Capítulo 642 – ¡Decreto del Rey Celestial!

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Nadie podría imaginarse lo que el rey fantasma gigante pensaba realmente. De verdad parecía una situación en la que aparentaba debilidad para sacar a sus enemigos de sus escondites. Pero de otras maneras, también parecía que realmente intentaba llegar a un acuerdo o compromiso…

Mientras más entendiera uno la información tras bambalinas, más confundido se estaba. Al fin y al cabo, el rey fantasma gigante era un semidiós, y solo ese hecho ya ponía mucha presión sobre los tres grandes clanes.

La visita del Duque Heraldo de la Muerte a los tres patriarcas devas, fue algo que llenó todos sus corazones de dudas. Pero cada uno de ellos impuso varias demandas, y todas parecían de algún modo excesivas.

Claro, esto fue a propósito. De algún modo, estas demandas harían parecer que no estaban interesados en rebelarse. Por ejemplo, si el Clan Bai estaba planeando una rebelión, tendrían la intención de ganar, por lo que tendrían plena confianza en poder encargarse por sí mismos de Bai Hao. No tendrían por qué pedirle al rey fantasma gigante que lo hiciera por ellos.

¡Pero ni el patriarca del Clan Bai se hubiera podido imaginar que su solicitud sería concedida en apenas un día! El rey fantasma gigante ni dudó en enviar un decreto real directo al Penitenciario Diabólico.

Bai Hao abandonó su propio clan, trató a su padre de manera maligna y asesinó a su propia familia. Es una persona despiadada y malévola, por lo tanto, será despojado de su rango como guardia de la prisión, ¡y será encarcelado como prisionero en el Penitenciario Diabólico!

Muchas personas de la Ciudad del Fantasma Gigante quedaron impactadas por estas noticias. Después de todo, Bai Hao había causado un alboroto bastante grande recientemente, y se había hecho bastante famoso. Ser encarcelado súbitamente era un gran desarrollo.

Madame Cai quedó extática al escuchar las noticias. Aunque su meta final era ver a Bai Hao muerto, sabía lo brutal y legendario que era el Penitenciario Diabólico, y estaba contenta de ver esta situación.

Bai Xiaochun no tenía manera de saber lo que las personas decían afuera sobre él. Estaba sentado meditando en su habitación, cuando el Sub-Alcaide Sun Peng y los guardias del Bloque D rodearon su habitación sin ninguna advertencia.

Bai Xiaochun quedó tan impactado que no supo cómo reaccionar. Sentía como si su mundo entero se hubiera puesto de cabeza, y casi tenía ganas de llorar.

—Tiene que haber algún error… —dijo con una voz temblorosa, al mismo tiempo que veía los rostros familiares de los guardias.

Los guardias del Bloque D estaban de buenas con Bai Xiaochun, y no pudieron evitar vacilar un poco. La compasión y otras emociones encontradas eran evidentes en sus ojos. Pero no se atrevían a ir contra un decreto real, solo podían suspirar y juntar sus manos hacia Bai Xiaochun.

—Hermano Bai Hao, de verdad no tenemos más opción…

—Solo aguanta por ahora Bai Hao. Nunca se sabe, su alteza el rey podría calmarse un poco luego y cambiar de opinión.

Luego, el capitán del Escuadrón 9 declaró fuertemente, —No te preocupes Bai Hao, estarás encerrado en el Bloque D, todos somos como familia. Solo están cambiando tu título, eso es todo. ¡Los guardias nos aseguraremos de que nadie te cause problemas en el Bloque!

El capitán estaba claramente incómodo con la situación. Los demás guardias también asintieron. Al fin y al cabo, todos se habían beneficiado bastante de las interrogaciones de Bai Xiaochun. Y sumado al hecho de que Bai Xiaochun los había tratado siempre muy bien, era obvio que les agradaba.

No podían desafiar un decreto real, pero podían usar su autoridad en el Bloque D para que Bai Xiaochun tuviera una vida cómoda.

El Sub-Alcaide Sun Peng se aclaró la garganta y dijo, —Solo es un cambio de ropas Bai Hao. Nos encargaremos de tus necesidades diarias así que no habrá mucho cambio de ese lado. De hecho, ¡puedes dejarnos saber siempre que quieras salir a caminar!

Bai Xiaochun podía ver que no tenía manera de librarse de la situación. Estaba deprimido, pero todos lo trataban tan bien que su corazón se ablandó. Así que solo suspiró continuamente y caminó junto a los demás al interior del Bloque.

Poco después, los prisioneros de gris en el Bloque descubrieron el asunto, y todos quedaron impactados. En cuanto a los prisioneros importantes que Bai Xiaochun había interrogado antes, muchos estaban emocionados, claramente contentos de ver a Bai Hao recibir su merecido.

Pero su alegría no duró mucho. Los diez capitanes del Bloque D emitieron advertencias severas a todos los prisioneros de que no debían perturbar a Bai Hao. Luego, el Sub-Alcaide Sun Peng mencionó que, aunque Bai Hao ya no fuera un guardia oficial, seguía siendo un inquisidor. Entonces los prisioneros tuvieron que abandonar cualquier idea de vengarse.

En lo que a ellos concernía, hubiera sido hasta mejor que se quedara como guardia. En aquel entonces solo entraba al Bloque cuando estaba de guardia. Pero ahora… lo tendrían allí con ellos todo el tiempo. Y pensar en lo que implicaba ofenderlo era aterrador.

Y lo más absurdo de todo… ¡los guardias no sellaron su base de cultivo!

Esto hizo que cada uno de los prisioneros se llenara de mucho nerviosismo. Después de un rato, los guardias se despidieron y salieron.

Bai Xiaochun buscó una jaula calavera vacía de manera desanimada, entró y se sentó de piernas cruzadas.

—Todo fue tan rápido, —pensó con un largo suspiro—. Fui un guardia, un inquisidor, e incluso el inquisidor oscuro número uno… Y ahora soy solo un prisionero.

—¿Acaso es una broma…? Rey Fantasma Gigante, eres un bastardo, tú fuiste el que me salvó en primer lugar. ¿Por qué me causas problemas ahora…?

—¡Eres un experto semidiós! Los tres grandes clanes están planeando rebelarse, ¿así que por qué no vas a acabar con ellos y ya? ¿¡Por qué te metes conmigo perdedor!? —Por lo que podía ver, simplemente lo estaban usando como peón en cualquiera que fuera el juego que tenían el rey fantasma gigante y los tres grandes clanes.

—¿Qué arma secreta tienen los tres grandes clanes? ¡Maldita sea! ¡Esto es entre los clanes y el rey! ¡No tiene nada que ver conmigo! —Apretó sus manos fuertemente y se quedó viendo sus alrededores antes de suspirar tristemente.

—Por suerte, mis hermanos no me sellaron la base de cultivo, de lo contrario, la vida sí que sería miserable. —Este hecho lo hizo sentirse un poco mejor, y entonces volteó a ver la jaula que tenía al lado.

Allí estaba sentado un viejo con un rostro inexpresivo y una marca de nacimiento roja en la cara. Bai Xiaochun lo recordaba de cuando el capitán introdujo el lugar la primera vez. Al parecer, había ofendido al rey fantasma gigante y terminó encerrado aquí por ya más de doscientos años.

Con la esperanza de simpatizar con un compañero víctima, Bai Xiaochun dijo repentinamente, —Hey Compañero Daoísta. Oí que ofendiste al rey fantasma gigante. Ah. Supongo que estamos en el mismo bote.

El viejo no reaccionó para nada. O no lo escuchó, o pretendió no hacerlo.

—Tu base de cultivo está sellada, ¿así que por qué estas sentado meditando todo el tiempo? ¿cuál es el punto? Ven, vamos, charlemos un poco sobre ese maldito rey fantasma gigante. ¡Es un completo inútil bueno para nada! —Bai Xiaochun ya se estaba entusiasmando en este punto, y hasta alzó la voz un poco.

A pesar de eso, el viejo siguió meditando inmóvil. Bai Xiaochun dijo irritado, —Muy bien, solo hazte el sordo. ¿Qué tiene eso de asombroso? ¡No es que haya hecho nada para ofenderte!

Bai Xiaochun ya estaba un poco deprimido de por sí, y que este viejo lo ignorara por completo no ayudaba para nada. Dejó salir un frío bufido, se inclinó contra la pared de la celda y empezó a pensar en su miseria. Suspiraba una y otra vez, pensando en la gloriosa vida que había tenido como mayor general de la Gran Muralla, y lo asombrosas que habían sido las cosas en la Secta Desafiadora del Río.

—Ah Junwan, te extraño tanto. Y a ti también Xiaomei… —Por algún motivo, luego pensó en la Dama Polvo Rojo, y después de eso en Chen Hetian, y su ira se avivó.

Pero sentarse a lamentarse sin hacer nada no le ayudaría, así que después de un rato, se sentó de piernas cruzadas y empezó a pensar en qué hacer. Pero sin importar cuanto reflexionara, no se le ocurría nada. Ya hacía tiempo que había probado la Restricción Imperecedera, y descubrió que era inútil dentro del Penitenciario Diabólico, así como en aquel laberinto cerca de la Gran Muralla.

Ahora que era un prisionero, se sentía completa y absolutamente desesperanzado.

—¡Maldito sea ese rey fantasma gigante! —dijo entre dientes—. Y también el maldito Clan Bai. ¡Son unos inútiles buenos para nada! Si los tres grandes clanes se rebelan y ganan, entonces vendrán a matarme a cómo de lugar. Si lo intentan, ¡entonces usaré mi alma de semidiós para abrirme camino y escapar! —Un resplandor feroz apareció en sus ojos—. Si el rey fantasma gigante gana, entonces quizás tenga posibilidades de salir. Quizás el capitán y el Sub-Alcaide intercedan por mí, y quizás hasta el Alcaide Li…

Bai Xiaochun se masajeó el puente nasal y contempló las dos posibilidades. La segunda sería mejor, pero la primera… implicaría que sería difícil evitar morir. La idea de morir en combate hizo que Bai Xiaochun hasta empezara a temblar.

—¡Ustedes me están forzando! —Inhaló profundamente y cerró sus ojos para meditar. Al fin y al cabo, lo mejor que podía hacer en esta situación era mantenerse en su mejor condición, de ese modo, estaría listo para actuar en cualquier momento.

El tiempo pasó. Quince días transcurrieron volando. Aunque Bai Xiaochun permaneció siempre alerta, no pasó nada de nada. Ninguno de los prisioneros le causó problemas, y los guardias venía a diario para charlar y hasta le traían alcohol y comida. En general, lo cuidaban bastante bien.

Desde el punto de vista de Bai Xiaochun, realmente era como si solo se hubiera cambiado de habitación y ropas. Los guardias hasta lo dejaban salir del Bloque y caminar siempre que quisiera. En general se mantenía de buen humor.

De vez en cuando, los guardias hasta le pedían ayuda con algunas interrogaciones. Al fin y al cabo, seguía siendo el inquisidor oscuro número uno del Penitenciario Diabólico.

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