Capítulo 650 – El Miserable Rey Fantasma Gigante

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—Bai Hao, pequeño bastardo, ¡espero que sufras una muerte horrible! Tú… tú… ¡un día de estos recibirás tu merecido! Si no te mato yo mismo, ¡entonces mi hija vendrá a despedazarte un día!

Aunque el rey fantasma gigante estaba enfurecido, era un rey semidiós; no era tan bueno para maldecir a otros. Así que solo pudo pensar en algunas cosas sencillas, las cuales repitió una y otra vez con algunas variaciones.

Bai Xiaochun se aclaró la garganta orgullosamente e ignoró completamente la manera en la que lo insultaban. De hecho, hasta consideró pensar en dejar que la pequeña tortuga le enseñara un par de cosas sobre cómo insultar a otros.

Cuando esta idea pasó por su mente, siguió adelante, no solo usaba al rey fantasma gigante como escudo, incluso lo usaba para atacar. Sus acciones y sus impresionantes tesoros reforzados catorce veces ya le habían permitido acercarse a la entrada del Bloque D.

Aunque todos en el Clan Bai ardían con una ira insaciable, simplemente no lograban matar a Bai Xiaochun. No solo era increíblemente resistente, también lo ayudaban cuatro clones y un montón de objetos mágicos sorprendentes.

Estaba ese extraño parasol que podía absorber fuerza vital y reponérsela, y también se podía mover con una velocidad impresionante. El poder de su cuerpo carnal era increíble, y podía teletransportarse… era completamente imposible para ellos matarlo en tan poco tiempo.

El viejo con la marca roja en la cara era un misterio aún más profundo para los cultivadores del Clan Bai. Sin importar que tanto le impactaran, aún con objetos mágicos poderosos, ni siquiera tosió una bocanada de sangre.

Bai Xiaochun por su parte, estaba abriéndose paso cada vez más cerca de la entrada.

Los ancianos del clan estaban empezando a ponerse bastante nerviosos, y hasta se unieron para un ataque que llenó el Bloque entero de estruendos. Emanaron poderosas fluctuaciones por todos lados, y una luz multicolor se extendió por doquier. Pero Bai Xiaochun seguía usando al rey fantasma gigante, y este no dejaba de maldecirlo constantemente.

—¡¡Morirás sufriendo Bai Hao!! ¡¡Un día de estos recibirás tu merecido!! —El rey fantasma gigante tenía ganas de llorar, pero no le salían las lágrimas. Su cabello estaba arruinado, sus ropas resquebrajadas. Ya no le quedaba nada de la dignidad de un experto semidiós, hasta se podían ver moretones y heridas en su piel.

Ya que este era su verdadero ser, y era un semidiós, su cuerpo no era eternamente indestructible, pero era tan fuerte que sería difícil matarlo en circunstancias como esta. A excepción de los devas, cualquier oponente que enfrentara no podía herirlo más que un mosquito. Solo podrían matarlo si lo desgastaban por mucho tiempo.

La ira que ardía en su corazón ya era tan caliente que ni las aguas del Río del Inframundo podrían extinguirla. El dolor e indignación que sentía eran considerables; a pesar de los tantos años que había vivido y de su tenacidad, realmente tenía ganas de llorar.

A estas alturas, sentía que le habían caído ocho generaciones acumuladas de mala suerte… Era imposible describir lo humillado que sentía por haberse topado con este maldito Bai Hao. Luego recordó su plan original, y que se suponía que permanecería en el Penitenciario Diabólico por varios días más antes de emerger como una cigarra que salía de su caparazón, dejando atrás su período de decaída.

Aunque los tres grandes clanes lo encontraran antes de completar el proceso, gracias la formación de hechizos de la tortuga de piedra, no serían capaces de derrotarlo. Y debido a todo eso, siempre había estado viendo con desdén a los tres grandes clanes, y hasta anticipaba verles cada vez más aterrados conforme el tiempo pasaba. Desde el principio… se suponía que todo estaba bajo su control.

De hecho, su confianza y anticipación eran tan grandes, que ni le había mencionado su situación actual a su hija que estaba en la ciudad imperial.

Habían pasado ya muchos, muchos años, desde que se metía en una situación interesante, por lo que había tenido muchas ganas de ver este pequeño juego.

Pero jamás se hubiera podido imaginar que su juego terminaría así…

—No debería haber salido así… —pensó miserablemente. Su corazón ya se había abrumado de arrepentimientos. Había planeado todo tan cuidadosamente, y preparado todo perfectamente. Jamás se hubiera podido imaginar que las cosas saldrían de esta manera… jamás se hubiera podido imaginar que uno de los peones de su juego le arruinaría todo…

Ahora solo podía ver cómo le arrojaban todo tipo de habilidades divinas y objetos mágicos. Sus oídos solo percibían estallidos y su corazón se lamentaba cada vez más.

—¡¡Me niego a aceptar esto!! —se lamentó por dentro. Sus ojos estaban inyectados de sangre. Pero ya no podía hacer nada. Había estado intentando contactar en secreto con la formación de hechizos, pero no recibía ninguna reacción, su desesperación solo empeoraba a cada momento.

En medio de la impotencia y los lamentos del rey fantasma gigante, Bai Xiaochun tosía una gran bocanada de sangre. Sus dos clones restantes habían sido destruidos, y ahora regresaban a él como motas de luz. Aunque su cuerpo carnal era poderoso, ya tenía heridas serias. Pero aun así logró abrirse entre todo lo que el Clan Bai le arrojaba.

Y entonces, con un destello deslumbrante, él, la pequeña tortuga y el rey fantasma gigante lograron pasar por la puerta principal del Bloque.

Podía escuchar gritos de ira detrás de él. Era obvio que el líder del clan y los ancianos no se rendirían así nada más. ¡No descansarían hasta ver muerto a Bai Xiaochun!

—Quizás logres escapar de este lugar, —aulló el líder del clan—, ¡pero ahora los tres grandes clanes controlan la Ciudad del Fantasma Gigante! ¡No podrás salir de la ciudad!

A estas alturas, Bai Xiaochun aceleraba hacia la salida del Penitenciario Diabólico.

Poco después, el líder del clan y los ancianos aparecieron para seguirlo persiguiendo.

El corazón de Bai Xiaochun palpitaba con fuerza, y su aura estaba en caos. Pero lo que le preocupaba no eran sus heridas, las cuales si eran considerables, si no el hecho de que tenía que salir de la prisión tan rápido como pudiera. De lo contrario… la pequeña tortuga perdería eventualmente el control de la formación de hechizos. Y si eso ocurría, ¡lo primero que haría el rey fantasma gigante sería matarlo!

En este momento, el rey fantasma gigante tenía los ojos cerrados, era obvio que intentaba contactar la formación de hechizos de la tortuga de piedra. Bai Xiaochun estaba más nervioso que nunca y le dio repentinamente otra bofetada en la cabeza.

—¡Te lo advierto! —le gritó ferozmente—. ¡Será mejor que no me fuerces a contarles quién eres!

Al rey fantasma gigante se le abrieron los ojos de golpe y observó furiosamente a Bai Xiaochun, respiraba tan pesadamente que sentía que su pecho estaba por explotar. Pero tenía que seguir aguantando. En este momento, no tenía más alternativas.

Bai Xiaochun avanzaba velozmente; por suerte para él, estaba muy familiarizado con el Penitenciario Diabólico, así que progresó rápidamente a través de los túneles hasta llegar a la salida. Pero justo antes de salir, el rostro de la pequeña tortuga cambió de golpe.

—¡¡Voy a perder el control!! —le gritó. El rey fantasma gigante se estremeció, y sus ojos empezaron a brillar con una luz intensa. Podía sentir que la formación de hechizos estaba empezando a despertar, es más, toda la tortuga de piedra estaba empezando a vibrar. Más atrás, el líder del clan y los ancianos cambiaron su expresión.

El rey fantasma gigante se emocionaba cada vez más, y estaba preparándose para contactar a la formación de hechizos, cuando repentinamente, Bai Xiaochun, quien sabía muy bien que sería difícil dejar inconsciente a este hombre, metió la mano repentinamente en su bolso de almacenamiento y sacó un montón de Píldoras Afrodisíacas…

Cuando el rostro del rey fantasma gigante se llenó de alegría, Bai Xiaochun le metió el montón de píldoras en la boca.

—Tú… —El rey fantasma gigante no podía resistirse. Las píldoras se disolvieron en cuanto entraron a su boca, y los efectos medicinales estallaron violentamente. En este momento, la base de cultivo del rey fantasma gigante estaba increíblemente débil, y no podía controlar los efectos de la píldora. Su mente se llenó de estruendos y perdió el contacto con la formación de hechizos.

Aunque quería reestablecer el contacto, el calor ardiente que inundaba su cuerpo le llegaba hasta la mente, y se le hacía difícil pensar con claridad. Se esforzó como loco por controlarse, y contactó una vez más a la formación de hechizos. La tortuga de piedra empezó a activarse con poder en ese momento y una presión intensa empezó a pesar por todos lados, los corazones de los cultivadores del Clan Bai fueron inundados por una sensación de crisis mortal inminente.

Sin embargo… las Píldoras Afrodisíacas de Bai Xiaochun eran demasiado devastadoras, y le había dado demasiadas al rey fantasma gigante. Su rostro empezó a ponerse rojo y empezó a temblar de manera visible. Después de un momento… a pesar del hecho que su conexión con la formación de hechizos era muy débil, no había sido quebrada.

Pero Bai Xiaochun solo necesitaba ese poco tiempo. Rugió con fuerza y avanzó con aún más velocidad, usó todo lo que tenía para salir disparado por el ojo izquierdo de la tortuga y más allá de la fosa.

En ese instante, el rey fantasma gigante convocó sus increíbles niveles de autocontrol para contener el fuego que ardía dentro de él. Se aferró con fuerza la conexión con la formación de hechizos, y luego intentó activarla. Pero… en cuanto Bai Xiaochun salió disparado por el ojo de la tortuga, la energía que se acumulaba de la formación de hechizos se desvaneció.

—¡¡¡NOOOOO!!! —rugió el rey fantasma gigante viendo cómo se desvanecía su esperanza frente a él, y lo tiró hasta los abismos más profundos de la desesperación. En cuanto esta palabra salió de su boca, Bai Xiaochun volteó a verlo enojado y le volvió a dar otra bofetada en la cabeza.

—¡Cállate!

—¡Te voy a matar Bai Hao! —rugió el rey fantasma gigante—. Te voy a matar ¿me oíste? ¡Estás muerto! ¡¡Aaaaaargghhh!!

¡Zas! Bai Xiaochun le dio otra bofetada.

—¡Deja de golpearme, maldito…!

¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! Bai Xiaochun le dio ocho bofetadas más, hasta que finalmente empezó a salir sangre de la boca del rey fantasma gigante. Y ya sin más opción que aguantarse la humillación, el rey fantasma gigante tuvo que morderse el labio y dejar de hablar.

Este Bai Xiaochun se veía aún más aterrador que el Bai Xiaochun que acababa de abrirse paso fuera del Bloque. ¡En este momento se veía justo como un fantasma diabólico!

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