Capítulo 786 – Sumo Pontífice del Cielo, ¡Su Humilde Servidor Tiene un Plan!

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El Sumo Pontífice del Cielo apartó su mirada de Bai Xiaochun y dijo fríamente, —Discutiremos su solicitud en un momento.

El hombre de la barba se contuvo al escuchar esto, y volteó a ver a Chen Haosong.

La Sala del Sumo Pontífice del Cielo estaba muy silenciosa. Entonces Bai Xiaochun alzó la mirada, respiró hondo y se preparó para hablar. Pero el Sumo Pontífice del Cielo no se lo permitió.

Volteó hacia Chen Haosong y dijo, —Duque Celestial Chen, ¿también viniste a hablar de la Gran Muralla?

La expresión de Chen Haosong se mantuvo igual que siempre, dio varios pasos hacia adelante, juntó sus manos y se inclinó.

—Sumo Pontífice del Cielo, la situación en la Gran Muralla es urgente. Hasta la circunstancia inesperada más pequeña que ocurra allí podría tener graves repercusiones en las Tierras Desoladas. También pienso que debemos fortalecer nuestras defensas. ¡Tenemos que enviar a más cultivadores de almas y a más nigromantes para mantener el frente!

—Pero un esfuerzo como este requerirá mucha medicina de almas y otros recursos. Sumo Pontífice del Cielo, ¿podría conceder su permiso para esto? ¡También estoy dispuesto a ir al frente a supervisar la avanzada! —Dicho esto, juntó sus manos y se volvió a inclinar.

Ya que había dos duques celestiales diciendo prácticamente lo mismo, hasta el Sumo Pontífice del Cielo debía tomárselo con seriedad.

—¿De cuántos recursos estamos hablando?

Chen Haosong dijo sin vacilar, —8.000.000.000 de porciones de medicina de almas, así como cerca de 1.000.000.000 de otros objetos necesarios para la cultivación de rutina y la construcción de formaciones de hechizos. Con esos recursos, ¡estoy seguro de poder evitar que los cultivadores del Río Alcance Celestial den siquiera un solo paso sobre las Tierras Desoladas!

No se podía ver ninguna expresión en el rostro del Sumo Pontífice del Cielo, aunque estaba golpeteando el posa brazos de su trono con el dedo. Estaba enojado por dentro. La cantidad de recursos que le pedían para las defensas eran mucho más de lo usual.

Pero el Sumo Pontífice del Cielo no podía hacer mucho al respecto. Aunque gran parte de la aristocracia era leal a él, todos tenían sus propias ambiciones personales, y querían aumentar el honor y la gloria de sus propios clanes. Por esto era que la guerra siempre conllevaba un consumo considerable, y también era una de las razones por las que el Sumo Pontífice del Cielo no podía simplemente prohibirles a los clanes acumular sus riquezas.

La Sala del Sumo Pontífice del Cielo entró en silencio nuevamente. Nadie decía nada. Hasta Bai Xiaochun podía ver que el Sumo Pontífice del Cielo estaba pensando, los recursos solicitados eran algo vasto. En cualquier otra ocasión, le hubiera impactado escuchar tales números, pero ahora estaba tan preocupado por Bai Hao que no tenía tiempo de pensar en eso. Además, con cada momento que pasaba, era otro momento de peligro para su aprendiz.

Pero también podía ver que, para el Sumo Pontífice del Cielo los asuntos que tenía al frente eran muchos más importantes que una solicitud suya. No podía simplemente irrumpir. De hecho, hacerlo seguramente empeoraría las cosas.

Solo podía esperar que la discusión actual terminara tan rápido como fuera posible, entonces podría pedirle ayuda al Sumo Pontífice del Cielo.

Por la mente de Bai Xiaochun pasaban un montón de ideas, y debido a su preocupación y nervios, ni siquiera se dio cuenta de que el Sumo Pontífice del Cielo había volteado a verlo a él.

El Sumo Pontífice del Cielo podía ver que Bai Xiaochun estaba muy nervioso, y que claramente había algún asunto importante que quería discutir. Entonces sus ojos se iluminaron y apareció una expresión descontenta en su cara.

—Bai Hao, desde que llegaste, se nota que tienes un asunto urgente en mente. ¿Será que la Mansión de Inspecciones ha conseguido alguna evidencia nueva importante?

Chen Haosong se sorprendió, y volteó hacia Bai Xiaochun, lo mismo hicieron todos los demás.

Bai Xiaochun apenas podía respirar con calma, le regresó la mirada al Sumo Pontífice del Cielo estando allí de pie. El claro descontento en la mirada del Sumo Pontífice del Cielo destruyó cualquier noción de Bai Xiaochun de que el hombre no estuviera interesado en descartarlo. Su corazón se estremeció, y decidió que, ya que las cosas estaban tan mal, tendría que simplemente esperar que tuviera suerte.

—Sumo Pontífice del Cielo, este asunto no involucra a la Mansión de Inspecciones. Su Humilde servi…

Antes de poder decir algo más, el Sumo Pontífice del Cielo sacudió su mano para interrumpirlo. —Ya que no tiene nada que ver con la Mansión de Inspecciones, entonces guárdatelo.

Sus palabras le dieron a Bai Xiaochun cómo un rayo, su mente empezó a dar vueltas. La pequeña esperanza que llevaba en su corazón fue abrumada por la amargura. Aunque ya sospechaba de hacía tiempo que la actitud del Sumo Pontífice del Cielo había cambiado, que le confirmaran así sus sospechas lo estremeció por dentro.

—Si te quieres deshacer de mi está bien, pero no tienes por qué ser tan obvio… —A estas alturas, era evidente que no estaría recibiendo ayuda del Sumo Pontífice del Cielo con el asunto de la desaparición de Bai Hao.

Por otro lado, los ojos de los dos duques celestiales presentes resplandecieron al escuchar las palabras del Sumo Pontífice del Cielo, y Chen Haosong hasta puso una fría sonrisa.

Por lo que podía ver, el Sumo Pontífice del Cielo estaba enviando un mensaje claro, su herramienta previa estaba por ser descartada.

Había distintas expresiones en los rostros de los seis marqueses celestiales, y todos reían fríamente por dentro. Por lo que podían ver, era evidente que Bai Hao estaba por ser descartado, una cosa de alegrarse para toda la nobleza y la aristocracia.

Estaban muy familiarizados con el Sumo Pontífice del Cielo, y sabían que Bai Xiaochun ahora era cómo un bote en un mar tormentoso, podía naufragar en cualquier momento.

Lo que ocurría en este momento era más evidencia de esto.

—¡Los días de Bai Hao están contados!

—Parece que sufrirá un destino muy distinto al del último comisionado inspector, Hei Ming… Veamos si conoce su lugar. Si es listo, se resignará tranquilamente y esperará que el Sumo Pontífice del Cielo le dé una oportunidad de vivir. Si sigue sirviendo como el comisionado inspector, ¡entonces seguramente terminará muerto!

—Hmph. Aunque se resigne, el Sumo Pontífice del Cielo no lo dejará ir así nada más. Ha ofendido a demasiadas personas. ¡Todos lo quieren muerto! Sin el título de comisionado inspector para protegerlo, ¡es obvio que terminará muerto!

Todos en la sala pensaban algo distinto, pero todos veían la situación con frialdad. Aunque Bai Xiaochun no podía verles los ojos, sabía bien de su actitud general.

Ya le estaba costando respirar con normalidad, sus ojos estaban completamente inyectados de sangre. Los nervios y la preocupación por Bai Hao lo consumían completamente. Y esto solo empeoraba al pensar en lo que pasaría si su identidad era revelada. También estaba el cambio súbito en la postura del Sumo Pontífice del Cielo.

Además de eso, era evidente que las noticias de lo ocurrido hoy se divulgarían rápidamente por la Ciudad del Archi-Emperador. En poco tiempo, toda la nobleza y la aristocracia lo sabría. Su temor a él se desvanecería rápidamente y empezarían a probar y a desafiarlo. No pasaría mucho tiempo antes de que se quedara arrinconado y sin manera de salir vivo.

A estas alturas, era obvia la razón por la que las personas se sintieron con la suficiente confianza para actuar contra Bai Hao. Evidentemente habían asumido que el Sumo Pontífice del Cielo planeaba deshacerse del comisionado inspector.

Si no hacía algo para manejar la situación, entonces cuando los captores de Bai Hao se enterarán, cualquier temor que les quedara terminaría de esfumarse. La situación de Bai Hao sería peor que nunca, y Bai Xiaochun estaría en un peligro extremo.

Si quería salvar a Bai hao, tendría que estabilizar su posición primero. Necesitaba aún más poder que antes. Solo entonces podría meter miedo en los corazones de los captores de Bai Hao, ¡y también usar su nuevo poder para conseguir las pistas que necesitaba!

Todo dependía del Sumo Pontífice del Cielo. Sin importar cómo lo hiciera… lo que tenía que hacer era convencer al Sumo Pontífice del Cielo de no deshacerse de él. No solo eso, ¡tenía que hacerse más importante!

¡Solo entonces tendría una oportunidad!

—¡Ustedes me están forzando! —pensó, apretó los dientes y permaneció allí temblando. Ahora tenía que olvidarse de la cautela. ¡Tenía que voltear la mesa! ¡Era hora de implementar el plan que Bai Hao había preparado la primera vez que Bai Xiaochun fue asignado como el comisionado inspector!

A Bai Hao se le había ocurrido el plan de acuerdo a sus especulaciones sobre lo que haría eventualmente el Sumo Pontífice del Cielo. Y ahora estaba haciendo justamente eso. Bai Xiaochun antes pensaba que el plan era demasiado despiadado.

Después de todo, cualquier intención asesina que sintieran la nobleza y la aristocracia hacia él en este momento, no era más que algo temporal, y se desvanecería con el paso de los años. Pero si procedía con el plan de Bai Hao, entonces la nobleza y la aristocracia lo odiaría por el resto de sus vidas. Sería un odio que llegaría hasta lo profundo de sus seres, ¡hasta sus almas!

Por eso siempre vacilaba en implementarlo. Pero ahora necesitaba hacerse más importante que nunca para el Sumo Pontífice del Cielo. ¡Y tenía que encontrar a Bai Hao! Y ya que no podía hacerlo él mismo, necesitaba la ayuda de un benefactor. ¡El Sumo Pontífice del Cielo! Además, requería la ayuda de muchas personas a través de la Dinastía del Archi-Emperador, personas que actuarían cómo sus agentes entre todos los clanes.

Necesitaba saber todo lo que ocurría en todos esos clanes. Solo entonces podría conseguir los resultados que quería con su investigación, ¡y revelar quienes eran los responsables de la captura de Bai Hao!

Al llegar a este punto de sus ideas, respiró hondo. Sus ojos se inyectaron de sangre, dio un paso adelante hacia el Sumo Pontífice del Cielo. Juntó sus manos, se inclinó profundamente y dijo con la voz más fría y siniestra.

—Sumo Pontífice del Cielo, su humilde servidor ha venido hoy porque tengo un plan. ¡Un plan que resolverá todos sus problemas!

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