Capítulo 1031 – AWE – Una Pizca de Calidez

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—Eventualmente… las personas de ese mundo crearon una poderosa nación que ha existido por generación tras generación hasta el día de hoy. Esa es nuestra nación… la Dinastía del Emperador-Vil, una de las dos dinastías imperiales que existe en las Tierras Eternas… ¡y también la más poderosa!

—Y eventualmente…. la Dinastía del Emperador-Vil se percató de la presencia de las otras dos estatuas de los Hijos Eternos. Sabían que algún día, esas dos estatuas también se abrirían, y aquellos que vivían adentro emergerían.

—Originalmente, la Dinastía del Emperador-Vil había tenido la intención de recibir a las personas de las otras estatuas, y unir fuerzas con ellos para enfrentarse al gran enemigo. Pero antes de que pudieran prepararse apropiadamente… la segunda estatua se quebró inesperadamente. Las personas adentro fueron teletransportadas por todas las Tierras Eternas. E inesperadamente, no estaban interesados en enfrentarse al gran enemigo. Estaban decididos a conquistar, al final, el Emperador-Vil no tuvo más opción que ir a la guerra… Y fue alrededor de ese momento que apareció un arcaico dentro del clan imperial recién llegado. Afortunadamente, el Emperador-Vil ya se encontraba en ese mismo nivel de cultivo. Para evitar una catástrofe para su gente, acordaron eventualmente la paz. —Mientras el anciano suspiraba en el templo, Bai Xiaochun le dio un buen trago al alcohol y sonrió.

Bai Xiaochun podía ver la verdad de inmediato. La Dinastía del Emperador-Vil esperaba poder controlar todas las Tierras Eternas, pero la estatua del segundo Hijo Eterno se abrió antes de que pudieran asentar sus bases apropiadamente. Las personas de la segunda estatua se reagruparon y se enfrentaron a la Dinastía del Emperador-Vil, la cual no tuvo más opción que declarar una tregua.

¡Era obvio que la otra fuerza principal era la Dinastía del Emperador-Santo!

—Originalmente… debía haber habido tres dinastías imperiales… —dijo el viejo suspirando nuevamente.

—Lo sé, Maestro. La tercera dinastía imperial se suponía que fuera la Dinastía del Archi-Emperador. ¿Acaso la gente no ha estado diciendo que la estatua del tercer Hijo Eterno se quebró hace poco?

Cuando Bai Xiaochun escuchó las palabras del chico, bajó la mirada hacia su botella de alcohol y su mano estaba temblando.

—Lamentablemente, la estatua del tercer Hijo Eterno se suponía que engendrara a la Dinastía del Archi-Emperador. Pero… se quebró demasiado tarde… En este momento, la Dinastía del Emperador-Vil básicamente controla tres dominios inmortales. Los otros dos dominios inmortales están mayormente bajo el control de la Ciudad del Emperador-Santo, ¡contra la que la Dinastía del Emperador-Vil no puede hacer nada!

—Para lo único que sirve la gente de la Dinastía del Archi-Emperador ahora es para apoyar las fuerzas de las otras dos dinastías imperiales. En cualquier caso… la meta final de todo es lidiar con el Enemigo de Más Allá. Por supuesto, la Dinastía del Emperador-Santo son un montón de santurrones, débiles e inútiles. Nuestra Dinastía del Emperador-Vil es la verdadera fuerza de las Tierras Eternas, ¡y su única esperanza! —Para cuando el anciano llegó a la última parte de su discurso, su voz resonaba con fanatismo y devoción.

Bai Xiaochun aún yacía tendido contra el muro, y su mano temblaba mientras levantaba la botella de alcohol para darle otro trago, como con la esperanza de poder entumecer la amargura de su corazón.

Este pueblo se encontraba en el tercer dominio inmortal, el cual estaba controlado por la Dinastía del Emperador-Vil. Los cinco dominios inmortales de las Tierras Eternas tenían tamaños más o menos iguales, y cada uno era mucho más grande que el Reino Alcance Celestial. De hecho, el Reino Alcance Celestial apenas contaría1 cómo una de las muchas prefecturas que existían en cada dominio inmortal.

Cada dominio inmortal contenía decenas de prefecturas. Dentro de cada prefectura había decenas de condados, y dentro de cada condado había cientos de ciudades y pueblos de distintos tamaños…

El pequeño pueblo en el que estaba Bai Xiaochun era un lugar así.

Dentro de las Tierras Eternas, la relación entre los cultivadores y los mortales era un poco distinta a lo que era en el Reino Alcance Celestial. Aquí, los cultivadores se encargaban de cuidar a los mortales y de la tierra.

Cada dominio inmortal era regido por un celestial, cuyos subordinados, los semidioses, supervisaban las prefecturas.

Por supuesto, los semidioses también tenían subordinados, los devas que administraban los distintos condados. Por lo general, los expertos en el Alma Naciente estarían a cargo de grandes ciudades, y los lugares más pequeños usualmente eran manejados por cultivadores en la Formación del Núcleo.

No todos los celestiales tenían asignado el control de un dominio inmortal. Por ejemplo, en la Dinastía del Emperador-Vil, solo había tres celestiales con dicha responsabilidad, mientras que había otro grupo que permanecía estacionado en la Ciudad del Emperador-Vil.

¡Y el Emperador-Vil en persona estaba a cargo de la Ciudad del Emperador-Vil y de las áreas circundantes!

—Las Tierras Eternas… —murmuró Bai Xiaochun. Fuera simplemente su tamaño o el número de expertos presentes, las Tierras Eternas sobrepasaban vastamente al Reino Alcance Celestial. Aquellos como el Daoísta Alcance Celestial, quienes ni siquiera se habían convertido en verdaderos celestiales… no eran algo tan escaso.

Solo llegando al Reino Mahayana y convirtiéndose en un verdadero celestial podía alguien ser considerado como un experto poderoso de las Tierras Eternas.

Por sobre el Reino Celestial, estaba el Reino Arcaico… Ese era un nivel aterrador, y solo había dos personas con este poder dentro de las Tierras Eternas… los dos emperadores.

Por lo que sabía Bai Xiaochun, cuasi-arcaicos eran aquellos en el gran círculo del Reino Celestial, o aquellos que habían fallado en su intento de volverse arcaicos.

Me pregunto de dónde vino originalmente aquel rostro de fantasma… —pensó. Entonces sacudió su cabeza. Cada vez que sus pensamientos se movían en esa dirección, aparecían todo tipo de imágenes en su mente.

Veía a sus amigos y a su familia del Reino Alcance Celestial… personas que no había podido encontrar.

Durante sus primeros meses de búsqueda, había sido fácil rastrear el aura del Reino Alcance Celestial. Había encontrado los cuerpos de extraños, y algunos rostros conocidos. Cada vez que lo hacía temblaba y miraba al cielo con su corazón lleno de dolor.

Llegado cierto punto, el anciano y el chico se fueron del templo. Cuando lo hicieron, se podía ver que el chico era incapaz de ocultar su emoción por haber obtenido la iluminación con respecto a su técnica mágica.

Eventualmente se puso el sol. Bai Xiaochun aún estaba tendido en uno de los muros del templo, tan ebrio como siempre. Casi parecía estar durmiendo.

Por lo general, solo salía de este sitio cuando se quedaba sin alcohol. Entonces caminaba casi a rastras hasta la taberna para comprar más, luego regresaba al templo, se tumbaba contra el muro, y se quedaba viendo al amanecer y el anochecer, observando las extrañas manos y el rostro maligno del cielo.

Los días no eran más que una imagen borrosa en su mente. Bai Xiaochun no tenía idea de cuánto tiempo había pasado. Ahora tenía una barba desaliñada, y su ropa estaba tan sucia que casi se había puesto negra.

Ya no pensaba tanto en el pasado. No quería lidiar con el dolor, entró en un estado mental casi vacío.

Algunas veces caía una hoja seca frente a él, y se la quedaba viendo por todo el día… Casi como si al ver esa hoja, pudiera ver toda la felicidad, ira, dolor y júbilo que había experimentado en su vida.

Una cosa que le gustaba, era que cuando caía la noche, desde su lugar en el templo, podía ver la luz de las lámparas que llenaban el pequeño pueblo. Cada una de esas luces representaba una familia…

Se las quedaba viendo hasta quedarse sin lágrimas. Lamentablemente, la lámpara de su corazón parecía imposible de encender.

En una noche de otoño en particular, los truenos retumbaban por el cielo, y empezaron a caer grandes gotas de lluvia, casi tan frías como el hielo. Estaba claro que el invierno estaba por llegar.

Bai Xiaochun se quedó mirando al cielo nocturno y la lluvia salpicaba por su rostro. Por primera vez… se sintió frío. Pero en ese mismo momento, bajó la mirada hacia el dorso de su mano, hacia la cicatriz en forma de chispa que era el lugar en el que la última chispa de vida de Bai Hao había perecido.

—Está cálida… —dijo. Hacía tiempo que no hablaba en voz alta, y la sensación era extraña. Se quedó viendo su mano, su cabello arruinado caía y cubría su rostro, pero no podía tapar el asombro confundido en sus ojos. Y repentinamente empezó a jadear.

—¿Cálida…? —Se estremeció, levantó su mano hasta tenerla justo frente a su nariz. Y por primera vez en mucho tiempo… sus ojos ya no estaban tan apagados o nublados, sino que resplandecían con una luz de sorpresa.

En lo profundo de su mirada… una determinación firme se encendió repentinamente.

—¡Está cálida! —exclamó con una voz temblorosa. No podía evitar que su mano entera temblara y envió un poco de su sentido divino adentro, y específicamente hacia la marca en forma de chispa que había allí.

Ya había hecho esto muchas veces antes, pero su sentido divino no había podido detectar nada en particular. Hasta ahora. Sus ojos secos empezaron a llenarse repentinamente de lágrimas.

—Hao’er… ¡no estás muerto! —Una emoción enloquecida surgió dentro de él de golpe. Los truenos retumbaban en el cielo, pero no era nada comparado a lo que ocurría en su mente y su corazón. ¡Podía sentir el aura de Bai Hao! En lo profundo de la marca de su mano, ¡podía sentir a Bai Hao, como un alma descarnada increíblemente débil!

Era tan frágil como una vela al viento. Pero en lo profundo de esa debilidad, mostraba una determinación tenaz a rehusarse a ser destruido. Lamentablemente, tendrían que pasar muchos, muchos años antes de poder fortalecerse y recuperarse.

Bai Xiaochun temblaba físicamente, sujetó su mano con la otra y la presionó contra su pecho. Considerando el estado de su cabello y barba desaliñadas, parecía un mendigo que acababa de encontrar la gema más preciosa. Mientras la lluvia caía sobre él, y por primera vez desde su llegada a las Tierras Eternas… sonrió.

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