Capítulo 1218 – AWE – ¡Nace un Hijo!

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La luz de la luna pasaba a través de la puerta abierta de la recámara y hacia Bai Xiaochun, y este permaneció allí atontado por un buen rato. Hasta que finalmente suspiró… como si su vida careciera de todo sentido.

No hubiera molestado a tantas mujeres de haber sabido que esto ocurriría… —Estaba deprimido y no pudo evitar pensar que tener solo una esposa sin dudas era lo mejor. Dos ya eran increíblemente molestas, y tres o más… era una situación demasiado atroz como para siquiera contemplarla.

Xiaomei solía ser genial, pero ahora esas dos la han llevado por el mal camino. —Al principio quería centrarse en su meditación, pero no podía concentrarse. Eventualmente se alzó el sol. Y entonces miró su bolso de almacenamiento y recordó las cartas de amor que alguna vez habían sido su orgullo y alegría, y que a menudo había sacado de su bolso de almacenamiento de manera dramática, frente a las miradas envidiosas de otros.

Pero ahora sus cartas de amor ya no estaban. Se sentía miserable, y salió volando hacia la recámara de meditación aislada de Gongsun Wan’er. Podía sentir que ella estaba cultivando adentro, y tenía ganas de simplemente entrar. Pero sabía que se encontraba en un momento importante y que no debía molestarla.

Después de un momento, envió su sentido divino a la Ciudad del Archi-Emperador con la esperanza de encontrar alguien con quien charlar. Pudo ver al Gran Gordito Zhang quien meditaba. Vio a Xu Baocai, quien justo alardeaba dramáticamente frente aun grupo de amigos. Y vio al Maestro Deidad Adivina riendo en medio de un grupo de concubinas…

Vio al Patriarca Corriente Espiritual, el cual miraba tristemente el medallón de comando de un discípulo fallecido. Vio a Li Qinghou a la distancia con un pañuelo en la mano.

Hasta vio a Shangguan Tianyou, el cual alguna vez había sido tan espectacular, pero que ahora era muy callado y reservado. Aún se veía como una espada desenvainada, pero ahora se la pasaba solo, bebiendo en silencio y pensando en Zhou Xinqi.

Mientras observaba todos esos rostros familiares, su expresión repentinamente cambió, y se dio cuenta de que había dos auras en la ciudad que se le hacían algo familiares, pero que no se había encontrado en mucho tiempo.

—Esas dos… —murmuró. Entonces se desvaneció para reaparecer afuera de una mansión en alguna parte de la ciudad. Era un edificio de dos pisos, con un fragante árbol de osmanthus en el patio. Se quedó de pie bajo ese árbol, y observaba una de las ventanas del edificio, estaba iluminada con la luz de una lampara, y dejaba ver la silueta de una mujer elegante.

Quizás esta también sintió el cambio afuera, pues la ventana se abrió lentamente y apareció un rostro precioso.

Cuando bajó la mirada hacia el árbol de osmanthus y vio a Bai Xiaochun, se le abrieron los ojos de par en par, y pasaron varias emociones por su rostro. En vez de juntar sus manos en saludo, simplemente se le quedó mirando.

—Chen Manyao… —dijo suavemente. Repentinamente se daba cuenta de que no había estado prestando atención a las personas que llegaban a la nueva Dinastía del Archi-Emperador. En primer lugar, había estado preocupado por el balance de poderes con el Emperador-Santo y el Emperador-Vil, y, por otro lado, estaba centrado en sus hijos por nacer.

No estaba seguro de cuando había llegado Chen Manyao, y de no sur por su humor frustrado e inquieto, ni siquiera habría enviado su sentido divino para revisarlos a todos.

El Sumo Pontífice del Cielo probablemente sabía de la presencia de Chen Manyao. Ella era su aprendiz después de todo. Y el hecho de que no le hubiera dicho nada ya era bastante revelador.

El Sumo Pontífice del Cielo había vivido por muchos años, y tenía mucha más experiencia en la vida que Bai Xiaochun. Era obvio que no quería que Chen Manyao causara problemas en el harén imperial…[1]

Chen Manyao bajó la cabeza cuando lo escuchó mencionar su nombre. Se podía ver una mirada algo vacía en sus ojos, parecía recordar los eventos del pasado, pero después de un momento, suspiró y se inclinó cortésmente.

—¡Saludos de una humilde ciudadana Archi-Emperador!

Su manera de saludarlo amplió al instante la distancia que había entre ambos.

Ambos permanecieron allí de pie por un buen rato, hasta que ella cerró en silencio la ventana y apagó la lámpara, sumiendo la habitación en una silenciosa oscuridad.

Bai Xiaochun permaneció un rato bajo el árbol de osmanthus, sin saber muy bien lo que sentía. Hasta que finalmente suspiró y se desvaneció, el siguiente lugar en el que apareció… fue afuera de la residencia oficial del Rey Adviento Espiritual.

La segunda aura familiar que había detectado hacía un rato, había provenido de una mujer llamada Xu Shan.

Hacía años, esa persona había sido como un dragón explosivo, y después de quedar cautivada por él, lo había perseguido firmemente, Aunque aún se veía hermosa, claramente había envejecido un poco. Ella no se dio cuenta de la llegada él, y este decidió no hablarle. Solo se quedó viendo por el tiempo que tarda en quemarse un palillo de incienso, luego se fue.

Repentinamente recordó a una persona en particular a quien se daba cuenta que extrañaba mucho.

—Du Lingfei… —murmuró. Luego salió de la Ciudad del Archi-Emperador para dar un rápido paseo por todo el dominio inmortal de la Dinastía del Archi-Emperador. Pero sin importar que tanto buscara con su sentido divino, no pudo conseguir ninguna pista sobre el paradero de Du Lingfei.

No era la primera vez que la buscaba; lo había hecho muchas veces. Los Dominios Inmortales Eternos eran muy vastos, y sin importar que tanto buscara, no había encontrado ni una pista.

De acuerdo a las palabras del Daoísta Alcance Celestial, este también la había buscado, pero había sido todo en vano.

Esa noche pasó rápidamente.

El sol eventualmente empezó a llenar las tierras con su luz. Bai Xiaochun flotaba a cierta distancia de la Ciudad del Archi-Emperador, observaba el mundo a su alrededor, y se daba cuenta una vez más que había crecido un poco.

A medida que la oscuridad de la noche era lentamente reemplazada, el mundo se veía en paz y tranquilidad. Bai Xiaochun suspiró, y su respiración se convirtió en una nube de vapor.

—Solo espero que todos puedan ser felices… por la eternidad… —Él era el único que podía escuchar los murmuros de su voz. Lamentablemente, sabía que la paz y la tranquilidad no eran más que algo temporal. Algo inesperado ocurriría inevitablemente, y esa calma se vería quebrada.

Podía ocurrir rápidamente. Si el Emperador-Santo o el Emperador-Vil decidían actuar contra él, se daría cuenta rápidamente de que no tenía Luminiscencias Arcaicas.

Y si eso ocurría, el único destino que le depararía sería la oscuridad de la noche. ¡Y la Dinastía del Archi-Emperador se iría con él!

¡Tengo que convertirme en un verdadero arcaico! ¡Solo entonces estaré verdaderamente cualificado para enfrentarme a las otras dinastías imperiales! —Su corazón empezó a calmarse lentamente. Sabía bien que perder el tiempo pensando en la situación no le serviría de nada. Y solo podía hacer una cosa. —¡Cultivar!

Alzó la mirada, se desvaneció, y reapareció en su recámara privada del palacio imperial. Allí se sentó de piernas cruzadas, cerró sus ojos, y se sumergió en su cultivo.

Había llegado a una etapa en la que cultivar de manera normal con sus técnicas de respiración no servía para avanzar más. Especialmente debido a que no había completado aún su Códice de Tiempos Inmemoriales.

Lamentablemente, la magia Daoísta que venía con el tercer nivel del códice, la Voluntad Futura seguía escapando de su comprensión.

Ni siquiera su aura soberana le ayudaba; le había estado faltando alguna clase de iluminación. Pero ahora, sus pensamientos y emociones estaban en calma, y mientras trabajaba, su Voluntad Futura empezó a tomar forma. Era casi como un augurio, pero no lo era.

A medida que el poder espiritual pasaba por sus canales de energía, la Voluntad Futura empezó a aclararse, su mente se sentía más libre y clara que nunca. Hasta empezó a formar una extraña resonancia con el mundo a su alrededor.

No estaba seguro de cuánto tiempo pasó así. Quizás días. Quizás meses. Perdió la noción del tiempo completamente. Lamentablemente, seguía atascado en un ciclo interminable, y no lograba dar el último paso para crear la Voluntad Futura.

Pero entonces… al amanecer de una mañana… escuchó el llanto de un bebé. Este resonó por todo el palacio imperial y lo sacó de su concentración, se estremeció de inmediato. A pesar de haber estado inmerso en su cultivo, no podía pasar desapercibido el hecho de que una nueva vida había llegado al mundo, ¡una vida conectada con su propia sangre!

En ese momento, ese ciclo interminable, ese punto muerto en el que había estado, se estremeció. El nacimiento de su hijo parecía representar un futuro ilimitado, su corazón empezó a sacudirse y su mente a dar vueltas… En ese momento… ¡todo encajó!

El último nivel del Códice de Tiempos Inmemoriales, la Voluntad Futura, ¡era un éxito!

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