Capitulo 8 – Eighty Six – El caballero sin cabeza III

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Antes de que madurara, podía escuchar las voces de su madre, su hermano y de los que lo rodeaban, eran voces llenas de mucha amabilidad y amor.

En ese momento, tomó una decisión, no volver a adular a nadie. Esa podría ser la causa de todo esto.

Su padre murió poco después del reclutamiento, y luego de un tiempo, su madre fue llamada al campo de batalla. Desde entonces, Shin estuvo junto a su hermano, viviendo en una iglesia en la esquina de un campo de concentración, criados por un sacerdote.

El campo de concentración en el que Shin vivía era un pueblo reconstruido, y el sacerdote provenía de allí. Como un Adularia, el sacerdote se oponía firmemente a la directiva de reclutar a los 86, y se negaba a abandonar la Iglesia para evacuar a las otras 85 zonas, permaneciendo solo en el campo de concentración que estaba rodeado por vallas de metal.

Como era un Alba, era rechazado por los 86, sin embargo, estaba en buenos términos con los padres de Shin. Cuando estos últimos fueron enviados al campo de batalla, el sacerdote se hizo cargo de los dos hermanos e hizo todo lo posible por criarlos.

Si no fuera por sus acciones, Shin y su hermano no habrían sobrevivido al campo de concentración. Había mucha indignación contra los Albas que decidieron contenerlos a la fuerza, contra el Imperio que comenzó la guerra y contra los destinos crueles a los que estaban ligados, por lo cual sin la protección del sacerdote ambos, conteniendo un nivel significativo de sangre noble de la realeza del Imperio, fácilmente sería un objetivo por la ira de los demás.

La noche antes de que Shin cumpliera 8 años, recibieron noticias de que su madre había muerto en la batalla.

En aquel entonces, Shin aún era joven e incapaz de comprender correctamente el hecho de que sus padres fueron asesinados en la batalla.

Aunque sus padres ya no estaban con él, él podía sentir claramente sus «voces». De repente, un día, esas «voces» desaparecieron, siendo reemplazadas por un trozo de papel. Mientras que otra persona le informó que el papel decía que sus padres habían muerto, y aquellas palabras vacías le parecían tan irreales. No murieron como siluetas remanentes o esqueletos, sus muertes en lugar de eso solo se expresaban con unas pocas oraciones. Para el niño, que no sabía qué era la muerte, el concepto le resultaba insuficiente para comprender el significado de una despedida eterna, junto con la desilusión y el arrepentimiento de no poder recuperar nada.

Más que desilusión y arrepentimiento, se sentía confundido. Aunque otros le dijeron que no volvería a ver a sus padres y que nunca regresarían, él no entendía su significado.

Solo obedece lo que digan el sacerdote y tu hermano, y sé un buen chico. Eso fue lo que la madre de Shin dijo en la mañana que se fue, palmeando su cabeza. ¿Por qué no regresará? Él no sabía la respuesta.

Entonces, fue a preguntarle a su hermano.

Su hermano Ray tenía 10 años más que él, sabía todo y podía hacer cualquier cosa. Arriesgaría todo para proteger a su hermano menor, y lo quería más que a nadie. Por lo tanto, si le preguntase a su hermano mayor, seguramente respondería.

No había luz artificial en la habitación. Cuando el claro brillo de la luna resplandeció, Ray se encontraba parado allí. Shin vio la parte trasera de su enorme silueta desde la puerta, y dijo.

— Hermano.

Ray lentamente se dio la vuelta. Sus ojos negros estaban enrojecidos mientras se frotaba las lágrimas, pero su angustia y tristeza estallaban como la inundación de una represa. Sin embargo, los ojos se veían extremadamente distantes, a diferencia de su comportamiento arrogante habitual, y eso le aterrorizaba a Shin.

— Hermano, ¿dónde está mamá?

Los ojos negros parecieron mostrar una grieta.

Shin vio los ojos de su hermano y escuchó el suspiro, pero preguntó.

— ¿No volverá mamá? ¿Por qué? ¿…Por qué mamá murió?

El silencio era como la oscuridad en la habitación con las luces apagadas. Algo en ese momento se rompió.

Los fríos ojos negros se rompieron de inmediato, revelando la locura similar al magma en su interior. Al momento siguiente, Shin era asfixiado con una cantidad asombrosa de fuerza, siendo empujado contra el suelo.

— ¡Agh…!

Sus pulmones exhalaron debido a la presión, y su garganta estaba siendo asfixiada despiadadamente con un fuerte agarre, cerrando su tráquea. Su visión era borrosa debido a la falta de oxígeno. Con todo el peso y la fuerza de los brazos sobre él, su cabeza prácticamente estaba siendo arrancada.

Los ojos negros de Ray estaban a unos centímetros de él, emitiendo una cantidad extrema de emoción y malicia.

— Todo es tu culpa.

El murmullo escapó por los espacios entre los dientes apretados.

— Fue por tu presencia que mamá fue al campo de batalla. Mamá murió por tu culpa. ¡Tú mataste a mamá!

Todo es por ti.

Él podía escuchar la voz de su hermano. Su voz interior era más fuerte que el grito atronador que estaba dando. Ese fuego infernal de una voz, esa afilada cuchilla de una voz manchada de sangre, y esa conciencia tras esto eran expuestas sobre él.

Hubiera sido mejor si no tuvieras esa habilidad. Alguien como tú no debería haber nacido. Vete de este mundo ahora mismo.

Muere.

— Pecado. Ese es tu nombre. Qué apropiado. Todo es tu culpa. ¡Todo es tu culpa! ¡La muerte de mamá, mi inevitable muerte, y todo lo demás será culpa tuya!

El grito de su hermano y su voz interna eran extremadamente aterradoras.

Sin embargo, no podía moverse en absoluto. A pesar de que trataba de cerrar sus oídos, todavía podía escuchar esa voz.

Entonces Shin eligió escapar de allí. Él escapó profundamente en su conciencia, a las profundidades de su alma, hasta que ya no pudo ver a sus padres.

Y sin saberlo, perdió el conocimiento y todo se dispersó en la oscuridad.

 

Cuando abrió los ojos se encontró tendido en la cama de la habitación, con solo el sacerdote a su lado, su hermano no estaba en ninguna parte.

«Está bien«, le dijo el sacerdote. Su hermano probablemente estaba en la habitación, pero nunca volvió a ver a su hermano.

Ray terminó rápidamente los procedimientos para su reclutamiento y, unos días después, abandonó la iglesia. Shin se escondió detrás del sacerdote mientras este último lo acompañaba para que se despidiera de su hermano.

Su hermano nunca dijo una sola palabra, ni le devolvió la mirada. Su cara desde un lado aún parecía estar llena de furia. Shin tenía miedo de que si llegara a hablar fuera regañado, y nunca dijo nada hasta el final.

La voz de su hermano, que siempre había estado en sus oídos, ya no podía ser escuchada. Varias veces, tuvo el valor de llamarlo, pero su hermano nunca respondió. Finalmente, tenía que entender que su hermano nunca lo perdonó y que nunca lo haría, por toda la eternidad.

Las cicatrices en su cuello nunca desaparecieron, y siempre lo acompañarían. Fue entonces cuando pudo escuchar algo increíble en la distancia.

No podía oír lo que decía las voces; solo podía entender que estaban haciendo todo lo posible para decirle algo.

Finalmente, esas voces comenzaron a formar palabras humanas, pero no podía determinar qué decían. No se parecía en nada a una grabadora rota que seguía reproduciendo el mismo contenido, sino algo que anhelaba algo diferente.

Nadie, ni siquiera el sacerdote, podía escuchar esas voces. Como era de esperar, Shin entendió lo que era eso.

Era probable que en esa noche su hermano lo hubiera matado. Fue asesinado y pereció.

Murió, pero nunca desapareció, solo para permanecer en este mundo. Por eso podía oír las voces de los fantasmas, porque eran iguales a él.

En cierto día, la voz de su hermano sonó junto a las otras en sus oídos. Su hermano había muerto pero seguía llamándolo a lo lejos.

Fue ese día que Shin hizo los trámites y se unió al ejército.

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