grande!! —Respondió este mientras retrocedía aún más rápido y aún más nervioso.

Se volteó hacia el Rey Fantasma Gigante y gritó, —¡¡Sálvame Suegro!!

Sus palabras hicieron que aparecieran aún más expresiones extrañas en los rostros de los semidioses. El Rey Fantasma Gigante se aclaró la garganta como avergonzado y pretendió no haberlo oído. Pero la ira de la Dama Polvo Rojo solo incrementó más.

—¡¡Cállate!! —le respondió y aceleró hacia Bai Xiaochun. Este estaba lleno de nervios y empezó a correr hacia el cuidador de tumbas.

—¡¡Sálveme Maestro!!

Cuando dijo la palabra «Maestro», el Sumo Pontífice del Cielo se quedó sin aliento, y el Rey Fantasma Gigante quedó boquiabierto. Las expresiones del Rey Nueve Serenidades, el Rey Campeón de Guerra y el Rey Adviento Espiritual cambiaron, y los corazones de Chen Haosong y los duques celestiales empezaron a latir con fuerza.

Incluso la Dama Polvo Rojo fue tomada desprevenida y se detuvo súbitamente. Se le abrieron los ojos de par en par y se quedó viendo como Bai Xiaochun se acercaba al cuidador de tumbas y le ofrecía saludos forales tal y como haría un aprendiz con su Maestro.

El cuidador de tumbas no sabía si reír o llorar. Solo se quedó viendo como Bai Xiaochun lo observaba de manera dramática, y no pudo evitar sacudir la cabeza. Ondeó su manga y se negó a decir nada, simplemente se desvaneció y se llevó consigo a Bai Xiaochun.

El Sumo Pontífice del Cielo y los demás se quedaron mirando el lugar desde el que el cuidador de tumbas acababa de desaparecer, y sus corazones estaban conmocionados. El hecho de que Bai Xiaochun usara la palabra «Maestro» los dejó profundamente impactados.

Chen Haosong se sintió repentinamente muy nervioso, y se olvidó de cualquier idea de causarle más problemas a Bai Xiaochun. Aunque el cuidador de tumbas no lo había admitido verbalmente, el que se llevara consigo a Bai Xiaochun bastaba para explicarlo todo.

Claro, el Sumo Pontífice del Cielo hacía tiempo que había caído en cuenta que el cuidador de tumbas se había interesado en Bai Xiaochun. Después de un corto momento de silencio, les transmitió mensajes a los cuatro reyes celestiales. Por respeto al Emperador del Infierno, ¡aceptaron mantener en secreto el asunto de la identidad de Bai Xiaochun!

Las únicas noticias que permitirían divulgar serían que la niña había estado haciéndose pasar por Bai Xiaochun. Su verdadera identidad no sería revelada.

Después de acordar todo esto formalmente, cada uno siguió su camino. La batalla de hacía un rato había sido demasiado súbita y demasiado importante. Se necesitaba poner en acción a las tropas. Al fin y al cabo, el que la Gran Muralla cayera… implicaba que grandes cambios estaban por venir.

Los últimos en irse fueron el Rey Fantasma Gigante y la Dama Polvo Rojo. Había emociones encontradas en el rostro del Rey Fantasma Gigante, este se volteó a ver a su impactada hija. Y suspiró.

—Mo’er, creo que no pensé bien las cosas. Sobre el acuerdo de matrimonio… Cancelémoslo, ¿de acuerdo?

La Dama Polvo Rojo se quedó de pie en silencio mirando al vacío. No dijo nada. En su mente solo estaba la imagen de Bai Xiaochun sacándola del peligro en un momento de crisis mortal. En vez de escapar por sí solo, había decidido protegerla…

Todos se fueron eventualmente y el silencio volvió a la tierra. Sin embargo, las cinco heridas en el cielo aún estaban allí, unas fisuras inmensas que se habían abierto durante el curso del combate. La evidencia de la descomunal batalla que había tomado lugar allí.

De regreso en el Área Restringida del Río del Inframundo, aparecieron dos figuras de la nada en una de las riberas del río. Estos eran justamente el cuidador de tumbas y Bai Xiaochun.

Bai Xiaochun estaba tan nervioso como siempre. Sabía que el asunto de su identidad se había decidido dejar como un secreto, y en este momento, estaba juntando sus manos de manera formal y educada hacia el cuidador de tumbas.

—Bisabuelo Cuidador de Tumbas… Uhm… No es que quisiera engañarlos a todos. Usted lo sabe, ¿verdad señor? Yo, Bai Xiaochun, ¡soy una persona de corazón amable! ¡No me gusta causar problemas! Siempre me porto muy bien. Solo quiero volver a la Secta Desafiadora del Río. Ellos eran los que querían matarme. Me tuve que disfrazar para poder volver a casa a salvo. ¿La Proclamación de la Gracia Universal? ¿El Comisionado Inspector? ¿Las extorsiones? Yo no quería hacer nada de eso. Ah… ¡a veces uno debe ceder algunas cosas en esta vida! —Mientras hablaba, mantenía el ojo puesto sobre el cuidador de tumbas para ver su actitud. Pero conforme procedía, más le parecía que era él, el que se estaba llevando la peor parte. Solo había seguido la corriente, y esto lo había terminado forzando a hacer muchas cosas que en realidad hubiera preferido no hacer.

En el rostro del cuidador de tumbas no se veía ninguna expresión mientras escuchaba a Bai Xiaochun. Al final solo ondeó su mano, convocó un medallón de comando negro y se lo arrojó a Bai Xiaochun.

—El Celestial usó agua del Mar Alcance Celestial para crear una barrera en el lugar en que alguna vez estuvieron las cuatro secciones de la Gran Muralla. Nadie podrá pasar a través de esa barrera a corto plazo. Yo no puedo salir de las Tierras Desoladas, así que no te puedo escoltar a casa. Si de verdad quieres volver a la Secta Desafiadora del Río, tendrás que pasar a través del Barrizal Muerto. Y la única manera de que pases a salvo es con este medallón de comando.

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