Capítulo 1009 – AWE – ¡Llama de Veintidós Colores!

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El sendero en el cultivo de Bai Xiaochun terminaría con Du Lingfei, ambos serían refinados en una píldora debido a esta enorme formación de hechizos, y entonces, El Celestial la usaría para trascender los límites del mundo en el que vivían.

Jamás se hubiera imaginado que las cosas terminarían así, ni siquiera después de que la Matriarca Glacial le dijera que eventualmente terminaría contra El Celestial.

Bai Xiaochun siempre había pensado inocentemente que debido a Du Lingfei, El Celestial jamás iría muy lejos contra él. Además, tenía al cuidador de tumbas y a Bai Hao de su lado, así como una gran cantidad de armas secretas que le daban confianza.

El problema… es que todo eso había sido tan realista como el reflejo de la luna en un lago…

Estaba perdiendo la consciencia, pero extrañamente, el aura de Du Lingfei le daba una extraña sensación de claridad.

—Y si todo esto… ¿es parte del plan del cuidador de tumbas…? —musitó.

Y como si hubiera escuchado la especulación de Bai Xiaochun… el cuidador de tumbas, el cual estaba sentado de piernas cruzadas dentro de la pagoda en las ruinas del tercer nivel subterráneo de la Ciudad del Archi-Emperador… abrió sus ojos súbitamente.

—Bai Xiaochun, —murmuró amargamente—, espero que… no me odies. Esta es mi misión… y la misión del Emperador del Infierno. —Su mirada pasó a través del vacío, hasta los confines de las Tierras Desoladas, y hasta un gigantesco río que nadie más podía ver. Allí en esa oscuridad fluida interminable, estaba la contraparte de toda la fuerza vital del Mar Alcance Celestial. Este río… representaba la muerte.

Sus aguas estaban creadas por una infinidad de almas vengativas, todas aullaban y gritaban mientras eran llevadas por el cauce de ese río hacia el ciclo de reencarnación…

Su nombre: el Río del Inframundo.

En un extremo del Río del Inframundo… se encontraba un palacio totalmente negro, este estaba repleto del aura de la muerte. Era increíblemente frío, sin la más mínima llama por ningún lado.

Y ese era… ¡el Palacio del Inframundo!

Dentro de ese palacio, estaba sentado el Emperador del Infierno actual, Bai Hao, con sus ropas imperiales puestas. E irradiaba una intensa aura de la muerte.

Normalmente tenía una expresión muy seria, pero en este momento, en su cara solo se podía ver ansiedad. Su humor afectaba el Palacio del Inframundo y el Río del Inframundo, por lo que había muchas olas sobre su superficie.

Había presenciado personalmente como la enorme mano de El Celestial derrotaba al cuidador de tumbas, así como su propio intento de interferir.

Solo había podido ver con impotencia como el siniestro Celestial se llevaba a Bai Xiaochun, y aunque no podía estar seguro de todos los detalles, ¡estaba convencido de que su Maestro se encontraba en un peligro crítico!

Y sabía que la única persona del mundo que podía salvar a su Maestro… ¡era él!

Él sabía bien lo débil que estaba el cuidador de tumbas, y sabía que podría morir en cualquier momento. Lamentablemente, Bai Hao también entendía bien que… a pesar de ser el Emperador del Infierno, en este momento no era rival para El Celestial…

—Maestro… —murmuró amargamente. Pasaron muchas memorias por su mente, memorias del tiempo que había pasado con su Maestro en las Tierras Desoladas.

Bai Xiaochun era su única familia, y no había nadie con quien Bai Hao estuviera más agradecido que él. Incluso había jurado protegerlo con su vida…

El tiempo que había pasado con su Maestro… fueron los días más felices que había experimentado en su vida.

Esas memorias se disiparon lentamente… hasta dejar atrás una sola imagen, una imagen que formaría una parte de su alma por siempre.

Era la imagen de Bai Xiaochun de pie, dándole la espalda, mientras lo aceptaba calmadamente como su aprendiz…

—Maestro… —murmuró Bai Hao con una sonrisa. ¡Era una sonrisa llena de la más firme determinación!

Sabía que si quería ir a la Isla Alcance Celestial y librar a su Maestro de las garras de El Celestial… ¡solo había una manera de hacerlo!

Y esa era… conjurar algo que pudiera romper los límites de este mundo… ¡la llama de veintidós colores!

A Bai Hao no le importaba que Bai Xiaochun ya fuera un deva. Había seguido investigando y llevando a cabo sus augurios sobre la llama de veintidós colores. Eventualmente, llegó a la conclusión de que, en este mundo, el límite para la conjuración era la llama de veintidós colores.

A excepción de algunas circunstancias excepcionales, sería imposible lograr conjurar una llama de veintidós colores. De acuerdo a los límites de este mundo, todo lo que iba desde un color, hasta los veintiún colores, era considerado el fuego mortal. Pero desde el color veintidós, ¡era un fuego inmortal!

Si apareciera, no podría haber nada más poderoso en este mundo que una llama de veintidós colores. De hecho, podría quemar toda la existencia.

Un fuego como ese podría usarse para combatir a El Celestial, ¡y le permitiría a Bai Hao rescatar a Bai Xiaochun!

Lamentablemente… en este mundo no había almas que pudieran usarse para conjurar una llama de veintidós colores. Incluso si usara todas las almas dentro del Río del Inframundo, no podría pasar el límite del color veintiuno.

Solo hay una manera… —pensó temblando de miedo. Pero después de un momento, ¡la determinación de sus ojos se hizo más fuerte!

Era un método que Bai Hao había ideado debido a dos razones. La primera era el intento del Clan de Miao Lin’er de usarlo para conjurar una llama. La segunda, era que ahora él era el Emperador del Infierno. El método era usar su propia alma… para conjurar esa llama suprema… ¡la llama de veintidós colores!

¡Esa era la única manera!

Y ya que Bai Hao era el Emperador del Infierno, poseía el control absoluto del Río del Inframundo, ¡lo que quería decir que controlaba todas las almas que formaban parte del ciclo de la reencarnación!

Maestro… puedo salvarte…

Sonrió, y corrieron sus lágrimas por sus mejillas, pero había tomado su decisión.

El precio era enorme, pero podía aceptarlo… ¡sin ningún arrepentimiento!

Dentro de poco… Bai Hao dejaría de existir. Pero… ¡no tenía ninguna queja!

Bai Xiaochun era su Maestro. En cuanto le había hecho kowtow para convertirse en un aprendiz, había decidido… ¡qué haría todo lo que hiciera falta para compensarle esa amabilidad!

Sus lágrimas no eran corpóreas. Y mientras caían por su rostro, se convirtieron en parte del Río del Inframundo. Suspiró, se puso de pie, y extendió sus manos.

—¡Almas, venid a mí! —Ese interminable torrente de almas vengativas que había afuera del Palacio del Inframundo entró súbitamente y se dirigió a hacia él, un gigantesco vórtice se formó.

Bai Hao realizó un gesto de conjuro con su mano izquierda y se tocó la frente, ¡y esto prendió en llamas todo su cuerpo!

Era una llama de un color…

Sus manos empezaron a moverse haciendo gestos de conjuro, y el mar de almas daba vueltas intensamente a su alrededor. Las almas entraban una tras otra en Bai Hao, y con eso las llamas que lo rodeaban titilaban de manera asombrosa.

Dos colores. Tres colores. Cuatro colores…

En apenas el tiempo de unos respiros, el mar de fuego que rodeaba a Bai Hao llegó a proporciones épicas. ¡Llegó rápidamente a dieciséis colores!

¡Y las cosas continuaban!

Si había alguien en este mundo que pudiera conjurar llamas mejor que Bai Xiaochun… esa persona era su aprendiz, ¡el Emperador del Infierno Bai Hao!

Las llamas ardían alrededor de Bai Hao y los estruendos intensos no paraban. Un sinfín de almas entraban a él salvajemente, el color diecisiete apareció, luego el dieciocho, y el diecinueve…

¡Las cosas aún no acababan!

La determinación en los ojos de Bai Hao no podía ser más intensa. Ondeó ambos brazos frente a él, e hizo que el Río del Inframundo se estremeciera de principio a fin.

¡Veinte colores!

¡Veintiún colores!

Fue entonces que Bai Hao miró hacia el vacío y desató un aullido increíble.

En ese momento… su alma empezó a arder. Con ese poder, junto a las almas del Río del Inframundo, y con el gran río como base, los ojos de Bai Hao se iluminaron lentamente con veintiún colores… ¡Y luego apareció otro color!

Esa era… ¡una llama de veintidós colores!

En las Tierras Desoladas… no ocurrió nada cuando apareció la llama de veintidós colores. Todo parecía normal. Los cultivadores seguían luchando en ambos lados, pero sus corazones se estremecieron repentinamente. ¡Sentían como si sus almas temblaran debido a la llegada inminente de una poderosa fuerza invisible!

Cultivadores en el Alma Naciente. Devas. E incluso los semidioses… ¡todos se conmocionaron tanto que quedaron sin aliento!

Y estas cosas no ocurrieron solo en las Tierras Desoladas. Todos los seres vivientes de las tierras de Alcance Celestial; desde los cultivadores hasta los animales, hasta la vegetación y los mortales, todos reaccionaron de manera similar. Entonces, en lo alto del cielo… ¡apareció la red mundial!

En ese momento, todos los seres vivientes del mundo escucharon una voz. Aunque solo era como un murmuro, ¡la presión que pesaba sobre todos era imposible de describir!

—Maestro… ¡voy a salvarte!

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