Capítulo 624 – Capitán, ¿Qué diablos se van a hacer ellos?

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—Prisioneros… —Bai Xiaochun se puso de pie nervioso y salió caminando de su habitación. El capitán lo estaba esperando allí afuera con una sonrisa en la cara.

Bai Xiaochun sabía que tenía que desarrollar una buena relación con su escuadrón, pero eso no era muy difícil. Solo tenía que dejar de pensar en que era un experto en la Formación del Núcleo con cuatro clones de almas deva, y que podía matar a grandes cultivadores en el Alma Naciente. Solo tenía que actuar como alguien normal y poco importante. Por lo que puso una mirada respetuosa y alegre en su cara, juntó sus manos y se inclinó para decir, —Capitán, no tenía por qué venir en persona. Si tiene órdenes para mí, solo envíe un mensaje.

De hecho, el capitán ya le había dado una buena impresión a Bai Xiaochun, así que se le hacía fácil inclinarse de manera particularmente profunda.

El capitán se veía un poco sorprendido. La verdad era que no tenía más opción que venir a buscar a Bai Xiaochun. De acuerdo a las reglas del Penitenciario Diabólico, todos los guardias debían participar en las labores de patrullaje. Si Bai Xiaochun sabía esto y decidía no unirse, entonces sería él a quien culparían. Pero si el capitán no le notificaba personalmente, entonces este sería el responsable.

Los otros guardias quizás mantenían su distancia, pero cuando el capitán recordó todos los rumores que había oído, realmente sintió que no tenía más opción que venir.

Pero para su sorpresa, ese supuesto demonio despiadado que asesinó a su familia, que había traicionado a su propio clan y raptado a su padre, Bai Hao… en realidad estaba siendo bastante amable.

El capitán se rio alegremente. —Oh, ¡no hay ningún problema! Ahora eres parte del Escuadrón 9, y ya que acabas de llegar, ¡cómo no iba a darte las noticias personalmente! Escucha Bai Hao. Para las personas de afuera, todo lo que respecta a este Penitenciario Diabólico es un gran secreto. Después de todo, a los bloques solo pueden entrar dos tipos de personas: los prisioneros, ¡y nosotros los guardias!

Aunque aún no tenía una muy buena impresión de Bai Xiaochun, se veía al capitán siendo un poco más sincero que antes y hasta procedió a explicarle más cosas a medida que caminaban.

Después de seguir al capitán un poco, Bai Xiaochun no pudo evitar preguntar, —Capitán, ¿qué tipo de bases de cultivo tienen los prisioneros?

—¡No importa! —Respondió orgullosamente el capitán—. Todo aquel que llega al Penitenciario Diabólico debe someterse. ¡Hasta los dragones! —Poco después se acercaron a la gran puerta brillante que estaba en el centro de la plaza.

Bai Xiaochun se ponía cada vez más curioso. Había experimentado muchas cosas en esta vida, pero jamás había visto el interior de una prisión. La idea de descender a las profundidades del Penitenciario Diabólico lo llenó de anticipación.

Los otros cultivadores de almas que formaban parte del Escuadrón 9 estaban ya esperando impacientemente al lado de la puerta, y muchos parecían estar aún más irritados después de ver a Bai Xiaochun.

Bai Xiaochun podía ver eso, y ya que no tenía idea de cuánto tiempo estaría sirviendo como guardia, se apresuró hacia adelante para decir, —¡Saludos Hermanos! Soy nuevo aquí y no conozco las reglas. Disculpen por hacerlos esperar tanto.

En este momento, se veía como Bai Hao, un joven delgado, puro y hasta delicado. Además, hablaba de manera placentera; logró disipar la irritación de algunos de ellos casi de inmediato.

Después de todo, la reputación de Bai Hao era la de una bestia feroz. Pero aquí estaba disculpándose amable y apasionadamente. Los demás guardias estaban sorprendidos, y no estaban muy seguros de qué decir. En cualquier caso, el rostro sonriente de Bai Xiaochun les hacía difícil mantenerse molestos.

Además de eso, la manera en la que se acercó a tratarlos como hermanos mayores, hizo que surgieran sensaciones extrañas en sus corazones. La frialdad de muchos empezó a desvanecerse casi de inmediato.

La única excepción era un joven de cara larga que respondió con un frío bufido. Al parecer tenía una posición bastante alta en el Escuadrón 9. Cuando los demás guardias vieron su reacción, sus expresiones volvieron a tornarse gélidas.

Bai Xiaochun no estaba muy contento con eso.

—¡No he ofendido a este tipo en ningún momento! —pensó.

El capitán pretendió no percatarse de lo sucedido. Simplemente dijo riendo, —Muy bien, ya todos están aquí, ¡entremos!

Sacudió su manga y sacó un medallón de comando, el cual extendió hacia la puerta brillante. Casi de inmediato se abrió una fisura justo en el centro de ella.

El capitán fue el primero en entrar, seguido de todos los demás, Bai Xiaochun fue el último.

En cuanto entró por esa luz, la sensación de una teletransportación pasó por su cuerpo. Era como si los Cielos y la tierra lo estuvieran aplastando, y era una sensación para nada placentera. Pero solo duró un momento antes de esfumarse. Entonces se aclaró la visión de Bai Xiaochun, y se encontró a sí mismo… ¡viendo a una dimensión bastante peculiar!

Aquí no había cielo o tierra, solo un vacío negro. Desde el aparentemente interminable vacío oscuro y vasto de arriba, colgaban incontables cadenas hechas de huesos.

Al final de cada cadena de huesos se encontraban enormes calaveras, cada una de varias decenas de metros de altura. Eran unas cosas de apariencia feroz que claramente llevaban decenas de miles años colgando en este vacío.

Parecían estar colocadas en algún tipo de patrón, casi como si formaran una enorme y densa formación de hechizos.

Claro, mantenían cierta distancia la una de la otra.

¡Esas calaveras eran las celdas de la prisión!

En cuanto al color, no eran blancas. De hecho, parecían estar titilando constantemente con colores aleatorios, como si trabajara algún tipo de magia extraña en su interior. Además, ocasionalmente se podía escuchar algún grito amargo desde adentro de ellas.

¡Esos gritos provenían de los prisioneros!

Los prisioneros dentro de las calaveras llevaban ropas arruinadas, algunos incluso estaban desnudos. Había hombres y mujeres, e incluso algún gigante salvaje ocasionalmente, forzados a reducir su tamaño para entrar dentro de esas jaulas calaveras.

Muchos de ellos eran cultivadores de almas, pero también había nigromantes. A todos se los veía delgados y demacrados, pero cada uno rebosaba con un aura asesina y un aire de brutalidad.

Además de los prisioneros en las jaulas calaveras, también había cultivadores de almas que paseaban alrededor en túnicas grises, llevaban grilletes en las manos y las piernas. Ellos también eran prisioneros, pero no lo bastante peligrosos como para tenerlos en jaulas, así que tenían permitido pasear libremente entre las celdas.

Muchos de estos prisioneros eran mujeres, y muchas extremadamente hermosas.

Cuando los cultivadores de almas de túnicas grises vieron a los guardias del Escuadrón 9, se acercaron rápidamente temblando, para ofrecer kowtow. Se podían ver expresiones de elogio en sus rostros, y las hermosas prisioneras se aseguraban de mostrar su amplio escote al inclinarse. Bai Xiaochun quedó bastante impactado al ver esto.

Llegado a este punto, el capitán gritó en voz alta, —Muy bien, nos tocan los próximos tres días. Las cosas serán como siempre las primeras seis horas. ¡Vayan a divertirse y no causen problemas! Nos encontraremos en la celda del Viejo Diablo Zhou cuando pase ese tiempo. Veamos si finalmente podemos hacer que lo escupa todo.

Después de que el capitán terminó, Bai Xiaochun se quedó viendo a los guardias sonrientes que se dispersaban en distintas direcciones.

Cuando eso ocurrió, a Bai Xiaochun se le abrieron los ojos de par en par al ver a muchos de esos prisioneros de túnicas grises reuniéndose alrededor de los guardias como si fueran viejos amigos. Algunos hasta empezaron a masajearles los hombros a los guardias y a inclinarse a susurrarles cosas en los oídos. Además, en el rostro de los prisioneros se podían ver expresiones aún más elogiadoras.

Cuando el capitán vio lo confundido que se veía Bai Xiaochun, le sonrió, bajó la voz y dijo, —Estos son como los camareros del Penitenciario Diabólico. Ninguno ha cometido ningún crimen particularmente serio, y se tienden a comportar bastante bien. Lo fácil o difícil que sea su vida, depende totalmente de nosotros.

—Los prisioneros encerrados en las calaveras son los que de verdad importan. —Apuntó a una calavera cercana, dentro de la cual había un viejo con una marca de nacimiento roja en su cara. Se veía particularmente feroz, pero en este momento tenía los ojos cerrados, como si no le importara en absoluto el mundo que lo rodeaba. —Mira a ese tipo, por ejemplo. Molestó a su alteza el rey hace doscientos años, y ha estado aquí encerrado desde entonces. No tiene ningún secreto que valga la pena extraer, así que probablemente muera de causas naturales eventualmente y ya.

—Muy bien, bueno ve a divertirte. Aquí los guardias somos como dioses. Las vidas de los prisioneros están en nuestras manos… así que siempre y cuando no hagas nada demasiado excesivo, puedes hacer básicamente lo que quieras.

—¿Lo que quiera? —pensó Bai Xiaochun incrédulo, su mente empezó a dar vueltas al ver que el Penitenciario Diabólico era distinto de lo que se imaginaba.

Aún más sorprendente era que el joven de cara larga de hacía un rato estaba rodeado por un grupo de ocho prisioneras hermosas, las cuales lo estaban llevando a lo lejos con miradas coquetas en el rostro.

No pudo evitar parpadear varias veces y lamerse los labios al ver eso. Su corazón también empezó a palpitar con fuerza. Después de todo, en ese grupo también había un par de prisioneras que le parecían particularmente atractivas. Entonces apuntó hacia ellos y dijo, —Capitán, ¿Qué diablos se van a hacer ellos?

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