Capítulo 572 – ¡Me Niego a Creerlo!

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En el instante en el que apareció la llama de diez colores, la cueva entera se iluminó con una luz brillante y colorida. De hecho, la luz hasta atravesó las paredes de la cueva, haciendo que la montaña entera se iluminara brillantemente.

Una presión intensamente fuerte emanaba de esa llama, una que hizo que a Bai Xiaochun se le abrieran los ojos ampliamente por la emoción. Hasta empezó a temblar de manera visible.

—¡Lo hice! ¡¡Confeccioné una llama de diez colores!! —Se sentía aún más emocionado por conjurar una llama multicolor, de lo que era usual cuando confeccionaba medicina.

A diferencia de la emoción de Bai Xiaochun, la mente de Zhou Yixing sintió que le caía un rayo. Se quedó simplemente allí boquiabierto, su mente se había quedado totalmente en blanco al ver la llama de diez colores.

Quería creer que solo estaba alucinando… pero lamentablemente, no se iba a engañar a sí mismo de ese modo. Acababa de presenciar cómo usaban las fórmulas de su propio clan para conjurar todo, desde una llama de un color, hasta diez.

Esto era algo que ya había puesto de cabeza su mundo entero. En su hogar, hasta los patriarcas quienes eran nigromantes terráqueos serían incapaces de tal cosa.

Lo más impresionante era que este nigromante apenas acababa de aprender las fórmulas de su clan. A pesar de eso, aun así, lo había logrado, y esto era algo que dejó a Zhou Yixing totalmente perdido.

—Esto es imposible… imposible… ¿Cómo puede estar pasando esto…? —Su rostro estaba tan blanco como un papel, y estaba murmurando consigo mismo como loco. Esto era un duro golpe para él, después de todo, al comprarse a sí mismo con este Nigromante Bai, no podía evitar sentir que él mismo no era más que basura.

—¡Inhumano! ¡De verdad es inhumano!

Se llenó de una gran desilusión, una que eliminó completamente los celos que tenía. La diferencia entre él y este nigromante… era como la diferencia entre las nubes y el barro bajo ellas. Ni siquiera estaba calificado para estar celoso.

La llama de diez colores indicaba la cima absoluta del rango de maestro nigromante. En todas las Tierras Desoladas, el número de nigromante que podían conjurar llamas de diez colores era bastante limitado. Cualquier persona como esta sería capaz de dominar el campo a donde quiera que fuera.

Maestros nigromantes en la cima de su nivel podían atraer a grandes grupos de cultivadores de almas como seguidores. Además, tomando en cuenta que podían conjurar llamas de diez colores, cuando creaban medicina de almas, podía considerarse medicina de almas de bajo grado de nivel diez.

La mayoría de los nigromantes aceptaban como seguidores a cultivadores de almas. Después de todo, se requerían muchas almas para conjurar las llamas. Por ejemplo, la llama de diez colores requería 30.000 almas vengativas. Sería bastante molesto para un nigromante conseguir todas esas almas por sí solo. Así que tener seguidores que lo ayudaran era algo natural.

Aunque no a todos los nigromantes les gustaba tener seguidores. A algunos les gustaba hacer las cosas por sí solos, por distintos motivos. En cuanto a obtener almas, también era posible ir a las ciudades de los reyes, o a los clanes de nigromantes, e intercambiar medicina de almas por lo que requirieran.

En cualquier caso, los nigromantes que llegaban al rango de maestro eran bien conocidos en general, si es que no famosos. Si el destino estaba de su lado, quizás podrían lograr ese sorprendente avance capaz de sacudir los Cielos y derrumbar la tierra, y volverse nigromantes terráqueos. Los nigromantes terráqueos eran aún más famosos, y estaban muy por encima de los maestros nigromantes en lo concerniente al estatus.

Bai Xiaochun inhaló profundamente y apartó su mirada de la llama de diez colores para voltearse a ver a Zhou Yixing. Cuando sus ojos se encontraron, todo el orgullo y la fiereza de Zhou Yixing se derrumbaron, completamente destruidas por la llama de diez colores. Balbuceó amargamente, ni se atrevía a devolverle la mirada de frente a Bai Xiaochun.

El corazón de Bai Xiaochun palpitaba con fuerza felizmente. Estaba claro que ahora sería mucho más fácil que Zhou Yixing hiciera lo que le pidiera en el futuro.

—Bueno, ya que ya lo asusté tanto, no estará mal seguir. Apuesto a que Zhou Yixing estará tan impactado cuando conjure una llama de once colores y me convierta en un nigromante terráqueo… que caerá medio muerto. —Bai Xiaochun sonrió consigo mismo de manera sombría y lleno de anticipación, entonces sacó la tablilla de jade con la información sobre las fórmulas de las llamas. Mientras Zhou Yixing veía todo a un lado, procedió a revisar la fórmula de la llama de once colores.

Zhou Yixing vaciló por un momento y luego susurró, —Compañero Daoísta Bai, hay una gran diferencia entre una llama de diez colores y una de once…

—Solo quédate ahí y mírame, —le interrumpió Bai Xiaochun orgullosamente. Sus diez éxitos sucesivos le habían dado mucha confianza. En su opinión, conjurar llamas en realidad era algo muy sencillo.

La manera en la que Bai Xiaochun respondió, hizo que a Zhou Yixing le empezara a palpitar con fuerza el corazón. La verdad era que, si realmente podía presenciar una llama de once colores siendo conjurada, sería algo bueno para él. Especialmente considerando que las técnicas usadas eran las de su propio clan. Para Zhou Yixing, sería lo mismo que ver a uno de los patriarcas de su propio clan conjurando la llama.

Zhou Yixing inhaló profundamente y se quedó quieto, viendo fijamente la mano de Bai Xiaochun.

Bai Xiaochun estaba muy satisfecho con la reacción de Zhou Yixing. Intentó asegurarse de verse bastante impresionante, y se quedó contemplando la fórmula para la llama de once colores, luego le dio una palmada a su bolso de almacenamiento y sacó 60.000 almas vengativas, las cuales hicieron erupción como si fuera una tempestad en medio de la cueva. Luego, ondeó su mano derecha y empezó a enviar las almas hacia el fuego.

Después de que pasara el tiempo de diez respiros, su expresión cambió. Aunque podía controlar la manera en la que las 60.000 almas se unían, conforme se vertían en la llama de diez colores, se dio cuenta de que estaba ocurriendo una transformación inesperada. La presión sobre el poder de la llama era demasiado intensa. Bai Xiaochun no estaba muy familiarizado con las fluctuaciones de la conjuración de llamas, pero podía sentirlas claramente.

—¡Esto no es bueno! —el rostro de Bai Xiaochun se tornó amargo. Perder el control de tan solo un alma implicaba perder el control de toda la llama de diez colores. Las almas repentinamente se vertieron sobre el fuego al mismo tiempo, haciendo que llama ondulara salvajemente. Luego, se escuchó como algo reventándose… y la llama se apagó.

Una hebra de humo verde apareció y luego se disipó. Bai Xiaochun quedó boquiabierto, y Zhou Yixing estaba igual de impactado.

Bai Xiaochun se quedó sin aliento. Justo acababa terminar de alardear, solo para terminar fallando dramáticamente, lo cual hizo que su rostro ardiera como si estuviera en llamas. Rugió furioso, le dio una palmada a su bolso de almacenamiento para sacar más almas, y entonces volvió a conjurar llamas, empezando desde la de un color, para proceder de nuevo hasta diez. Luego se quedó viendo su llama de diez colores, y revisó nuevamente todo lo que había hecho hasta ahora, después de eso, procedió a intentar de nuevo con la llama de once colores. Entonces se escucharon unos estruendos y… ¡falló de nuevo!

—¡Me niego a creer que no puedo lograrlo! —Bai Xiaochun le dio otro golpe furioso a su bolsa de almacenamiento, solo para darse cuenta de que se estaba quedando sin almas… Entonces volteó lentamente hacia Zhou Yixing, quien se acababa de recuperar de su asombro anterior, y ahora veía a Bai Xiaochun con una expresión extraña.

Bai Xiaochun se sintió humillado y aún más enojado, así que dijo, —¿¡Qué estás mirando!? ¡Ve a buscarme más almas! ¡Si no consigues al menos 100.000 almas entonces no vuelvas!

Le dio un último vistazo furioso a Zhou Yixing, sacudió su manga y lo sacó volando de la cueva.
Una vez afuera, Zhou Yixing rechinó los dientes enojado por la actitud tan tiránica de este Nigromante Bai. Estaba claro que simplemente no tenía la habilidad para conjurar la llama de once colores, y Zhou Yixing hasta intentó advertirle. No solo le había ignorado, hasta empezó a alardear. Solo para terminar fallando y luego desahogando su enojo con Zhou Yixing.

Se rio fríamente y dijo, —¡Hmph! ¿¡De verdad te crees que es tan fácil volverse un nigromante terráqueo!? —Lamentablemente, debido a los hechizos restrictivos que Bai Xiaochun le había puesto a su base de cultivo, no tenía más opción que seguir sus órdenes e ir a buscar algunas almas.

Lamentablemente para él, el clon el Bai Xiaochun ya había capturado todas las almas cercanas, así que sin importar cuanto buscara en el área, no podía encontrar ninguna. Tuvo que apretar los dientes y extender el radio de su búsqueda. Conforme avanzaba, la noche caía. Simultáneamente, unas nubes oscuras llenaron el cielo y empezó a caer lluvia, una lluvia acre que hasta dolía al entrar en contacto con la piel.

De vez en cuando se podían ver relámpagos verdes cruzando el cielo.

En cualquier otro momento, Zhou Yixing hubiera simplemente rotado su base de cultivo e ignorado la lluvia. Pero ya que el noventa y cinco por ciento de ella estaba sellada, se vio forzado a soportar la miseria y a maldecir.

—¡Odio a los que se llaman Bai! Si tan solo el emperador del infierno pudiera ver lo que ocurre, ¡por favor mándale un relámpago del infierno para borrarlo del mapa!

Después de mandar a Zhou Yixing a buscar almas, Bai Xiaochun envió a sus tres clones a hacer lo mismo, pero con la diferencia de que los mandó a buscar en la jungla.

Sus clones tenían la misma base de cultivo que él, y además poseían Píldoras de Convergencia de Almas, así que las cosas eran un poco más fáciles para ellos que para Zhou Yixing. En cuanto al verdadero ser de Bai Xiaochun, este sentó en silencio, analizando sus fracasos pasados y trabajando con algunas conjuraciones.
Un día, dos días, tres…

Siete días pasaron volando, y Bai Xiaochun había logrado conjurar más de diez llamaradas de llamas de diez colores. Pero aún no había logrado llevar ninguna al nivel de once colores. Cada vez que lo hacía fracasaba.

Conforme aumentaba su furia y humillación, sus ojos se inyectaron de sangre. Su cabello se empezó a enmarañar todo, y parecía estar poseído, intentando como loco entender la razón de sus fracasos. A medida que pasaba el tiempo, empezó a cambiar la fórmula que estaba usando para conjurar la llama de once colores, aunque ni siquiera se dio cuenta.

Gracias a los cambios, su habilidad para conjurar almas avanzaba continuamente. Pero seguía encontrándose con problemas a cada paso, la razón era que de hecho había una gran división entre la llama de diez y de once colores.

No se necesitaba solo ajustar la fórmula, también se requería tener un control perfecto sobre las llamas de once colores. Los días pasaban, y Bai Xiaochun seguía descendiendo en un estado de locura…

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