Capítulo 834 – ¡La Llegada del Emperador del Infierno!

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Todos sentían una increíble presión en sus corazones por culpa de esa extraña niña, y todos se preguntaban cuáles serían las consecuencias dependiendo de cómo resultaran las cosas.

Y sin embargo… justo en medio de ese esfuerzo amargo tan dramático, Bai Xiaochun apareció… gritando de manera exagerada mientras se arrastraba bajo un caparazón de tortuga. Todos quedaron completamente atónitos.

La lengua del Rey Fantasma Gigante estaba pegada a su paladar, y el Rey Adviento Espiritual tenía la boca abierta de par en par. No había ni que mencionar lo impactado que estaba el Sumo Pontífice del Cielo.

Todos los ojos estaban fijos sobre Bai Xiaochun quien avanzaba gritando bajo su caparazón de tortuga, el cual se acercaba cada vez más al Rey Fantasma Gigante.

—Bai… —empezó el Rey Fantasma Gigante. Pero antes de que pudiera siquiera pensar en qué decir, Bai Xiaochun lo agarró por la pierna, se volteó, y empezó a llevárselo a rastras.

El Rey Fantasma Gigante ya estaba muy débil de por sí. Así que cuando Bai Xiaochun empezó a jalarlo, ni se molestó en resistirse. Bajo los ojos de todos los presentes, era como una estatua que estaba siendo jalada firmemente hacia una zona segura.

—Ouch… ¡auch! ¡Te sacaré de aquí, aunque muera en el proceso suegro! Auu… ¡ouch!

Por supuesto, Bai Xiaochun seguía con sus gritos mientras arrastraba al Rey Fantasma Gigante.

—Lo que sea que funcione… —Era lo que todos pensaban, fuera adentro o afuera de ese lago de sonido. La niña tenía una mirada vacía por el asombro. Ni ella tenía idea de que Bai Xiaochun podría tener un método como este para llevarse a alguien a una zona segura…

Quizás no sería gran cosa si solo salvaba al Rey Fantasma Gigante. Pero justo cuando estaba acercándose a los bordes de ese lago de sonidos, el Rey Adviento Espiritual, quién parecía ponerse más pequeño con cada momento que pasaba, inhaló profundamente y gritó, —Bai Hao… eh… ¿¡por qué no me arrastras a mí también!?

Las miradas vacías de asombro de los espectadores se tornaron aún más pronunciadas, y muchas bocas estaban abiertas de par en par. Aunque aún permanecía esa sensación amarga y trágica que se había aferrado al campo de batalla… lentamente se estaba desvaneciendo.

Bai Xiaochun ignoró al Rey Adviento Espiritual. Avanzó con toda su velocidad y arrojó físicamente al aún impactado Rey Fantasma Gigante directamente afuera del lago de sonidos. La Dama Polvo Rojo se acercó rápidamente y lo atrapó con emoción.

Al ver que el Rey Fantasma Gigante ahora estaba a salvo, Bai Xiaochun dejó salir un suspiro de alivio y se preparó para arrastrarse afuera.

—Hey, Bai Hao… Uhm… ¿no te acuerdas de Shanshan? ¡Te está esperando en la Ciudad de Adviento Espiritual! —Expresiones aún más raras aparecieron en los rostros de los espectadores. Bai Xiaochun se sintió un poco irritado y miró al Rey Adviento Espiritual desde abajo del wok de tortuga. Luego recordó que no hubo nada que se metiera en su camino para salvar al Rey Fantasma Gigante, así que apretó los dientes se volteó y entró de nuevo.

Mientras se acercaba al Rey Adviento Espiritual, los gritos exagerados de dolor continuaban, luego sujetó su pierna tal cual como había hecho con el Rey Fantasma Gigante. En medio de los golpes de las ondas sonoras, se llevó a rastras al Rey Adviento Espiritual hasta los bordes del lago y lo lanzó hacia afuera.

Durante todo el proceso, se escuchaban refunfuños y maldiciones debajo del wok de tortuga.

—Rey Adviento Espiritual… ¡ough! ¡¡Eres demasiado gordo!! ¿¡No puedes perder algo de peso!? Apenas te puedo mover… ¡auch!

El Rey Adviento Espiritual se sentía bastante avergonzado por toda la cosa. Pero siguió reduciendo su tamaño conforme avanzaba, hasta llegar más o menos al tamaño de una persona normal. Fue entonces que Bai Xiaochun finalmente lo arrojó afuera del lago de sonidos.

A estas alturas, los diez duques celestiales se sentían extremadamente nerviosos. Sus bases de cultivo eran las más bajas, por lo que no podía ni hablar. Apenas podían dirigir miradas suplicantes hacia Bai Xiaochun. A Bai Xiaochun se le ablandó el corazón al ver eso.

Ah, lo que sea. Todos ustedes me odian, pero soy un tipo generoso. De cualquier modo, cómo dice el dicho, si vas a arrear el rebaño, no hay por qué no reunirlo todo… —Suspiró pensando en lo importante de su misión y se volvió a arrastrar de un lado a otro dentro del lago de sonidos, acompañado de gritos exagerados claro… Después de un rato, ya había arrastrado al atónito Sumo Pontífice del Cielo y al orgulloso y arrogante Rey Campeón de Guerra, así como a Chen Haosong y los demás devas.

Todos se quedaron viendo fijamente cómo Bai Xiaochun los salvaba a todos uno por uno. Después de un rato, solo quedó una persona en el área de 500 kilómetros… ese era el Rey Nueve Serenidades, quien permanecía de pie con una mirada vacía en su cara.

Hacía tiempo que había empezado a maldecir por dentro; pero rápidamente se dio cuenta de que Bai Xiaochun parecía estarlo ignorando y salvando a todos los demás.

Aunque sabía todo lo que había pasado entre Bai Xiaochun y su hijo Zhou Hong, no pensaba que esto le merecía un trato como este. Al menos debería haberle dejado a algunos otros atrás para hacerle compañía…

A estas alturas, la niña parecía estas por volverse loca, su rostro estaba retorcido por la ira. Quizás podría aceptar que su técnica no lo afectara a él, pero tenía que ir a rescatarlos a todos…

Mientras empezaba a descender en la histeria, el Sumo Pontífice del Cielo y los demás se sentaron de piernas cruzadas y empezaron a recuperarse. El proceso avanzaba muy rápido usando una magia secreta de semidiós. Después de un rato, ya el Rey Fantasma Gigante no se veía tan débil y estaba mayormente recuperado.

Si nada más interfería, no pasaría mucho tiempo antes de que todos los semidioses volvieran a su mejor condición.

—¡¡Bai Xiaochun!! —gritó la niña. Todos en la zona se paralizaron al escuchar su voz, y Bai Xiaochun se estremeció con nervios. Pero antes de que pudiera ocurrir algo más, el Sumo Pontífice del Cielo, el Rey Campeón de Guerra, el Rey Adviento Espiritual y el Rey Fantasma Gigante abrieron sus ojos. Cuatro semidioses se pusieron de pie y avanzaron para atacar ese mar de sonidos de 500 kilómetros.

Mientras tanto, el Rey Nueve Serenidades aulló a todo pulmón y se esforzó con todo para unirse al asalto de los otros cuatro semidioses.

Unos estallidos impresionantes se escucharon por doquier, y el lago de sonidos de 500 kilómetros empezó a temblar y a derrumbarse. Después del tiempo de solo unos diez respiros, fue destruido por completo. El Rey Nueve Serenidades tosía sangre y se tambaleaba hacia atrás, se veía claramente más viejo y obviamente estaba seriamente herido.

En cuanto el lago de sonidos colapsó, el Sumo Pontífice del Cielo y los otros cuatro semidioses atacaron con todo su poder, desataban una habilidad divina tras otra. La niña gritaba salvajemente frente a todo esto, y la conglomeración de sangre violeta se retorció y asumió una forma humana. Entonces la niña levantó ambos brazos por el aire.

Cuando lo hizo, el cielo se distorsionó y todo retumbó. Todas las almas de las Tierras Desoladas que habían estado moviéndose hacia ella aumentaron dramáticamente su velocidad, eran cientos, de cientos, de cientos de millones… todas acercándose hacia la niña.

El cielo hasta se opacó por los aullidos de tantas almas vengativas. ¡Sus números alcanzaron los billones rápidamente y daban vueltas cómo un ciclón alrededor de la niña!

La reunión de almas rápidamente empezó a tomar la forma de un rostro, un rostro que llenaba todo el cielo. Era el de una niña, tenía ojos siniestros repletos de ira y resentimiento; y estremecieron el mundo entero.

—¡Nadie los puede salvar! —rugió con todas las voces juntas de incontables almas vengativas. También abrió la boca de ese rostro de almas y salió un humo negro.

Esas ráfagas de viento estaban repletas de un poder impresionante, el Sumo Pontífice del Cielo y los otros semidioses se quedaron atónitos. Bai Xiaochun también abrió la boca y empezó a retroceder.

Ese viento llevaba consigo un poder capaz de erradicar a toda la creación… pero antes de que pudiera ocurrir eso… se escuchó el eco de un suspiro, ¡un suspiro profundamente antiguo!

Una figura apareció en medio de esos vientos negros. Llevaba una túnica larga y negra, y al principio no se podía distinguir su rostro. Era tan viejo que quienquiera que lo viera llegaría a la conclusión de que acababa de salir de los tiempos más profundamente antiguos.

—¡Bisabuelo Cuidador de Tumbas! —dijo Bai Xiaochun impactado.

—¡¡Emperador del Infierno!! —gritó el Sumo Pontífice del Cielo y los demás semidioses, sus rostros tenían expresiones de profunda veneración.

Bai Xiaochun quedó boquiabierto al escuchar cómo se referían al cuidador de tumbas.

Aunque todo esto tarda un poco en describirse, ocurrió en apenas unos instantes. El cuidador de tumbas parecía existir en una dimensión distinta a ese viento negro, el cual no le afectaba para nada. Avanzó caminando hasta quedar frente al enorme rostro de esa niña. Luego extendió su antigua y marchita mano, y presionó.

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